Si existiera nominación para la capitalidad europea de la cultura semanasantera, yo la apoyaría sin reservas, aunque no me interese, que digamos, esa cultura;aquí sí que estaría Cuenca como pez en el agua y podría vocear de tú a tú a la ciudad que se pusiera de por medio. Pero, claro, la capitalidad europea de la cultura parece ser otra cosa; es decir, la cultura es otra cosa. Mirad qué artículos pueden leerse, si nos detenemos y nos molestamos un poco en mirarlos con atención. Esa es la tónica general y la que apoyan nuestros cultos administradores, desde el concejal primero hasta el alcalde, pasando por el presidente de la Diputación, los delegados de tal y cual cosa y, como no, por el vicerectorado de nuestra Universidad que para eso está, como todo el mundo sabe. El Día de Cuenca publica, todas las semanas del año, el acontecer cultural semanasantero nacional. Leed:
OPINIÓN
La Semana de Música Religiosa por El Abarcón (Colaborador)
"Continuando con la línea del domingo anterior, no quiero dejar pasar ni un día más para mostrar mi más enérgica queja sobre lo que está ocurriendo como la semana de música religiosa, vamos, la SMR que se dice ahora como guiño al siglo de las siglas.
La SMR ha sido desde siempre motivo de orgullo y satisfacción para los conquenses, aunque muchos de ellos hayan ido a pocos, por no decir ninguno, de los conciertos que en estas cuarenta y siete ediciones se han programado. Atrás quedan los románticos años de San Pablo, en los que los estudiantes de nuestro conservatorio se arremolinaban horas antes del concierto de turno hasta que un ordenanza de levita les abría las puertas y corrían a coger un buen sitio para ver y oír a los mejores grupos de aquellos años. Ahora nos enfrentamos a una SMR compuesta por multitud de conciertos, los cuales, a pesar que se nos transmita una idea de crecimiento, no calan para nada en esta ciudad. De hecho, tan solo la Pasión de Bach y el Réquiem de Verdi estuvieron completamente llenos. Y es que, le pese a quien le pese, esta ciudad es una ciudad de procesión, no de concierto y oficios. Por eso, la idea de separar las fechas de ambas celebraciones no es descabellada, ya se hace así en Zamora que comparte con Cuenca la internacionalidad de su Semana Santa y un festival de música religiosa que ellos llaman Pórtico de Semana Santa. No obstante, no comparto la idea de la directora artística del festival de llevar el festival a Agosto. Sé que esto lo dijo con demasiado desprecio hacia la ciudad que ha parido este festival, santo y seña de los festivales españoles, y sobre todo alguna manifestación ha hecho en radios locales sobre el nivel educativo y cultural de los conquenses. Es muy seguro que esto fuera debido al cansancio que produce el hecho de tener la máxima responsabilidad en este evento, pero no nos lo merecemos.
Quizá si los conquenses no van más a los conciertos es porque se programan de espaldas a estos, sin tener en cuenta para nada su Semana Santa. De hecho, se solapa el primer concierto de la semana con el pregón oficial, desde hace algunos años, y esto es un feo, muy feo, a las hermandades. Quizá si no hay más conquenses es por los precios abusivos en muchos de los conciertos, y sobre todo, porque desde la dirección de la SMR no se está haciendo nada para implicarse con esta ciudad. No me vale el hecho de la participación del coro Pedro Aranaz, ni la de los niños del conservatorio en el Arca de Noé de Britten. ¡Qué menos que esto después de cincuenta años!
Cuando la semana acaba, ¿qué hace la SMR para seguir viva en la ciudad? ¿No hay formaciones en la ciudad que sí tienen cabida en las múltiples liturgias, conciertos. . .que prográmala SMR? ¿No se podía hacer algo para potenciar la presencia de estudiantes del conservatorio en los conciertos? Y sobre todo, yo me plantearía la celebración de la SMR la semana anterior. Ganaríamos todos los ciudadanos, la SMR, lajunta de cofradías. Deberían pensarlo, no porque la hostelería lo pida, sino porque la SMR no puede crecer de espaldas a la ciudad que la ideó y la acoge. Pero, bueno, no se me enfaden, que son cosas de nazarenos que, en este caso sí, compa-tibilizan conciertos y desfiles."(El Día de Cuenca, 06-04-08)
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Por cargo de la Junta Pro Semana Santa. Por El Día
Zamora edita los pregones pronunciados en Salamanca
La Junta Pro Semana Santa de Zamora ha editado un libro con los seis pregones de la Pasión de Zamora que se han pronunciado en Salamanca en los últimos años. Del último al primero, desde Luis Javier Alonso Ledesma, pregonero en Salamanca este año, hasta Francisco Alfonso Santiago de Castro, pasando por Puri Contreras, Francisco Lozano, Javier Peña o Josefa de la Fuente. Seis pregones escritos con acento zamorano para las calles y rúas de Salamanca. Hipólito Pérez Calvo fue el primero en abrir la serie, pero su pregón se perdió entre los misterios de la informática, aunque el autor ofrece en esta edición un artículo para recordar lo que fue. En la presentación, el presidente de la Junta Pro Semana Santa, Pedro Julián Hernández, elogiaba al coordinador del libro y del pregón en Salamanca, Conrado Vicente Pérez, tildándolo de semanasantero de pro, y agradeciéndole todos sus desvelos por mantener esta cita en la vecina ciudad. También agradeció a Caja Duero la subvención que ha permitido esta recopilación de los seis pregones, cuya serie se ha limitado a 500.
El libro va ilustrado por una serie de dibujos pintados por Antonio Pedrero, entre los que encontramos la Elevación, el Resucitado, el Descendimiento o el Cristo de la Buena Muerte, que encontramos en la portada. El autor explicó que todos fueron realizados entre el año 1956 y el 2002. Conrado Vicente manifestó que se escogió al artista zamorano por su constante apoyo al pregón de Salamanca, quien
(Nota furtiva: la noticia, publicada el 06-04-08 no continuaba en ninguna otra parte del periódico "El Día de Cuenca")
Las Hermandades de Semana Santa también organizan sus "belenes" por Navidad, aunque aquí no se inserte ninguna "noticia" mediática al respecto. Como se puede apreciar, en el reyno de Caruda somos casi los primeros. Es decir, en cultura samanasantera. Otros piensan otras cosas de esa cultura; allá ellos; pero, leed:
por Javier Marías (EL país Semanal, 26-04-09)
Me siento ante la máquina en Sábado Santo, y es la primera vez que lo hago desde el pasado Domingo de Ramos, y eso porque debo entregar este artículo y no me queda más remedio. Ahora mismo, por delante de mi casa, pasa una banda de tamborileros siniestros (túnicas marrones y capirotes morados, vaya mezcla) que atruenan todo el barrio. Son de la Cofradía de la Coronación de Espinas, de Zaragoza, y no sé qué diablos hacen en Madrid martirizando al personal a la hora de la siesta. En realidad sí lo sé, ya que llevo siete días literalmente cercado, prisionero, sitiado por las hordas católico-turísticas, que, como todos los años -pero siempre más-, toman los centros de las ciudades de España e impiden toda vida en ellos. A la Iglesia Católica y al Ayuntamiento les ha dado la gana de que yo no escriba, ni trabaje, ni lea, ni escuche música, ni vea una película, ni pueda hablar por teléfono, ni recibir una visita, durante ocho días. También ha decidido que no pueda salir de mi casa si no es para mezclarme con la muchedumbre fer-voroso-festiva e incorporarme a sus incontables procesiones, cada una de las cuales dura unas cinco horas. Sólo por delante de mi portal han pasado ya unas siete, la primera, como he dicho, el Domingo de Ramos. Desde entonces he vivido a su merced inmisericorde: el permanente ruido de sus clarines y tambores me lo he tenido que chupar por narices, más allá de la medianoche, porque, en un Estado aconfesional, la ciudad se les entrega para que hagan con ella lo que quieran y además lo impongan a la población entera, sea o no católica.
La España actual se parece cada vez más a la del franquismo, es decir, cada vez resulta más decimonónica. Entonces -durante el franquismo- la Semana Santa era obligatoria. Estaba prohibido emitir por la radio cuanto no fueran misas y música más o menos religiosa; a los cines se les permitía exhibir tan sólo películas pías o, a lo sumo, de la época de Cristo, y uno tenía gran suerte si podía ver Ben-Hur o Barrabás, que al menos eran espectaculares y con gladiadores; a los niños nos decían las abuelas que no podíamos cantar ni estar alegres; el luto por un muerto de haría dos mil años se imponía a toda la ciudadanía. Ahora las televisiones no sólo pasan las mismas películas y algunas nuevas y peores, como la histérica y demente versión de Mel Gibson, sino que en sus telediarios sacan sin cesar imágenes de procesiones, como si éstas fueran noticia, sin la menor vergüenza.
Aparte de las molestias, es lo que todo esto precisamente me causa: vergüenza. No es que haya más beatos que hace unos años. De hecho, y bien se duele la Iglesia, la sociedad está cada vez más secularizada. Lo que ocurre es que a las procesiones se les ha visto el gancho tribal-folklórico. Como he asistido a un montón de ellas a pesar mío, sé de qué hablo. La mayor parte del público que las mira y sigue son guiris de la peor especie con sus cámaras idiotas permanentemente alzadas. Contemplan el espectáculo –si es que a cosa tan aburrida y sórdida se la puede llamar así- de la misma manera que nosotros observaríamos una danza comanche o sioux alrededor de unos tótems. Ven a unos tipos flagelándose, andando de rodillas o descalzos, cargando cruces y demás, como nosotros veríamos a unos indios sometiéndose a la ceremonia de iniciación consistente en ser izado por unos ganchos clavados al pecho, cuya carne se desgarra largo rato, o como vemos por televisión a ciertos musulmanes desollarse vivos en no recuerdo qué efeméride. Se quedan atónitos esos turistas ante las lágrimas o las expresiones de inverosímil arrobo que los más devotos dedican al paso de unas efigies horrendas y sobrecargadas, sean el Cristo de los Escaparates o la Virgen del Pasamontañas. No nos causa rubor ofrecernos en nuestra vertiente más primitiva, más supersticiosa, más atrasada. Es más, lo procuramos: vean lo exóticos que somos, y qué brutos, y qué elementales, y qué cutres. Lo más deprimente es que este regreso al tribalismo es también jaleado por gentes supuestamente racionales y de izquierdas. Digo supuestamente porque nadie que no sea un propagandista de la fe católica, o un mercachifle avispado, puede prestarse a ser cos-talero o cofrade, y ahora hay muchos presuntos agnósticos o ateos que se privan por ser admitidos en la Hermandad del Vinagre o en la Cofradía de los Californios, les da lo mismo. A eso se lo llama, desde los tiempos del Cristo, ser un fariseo.Cada vez más decimonónicos, sí, en Madrid al menos. Un Ayuntamiento y una Comunidad beatos le van a permitir a la Iglesia edificar, en la privilegiada zona entre San Francisco el Grande y las Vistillas, un "pequeño Vaticano" de miles de metros cuadrados. Con ello la Iglesia se cargará el mejor perfil de la ciudad, que pintaran Goya y otros, esa vista dejará de existir para siempre. ¿Y qué hará la Iglesia a cambio? Es risible. "Devolverá" unos terrenitos que el anterior alcalde, Álvarez del Manzano, le había donado. En un Estado aconfesional, la Iglesia Católica no sólo recibe dinero a espuertas de los contribuyentes, sino que le salen gratis sus tropelías urbanísticas, a las que se opone todo el vecindario. Si esto no es franquismo, que venga el tirano y lo vea. Claro que entonces esta tétrica Iglesia lo volvería a cobijar bajo palio, como antaño.