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Si no te convence la respuesta "Poesía ... eres tú" o, simplemente, quieres saber qué es la poesía, lee poesía, es la mejor manera de aprender; aquí va una pequeña selección:

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¿Qué es poesía?, dices, mientras clavas                                               en mi pupila tu pupila azul.                                                             ¿Que es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?                                                 Poesía ... eres tú.

(G.A. Bécquer; segunda mitad del siglo XIX)

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡       iiiiiiiiiiiiiiiiiiiii        ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡


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He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
tras las murallas viejas
de Soria —barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra—.
Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua, cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.
¡Alamos del amor que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero,                                              conmigo vais, mi corazón os lleva!

(Antonio Machado; primera mitad del s. XX.)

nnnnnnnnnnnnnnn   NNNNNNNNNNNNNNNN   nnnnnnnnnnnnnnnnn


........................... .................
Yo, el maestro Gonzalo     de Berceo llamado,
yendo en romería     acaecí en un prado
verde, y bien sencido,     de flores bien poblado,
lugar apetecible     para el hombre cansado.
 
Daban olor soberbio     las flores bien olientes,
refrescaban al par     las caras y las mentes;
manaban cada canto     fuentes claras corrientes,
en verano bien frías,     en invierno calientes.

Gran abundancia había     de buenas arboledas,
higueras y granados,     perales, manzanedas,
y muchas otras frutas     de diversas monedas,
pero no las había     ni podridas ni acedas.
 
La verdura del prado,     el olor de las flores,
las sombras de los árboles     de templados sabores
refrescáronme todo,     y perdí los sudores:
podría vivir el hombre     con aquellos olores.
 
Nunca encontré en el siglo     lugar tan deleitoso,
ni sombra tan templada,     ni un olor tan sabroso.
Me quité mi ropilla     para estar más vicioso
y me tendí a la sombra     de un árbol hermoso.
 
A la sombra yaciendo     perdí todos cuidados,
y oí sones de aves     dulces y modulados:
nunca oyó ningún hombre     órganos más templados
ni que formar pudiesen     sones más acordados.
 
Unas tenían la quinta     y las otras doblaban;
otras tenían el punto,     errar no las dejaban.
Al posar, al mover,     todas se acompasaban:
aves torpes o roncas     allí no se acostaban.
 
No hay ningún organista,     ni hay ningún violero,
ni giga, ni salterio,     ni mano de rotero,
ni instrumento, ni lengua,     ni tan claro vocero
cuyo canto valiese     junto a éste un dinero.
 
Pero aunque siguiéramos     diciendo sus bondades,
el diezmo no podríamos     contar ni por mitades:
tenía de noblezas     tantas diversidades
que no las contarían     ni priores ni abades.
 
El prado que yo os digo     tenía otra bondad:
por calor ni por frío     perdía su beldad,
estaba siempre verde     toda su integridad,
no ajaba su verdura     ninguna tempestad.
 
En seguida que me hube     en la tierra acostado
de todo mi lacerío     me quedé liberado,
olvidé toda cuita     y lacerio pasado:
¡el que allí demorase       sería bien venturado!
 
Los hombres y las aves     cuantas allí acaecían
llevaban de las flores     cuantas llevar querían,
mas de ellas en el prado     ninguna mengua hacían:
por una que llevaban,     tres y cuatro nacían......................

(Gonzalo de Berceo; siglo XIII)

BBBBBBBBBBB    oooo    bbbbbbbbbb    oooo    BBBBBBBBBBBB


Estaban allí aturdidos
en la orilla de aquel monte
y, durante largo tiempo,
dejaron volar su vista
sobre los cedros tan altos;
no dejaban de mirar,
la entrada al monte buscando.
 
Por donde Jumbaba andaba
se había hecho una senda;
se les había allanado
el camino, era fácil
poder transitar por él. 
 
Y pudieron contemplar
aquel monte de los cedros,
la morada de los dioses,
el alto trono de Istar;
florecía en las laderas
el esplendor de los cedros,
allí se manifestaba
su riqueza lujuriosa;
placentera era su sombra
y dulce era su olor.
 
La maleza era espinosa 
debajo del techo oscuro
de las ramas; entre cedros
crecían los bienolientes                                                             arbustos de enebro y mirra.

(Sinlequi Unini. Del Cantar de Gilgamés; siglo XII a.n.e.)

sssssssssssssss       LLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLL       uuuuuuuuuuuuuu


Libre te quiero,
como arroyo que brinca
de peña en peña,.
pero no mía.
Grande te quiero,
como monte preñado
de primavera,
pero no mía.
Buena te quiero,
como pan que no sabe
su masa buena,
pero no mía.
Alta te quiero,
como chopo que al cielo
se despereza,
pero no mía.
Blanca te quiero,
como flor de azahares
sobre la tierra,
pero no mía.
Pero no mía
ni de Dios ni de nadie
ni tuya siquiera.

(Agustín García Calvo; segunda mitad del siglo XX.)

aaaaaaaaaaaaa ..... GGGGGGGGGGGGG  .....  cccccccccccccc 


..............                                                                                     Del monte en la ladera
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.

Y como codiciosa
de ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura                                                                         hasta llegar corriendo se apresura.

Y luego sosegada,
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo,
y con diversas flores va esparciendo.

El aire el huerto orea,
y ofrece mil olores al sentido,
los árboles menea
con un manso ruído                                                                        que del oro y del cetro pone olvido. ...............

(Fray Luis de León).

  ]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]]       *************        [[[[[[[[[[[[[[[[[[[[[


Y al igual que un corcel en el establo,
cebado en el pesebre con cebada,
destroza de un tirón sus ataduras
y al galope recorre la llanura,
el suelo con sus cascos golpeando, .
a bañarse habituado en las corrientes
de las aguas hermosas de algún río,
y orgulloso de sí la cerviz yergue
y de uno y otro lado de su cuello
vanle al compás las crines oscilando,
y a él, bien seguro de su lozanía,
muy ligeras sus patas le conducen
hacia donde se encuentra su querencia,
hasta el pasto y manada de las yeguas,
así el Priamida París descendía
desde lo alto de la ciudadela
de Pérgamo y cual sol resplandecía,
arrogante y fulgente por sus armas.»

(Homero; Ilíada, VI, siglo VIII-VII a.d.n.e. Versificada por  A. López Eire, en la Introducción a la Odisea, Colec. Austral, Espasa Calpe)

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EL AMOR

                                                                «Para Isabel Talavera»
(Fragmentos de «MIM»)

   (El no puede recordar la orilla de su manto sin bordados, Ella no pierde su costumbre de la niebla)

   Nacía El Día entre el copo y la espada. Nunca pudisteis re­sistir La Aurora, llena de pinchos, de erizos incrustándose en las ingles, del tibio olor agraz en las axilas.

   (El se dejó los rizos tras las hojas del maíz, cada mañana soltaba sus manos en Agua de Nieve. También Ella abandonó Tantas Cosas, mas era como si no le importase.)

   La Casa del Amor quedaba situada sobre un rizo flotante del camino. A la puerta llegaban hilillos de flores, y todas se reconocían por sus labios más o menos grandes.

   Algunas de estas flores murieron sobre el lecho. Otoño sal­picado, suave Luz de los pétalos lucientes.                                                               En cambio
los pájaros mostráronse reacios a cambiar su vuelo por La Imagen De Los Dos Amantes.

   (El gustaba defender el corazón del lobo como algo bello, Ella sólo tiene el corazón de El. Ambos tenían un sauce en la frente.)

   Nunca pudisteis resistir La Aurora. Ahora La Primera Luz era esperada sin descanso. Por algunas razones es más dulce la mañana en los cuerpos.

   ¡Oh el blanco remo!
   la barca que flotaba solitaria, ha sido vista viajando junto a otra barca. Las dos tripulaciones vestían iguales telas, las gaviotas se detenían en sus mástiles. También algún albatros
   distribuyó sus plumas por cubierta.

   (El era de Un País de Brumas, Ella
   continuamente danza los ritmos aprendidos en El Sur Salino.           Algunas veces se les vio llorar al recordar los campos.)
 
   El Cáliz Que Venía
   se llena hoy de zumos zureantes, tornasoladas bocas lo des­bordan. Sólo
ocurre que a veces, ¡oh Amarilla Grieta de Es­pumas!
   un humo recorre sus huesos, un camino de hormigas
   resurge
   y El recuerda la orilla de su manto sin bordados, y Ella
   pierde su costumbre de niebla y llora amargamente.

 (Nadie sabe dónde desapareció La Casa)  

(Rafael Talavera; del Libro "70 años de poesía en Cuenca", Ed. El Toro de Barro. Segunda mitad del siglo XX.)  


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Quien no estuviere en presencia
no tenga en fe confiança,
pues son olvido y mudança
las condiciones de ausencia.

Quien qusiere ser amado
trabaje por ser presente,
que cuan presto fuere ausente,
tan presto será olvidado;
y pierda toda esperança
quien no estuviere en presencia,
pues son olvido y mudança                                                                 las condiciones de ausencia.

(Jorge Manrique. Segunda mitad del siglo XV)                        

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Por la corriente callada
vuelve alegre el marinero a casa
desde las lejanas islas
donde cosechando estuvo.
Bien quisiera, también yo,
volver a la tierra mía,
mas, ¿que he cosechado yo,
si no fue padecimiento?
 
Riveras queridas
en las que crecí,
¿calmáis las penas de amor?,
¿me daréis, si vuelvo,
selvas de mi niñez,                                                                           de nuevo el descanso?

(F. Hölderlin; segunda mitad del siglo XVIII) 

BWB ---bwb---BWB---bwb---BWB---bwb---BWB---bwb---BWB


“ Pues dame una cinta
bermeja, bien tynta,
e buena camisa,
fecha a mi guisa
con su collarada.
Dame buenas sartas
d´estaña e hartas,
e dame halía
de buena valya,
pelleja delgada.
Dame buena toca,
lystada de cota,
e dame çapatas,
bermejas byen altas,
de pieça labrada.
Con aquestas joyas,
quiero que lo oyas,
serás byen venido:
serás mi marido
e yo tu velada.”
“Serrana señora,
tant´ algo agora
non trax´ por ventura;
faré fiadura
para la tornada.”
Díxome la heda:
“Do non hay moneda,
non ay merchandía
nin ay tan buen día
nin cara pagada.
Non ay mercadero
bueno sin dinero,
e yo non me pago
del que non da algo
nin le dó posada.
Nunca d´ omenaje
pagan ostalaje;
por dineros face
ome cuanto´ l plase:                                                                        cosa es probada.”

(Arcipreste de Hita; segunda mitad del siglo XIV.)

sssssssssssss         PPPPPPPPPPPPPPPPPPPP        ssssssssssssssss


"Si le preguntan por qué ha elegido la soledad por compañera, eleva los ojos al cielo, reteniendo con esfuerzo una lágrima de reproche a la Providencia, pero no responde a esa pregunta imprudente que hace extender por la nieve de sus párpados el rubor de la rosa matutina"

(Conde de Lautrèamont; primera mitad del siglo XX).

    <<< +++ <<< +++   >>> +++ >>>   >>> <.<.<.


Tres morillas me enamoran
en Jaén:
Axa y Fátima y Marién.

Tres morillas tan garridas
ivan a coger olivas
y hallábanlas cogidas
y tornaban desmaídas
y las colores perdidas
en Jaén:
Axa y Fátima y marién.

Tres moricas tan loçanas,
tres moricas tan loçanas
yvan a coger mançanas
a Jaén:
Axa y Fátima y Marién.

(Anónimo. Segunda mitad del siglo XV)


LLLLLLLLLLLLLLL     vvvvvvvvvvvvvvvvv     JJJJJJJJJJJJJJJJJJJJ


A Federico García Lorca
poeta de Granada
(1924)
I
(Otoño)
 
En esta noche en que el puñal del viento
acuchilla el cadáver del verano,
yo he visto dibujarse en mi aposento
tu rostro oscuro de perfil gitano.
 
Vega florida. Alfanges de los ríos,
tintos en sangre pura de las flores.
Adelfares. Cabañas. Praderíos.
Por la sierra, cuarenta salteadores.
 
Despertaste a la sombra de una oliva,
junto a la pitiflor de los cantares.
Tu alma de tierra y aire fue cautiva...

Abandonando, dulce, sus altares,
quemó ante ti una anémona votiva                                                      la musa de los cantos populares.

(Rafael Alberti; primera mitad del siglo XX)

((((((((((((((((     ooooo     OOOOO     ooooo     )))))))))))))))))


(Se consideró anónimo, aunque últimamente se da por cierto que es de Lope de Vega -por la fecha en que fue escrito y porque es difícil imaginar que fuera otra persona quien escribiera el que, para mí, es el soneto mejor escrito en nuestro idioma-).

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?                                         ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,                                                  que a mi puerta, cubierto de rocío,                                                  pasas las noches del invierno escuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,                                                   pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,                                                 si de mi ingratitud el hielo frío                                                          secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:                                                 "Alma, asómate agora a la ventana,                                                verás con cuánto amor llamar porfía!"

 ¡Y cuántas, hermosura soberana,                                               "mañana le abriremos", respondía,                                                          para lo mismo responder mañana!

TTTTTTTTTTTTT     ttttttttttttttttttttt     TTTTTTTTTTTTTTTTT


La más bella niña
de nuestro lugar,
hoy viuda y sola
y ayer por casar,
viendo que sus ojos
a la guerra van,
a su madre dice,
que escucha su mal:
Dexadme llorar,
orillas del mar.


Pues me distes, madre,
en tan tierna edad
tan corto el placer,
tan largo el penar,
y me cautivastes
de quien hoy se va 
y lleva las llaves
de mi libertad.
Dexadme llorar,
orillas del mar.

 
En llorar conviertan
mis ojos de hoy más
el sabroso oficio
del dulce mirar,
pues que no se pueden
mejor ocupar
yéndose a la guerra
quien era mi paz.
Dexadme llorar,
orillas del mar.

 
No me pongáis freno
ni queráis culpar;
que lo uno es justo,
lo otro por demás.
Si me queréis bien
no me hagáis mal;
harto peor fue
morir y callar.
Dexadme llorar,
orillas del mar.

 
Dulce madre mía,
¿quién no llorará,
aunque tenga el pecho
como un pedernal,
y no dará voces
viendo marchitar
los más verdes años?
Dexadme llorar,
orillas del mar.

 
Váyanse las noches,
pues ido se han
los ojos que hacían
los míos velar;
váyanse y no vean
tanta soledad
después que en mi lecho
sobra la mitad.
Dexadme llorar
orillas del mar.

(Luis de Góngora;)

SSSSSSSSSSSSSS     sssssssssssssssss      SSSSSSSSSSSSSS


¡Quién hubiese tal ventura
sobre las aguas del mar
como hubo el conde Arnaldos
la mañana de San Juan!
Con un falcón en la mano                                                                   la caza iba a cazar,                
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar.
Las velas traía de seda,
la jarcia de un cendal,
marinero que la manda
diciendo viene un cantar
que la mar facía en calma,
los vientos hace amainar
los peces que andan nel hondo
arriba los hace andar,
las aves que andan volando
nel mástil las faz posar.
Allí fabló el conde Arnaldos
bien oiréis lo que dirá:
—Por Dios te ruego, marinero,
digasme ora ese cantar.
—Yo no digo esa canción                                                                 sino a quien conmigo va.

(Romance anónimo; siglo XV)

HHHHHHHHHH   oooooooo   iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii   oooooooo   HHHHHHHHHH


Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis miráis airados?
Si cuanto más piadosos
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¿Ay, tormentos rabiosos!
Ojos caros, serenos,                                                                            ya que así me miráis, miradme al menos.

(Gutierre de Cetina)

ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ    cccccccccccc    ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ

ROSA BLANCA

Cultivo una rosa blanca,
en julio como en enero,
para el amigo sincero
que me da su mano franca.
 
Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo la rosa blanca.

(José Martí)

MMMMMMMMMMMM         iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii       OOOOOOOOOOOOOO



.................                                                                               Nace en las Indias honrado,
donde el mundo le acompaña;
viene a morir en España
y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
es hermoso, aunque sea fiero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Es galán y es como un oro,
tiene quebrado el color,
persona de gran valor,
tan cristiano como moro;
pues que da y quita el decoro
y quebranta cualquier fuero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Son sus padres principales
y es de nobles descendientes,
porque en las venas de Oriente
todas las sangres son reales;
pues es quien hace iguales
al duque y al ganadero,
poderoso caballero                                                                           es don Dinero. ...................                                                                

(F. de Quevedo)

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Tus cartas son un vino
que me trastorna
y son el único alimento
para mi corazón.

Desde que estoy ausente
no sé sino soñar,
igual que el mar tu cuerpo,
amargo igual que el mar.

Tus cartas apaciento
metido en un rincón
y por redil y hierba
les doy mi corazón.

Aunque bajo la tierra,
mi amante cuerpo esté,
escríbeme, paloma,
que yo te escribiré.

Cuando me falte sangre
con zumo de clavel,
y encima de mis huesos                                                                    de amor cuando papel.

Miguel Hernández; primera mitad del siglo XX)

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Por el mes era de mayo,
cuando hace la calor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor,
sino yo triste, cuitado,
que vivo en esta prisión,
que ni sé cuándo es de día,
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
Mátemela un ballestero,                                                                 ¡déle Dios mal galardón!

Anónimo; siglo XV

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 seguirá

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