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"Valdecabras". Artículos reunidos de la revista FURTIVO 

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Capítulo I
Pequeña introducción
(publicado en el nº 0 de la revista Furtivo)


Desde siglos los vecinos de Valdecabras han defendido su derecho a la propiedad del monte (Dehesa-Terrazgo de Valdecabras, denominado así en muchos escritos antiguos) como buenamente han podido: inscribiendo en los registros públicos las fincas rústicas o forestales que heredaban o adquirían por compra, firmando escrituras privadas otras veces, cortando los pinos y otros árboles que necesitaban, vendiendo maderas y leñas del monte, aprovechando los pastos para su ganado y, parece ser, también provocando incendios, como última forma de responder a las pretensiones del marqués de Valmediano, quien se decía dueño del monte-pinar.
El día 5 de mayo de 1865 se firmó una escritura de transacción, entre los herederos del citado marqués y la mayoría de los vecinos de Valdecabras, transacción que dio por buena el Tribunal Supremo en su sentencia de fecha 22 de abril de 1922, en recurso presentado por un vecino de Valdecabras, Ángel Fernández Cuevas, disconforme con la escritura firmada en el año de 1865. Por esta escritura de transacción (los mismos vecinos intentaron, ese mismo día 5-mayo-1865, que no se llegara a firmar la escritura, o retirar el poder dado a Juan Patiño de la Fuente para que no se hiciera realidad la transacción, si bien no lo consiguieron y la escritura se firmó y el transcurso del tiempo y el Tribunal Supremo la han dado por buena) los vecinos de Valdecabras reconocieron la propiedad del monte-pinar a favor de los herederos del marqués de Valmediano y éstos reconocieron a favor de los vecinos de Valdecabras el derecho a perpetuidad a:

* obtener todas las maderas que los vecinos necesitaran para la construcción, conservación o reparación de sus casas, tinadas, corrales, etc.;
* los pastos del monte, excluyéndose expresamente de este derecho a los propietarios del monte, quienes no podrían, en ningún caso, declarar tallares1 los terrenos en los que hubiera tenido lugar una corta de árboles, hubiera habido un incendio, etc. (este derecho lo han ejercido los vecinos siempre, hasta que ha llegado la Consejería de Agricultura de Castilla-La Mancha y, pisoteando los derechos del pueblo, ha prohibido el pastoreo en esos terrenos, sin escuchar siquiera  a los legítimos derechohabientes de los pastos; bueno, ha hecho mucho más y más grave, que ya se irá viendo poco a poco);
* cultivar todas las tierras del monte que vinieran cultivando o pudieran cultivar en el futuro, no pudiendo cultivar las tierras pobladas de arbolado a no ser que, por cualquier motivo, estas tierras pobladas volvieran a quedar sin árboles, en cuyo caso los vecinos podrían volver a cultivarlas (Esto, claro, si el funcionario de turno de la Delegación de Agricultura le pareciera o pareciese bien, pues ni no, ya se sabe, a pisotear los derechos del pobre);    
* las leñas del monte: leñas muertas, leñas desligadas, leñas de ramaje y leñas procedentes de los despojos de las cortas; es decir, todas las leñas del monte pinar Dehesa-Terrazgo de Valdecabras. Por esta cuestión de las leñas surgió en 1995 el último enfrentamiento entre los vecinos y los administradores, pues éstos acarrearon para su venta los árboles cortados (robles) en su integridad, quiero decir que no dejaron ni palotes para los vecinos, ni se avinieron a discutir si los robles había que considerarlos como leña, o si la leña debían ser sólo las ramas, o qué era leña (derecho de los vecinos) y si la leña de los robles era o no de los vecinos.

El hijo de la dueña, Javier Elorrieta Correcher, vino a Valdecabras acompañado de su abogado y escuchó las quejas de los vecinos, en especial referidas  al  comportamiento  mezquino  de  los    guardas actuales, y  dijo, delante de todos los vecinos, que estaba dispuesto a conversar y a negociar con los mismos con el fin de llagar a aclarar las dudas que pudieran surgir sobre determinados derechos de los vecinos en el monte; Javier Elorrieta dijo, finalmente, que estaba seguro de que íbamos a llegar a un acuerdo y que los vecinos íbamos a quedar satisfechos con el mismo. Una vez en Madrid, no sé si por imperativo de su madre, el caso es que se hizo realidad aquello de "si te vi, no me acuerdo" y aquella entrevista prometedora se quedó en agua de borrajas.
Con el transcurso del tiempo, especialmente desde que enfermó el esposo de la dueña actual, la propiedad del monte ha intentado repetidas veces limitar los derechos de los vecinos, a veces hasta límites inaguantables, asistida por los guardas actuales, en contra de cuyos intentos de limitación los vecinos han actuado como buenamente ha podido: unas veces clara y abiertamente, otras sin coordinación y en solitario, otras con demasiada prudencia y otras, en fin, con miedo en el que han vivido hasta hace no mucho tiempo (miedo también a perder en juicios y abogados el dinero que, quizá, no tenían, y miedo a las amenazas a que han estado sometidos constantemente por parte de guardas, administradores o dueños). Estas amenazas a que aludo no siempre quedaron en eso, amenazas, sino que a veces se concretaban en palizas o golpes a vecinos por parte de los guardas del monte; de este modo los guardas actuales han estado intentando hacer creer a los vecinos que ya han perdido alguno de los derechos, o los interpretan o limitan a su antojo. Así, han llegado a decir en asamblea de vecinos que la "señora" les había indicado que transmitieran a los vecinos "que ya no tenían ningún derecho en el monte". ¡Que lista que debe ser la dueña! La escritura de transacción de 1865 habría caducado, según ella, para los vecinos de Valdecabras, pero para ella no, claro. ¡Ya quisiéramos los vecinos de Valdecabras que hubiera caducado la escritura de 1865! En esa hipotética situación no estaríamos obligados a reconocer la propiedad del monte a favor suyo.

En cuanto al derecho a obtener madera para construir, reparar, etc. han venido negándola cada vez más descaradamente, a no ser que se tratara de cabrios (pinos de pequeño o de medio porte) y vigas para techumbres; el colmo de la desfachatez ha tenido lugar con motivo de las últimas peticiones de madera, para las cuales la dueña ha negado hasta los cabrios ¡A la pobre le deben de parecer pocos los millones que obtiene de las cortas que efectúa en el pinar y va por ahí quitando lo que puede a los vecinos! Claro que aquello del ojo de la aguja y los camellos que decía Jesucristo no debe ir con ella.
En cuanto a los pastos no los respetan en toda su amplitud, ni cuentan con los vecinos para daños causados en ellos, por los que la propiedad del monte sí percibe, a veces, indemnizaciones de empresas privadas u Organismos Públicos, organismos que no cuentan nunca con los vecinos; así, con motivo del arreglo de la carretera, los pagos por ocupación de terrenos se han efectuado únicamente a la dueña del monte, con exclusión de los vecinos, cuyos pastos y tierras de labor, sobre las que tienen derecho de cultivo a perpetuidad, también han sido ocupados o destruidos. Del monte de Valdecabras se han extraído grandes cantidades de piedra, sin que se haya pedido permiso o indemnizado a los vecinos por los daños causados.

Por lo que respecta a las tierras de labor enclavadas en el monte el caso es similar, si no más grave que los anteriormente expuestos: por una parte, la dueña2 del pinar no paga ni un céntimo de contribución rústica (ahora se llama impuesto sobre bienes inmuebles de naturaleza rústica), pues todas las fincas de labor enclavadas en el pinar están inscritas en el Catastro a nombre de los vecinos, y la riqueza forestal está exenta del impuesto o contribución rústica, y por otra ni come ni deja comer, quiero decir que ni quiere que las fincas de labor figuren a su nombre en el Catastro de Rústica, ni quiere que los vecinos las cultiven, con el argumento de que se han poblado de pinos.

Por lo que atañe a las construcciones  en el monte ocurre lo mismo que con todo: los administradores o guardas han construido en varios sitios o han vallado terrenos, ocupando pastos y tierras de labor sin encomendarse a nadie, no se sabe si con el consentimiento de la dueña o sin él; sin embargo, sí han intentado impedir -sin conseguirlo-  que los vecinos construyan tinadas o corrales no sólo en el pinar, sino también en terrenos fuera del monte, propiedad de los vecinos, con el argumento de conveniencia de que "todo es de la dueña" (Sí, así, como en la Edad Media); han intentado hacer creer  que las casas, las eras, los huertos o construcciones dentro y fuera del monte tampoco son de aquellos, vecinos o no de Valdecabras, que ostentan la propiedad, por herencia o compra documentadas y que no han sido nunca objeto de litigio.


Capítulo II
La escritura de 1865
(publicado en el nº I de la revista Furtivo)



La escritura de transacción, a la que me referí en el anterior capítulo, obligaba a los firmantes y, ahora, a los herederos de los firmantes y a la actual dueña, cuyo padre compró la dehesa, el monte de Valdecabras (no todo, como se verá), a los herederos de Andrés Avelino Arteaga y Palafox, marqués de Valmediano, fallecido el día 5 de febrero de 1864, cuya herencia recibieron sus cuatro hijos: Andrés, quien heredó el título, María Josefa , Fernando e Isabel Arteaga de Silva, quienes se repartieron no sólo el monte de Valdecabras, sino otros bienes que habían heredado. A partir de esta fecha, la herencia recibida del padre Marqués llegó a pertenecer, con el paso del tiempo, a innumerables hijos, sobrinos, nietos, todos descendientes  de los cuatro hermanos que firmaron la escritura de 1865. Esta jarca de herederos convinieron en encargar a Antonio Maura y Muntaner, presidente del Gobierno Español durante varios años en el periodo comprendido entre 1902 y 1922, el reparto de la herencia, el cual dictó un laudo en el año 1912, según el cual el monte de Valdecabras debía venderse en subasta y repartirse la cantidad obtenida los herederos, según su tanto de derecho. La subasta tuvo lugar el día 15 de julio de 1916 en la Notaria  de Toribio Gimeno Bayón, siendo el adjudicatario Juan Correcher Pardo, quien lo adquirió por 660.000 Ptas. en calidad de cederlo a su hermano Salvador, cesión que se llevó a cabo el día 25 de julio de aquel mismo año. Todos los bienes y derechos de los vecinos de Valdecabras quedaron a salvo, como era natural, y así constó en todos los documentos que se elaboraron e inscribieron al efecto.
Salvador Correcher Pardo murió soltero, si bien tuvo una hija natural con su criada  (según se dice por el pueblo, aunque este extremo no lo he podido confirmar) y la actual dueña, María del Carmen Correcher Martínez quien, por cierto, no quiere respetar los derechos de los vecinos, es hija natural de Salvador Correcher Pardo y María Josefa Martínez, también de estado soltera, de quien apenas se tienen noticias. 
María del Carmen Correcher Martínez, heredó a la muerte de su padre, por tanto, el monte pinar de Valdecabras  (con las servidumbres  de  la  escritura  de 1865 que ya se expusieron sucintamente en el capítulo anterior), pero no heredó ni las tinadas, ni los corrales u otras construcciones  enclavadas  en el monte, que  los  vecinos  poseían, y  mantuvieron, cuando se firmó la escritura de transacción de 1865, ni las tierras -de labor o de pinar- que los vecinos adquirieron legalmente con posterioridad a aquella fecha, también dentro del monte.
Hubo propietarios que no firmaron la escritura de transacción famosa -no dieron poder para hacerlo a Juan Patiño-, entre los cuales estaban Juan Cerdán, vecino de Cuenca, Victorio Guijarro Martínez y Antonio Luque Vicens, que yo sepa, de los que proceden las tierras que los vecinos tienen ahora en propiedad en el monte de Valdecabras. La dueña actual no tiene fuera del monte absolutamente nada, pues las únicas propiedades que tenía (una era, una casa y, al parecer, un molino) ya no le pertenecen, pues unas las vendió y sobre el molino, derruido hace ya más de cuarenta años, ha perdido los derechos de uso, por encontrarse en aguas de dominio público.

Las tonterías que han tenido que oír los vecinos, por parte de los guardas actuales, en el sentido de que la "señora" era dueña de todo (incluidas tinadas, casas, eras huertas, caminos, ejidos, etc., tanto dentro, como fuera del monte) no son sino un cuento chino y un camelo, que no se sostienen en ningún documento de los muchos que existen sobre este asunto del monte de Valdecabras, pues todos se refieren, única y exclusivamente, al monte pinar, aunque en la escritura de 1965 o en algún otro documento se cite la palabra "término" en lugar de monte o pinar, y aunque la pobre señora Correcher haya estado creyéndose y, posiblemente todavía crea, ser la dueña de "todo".

¿Qué pasó para que se firmara la escritura de 1865? O dicho de otro modo, ¿Qué ambiente había en Valdecabras respecto al tema de la propiedad del monte y las tierras de labor enclavadas en el mismo por aquellas fechas? Antes de referirme a los acontecimientos inmediatos a la firma, diré que los vecinos de Valdecabras no reconocieron nunca la propiedad del monte a favor del Marqués de Valmediano y, sobre todo, no reconocían la propiedad del Marqués, en ningún caso, sobre las tierras de labor enclavadas dentro del pinar. El día 12 de diciembre DE 1855 Teodoro Mediamarca se dirigió a la Administración competente, que era entonces "La Administración de Propiedades y Derechos del Estado", para denunciar la posesión ilegal del monte de Valdecabras por parte del citado Marqués, monte que, según el denunciante, pertenecían al caudal de Propios o al de aprovechamiento común, pues así constaba en el Catastro, Reglamento de Propios y otros documentos. Con motivo de esta denuncia se formó un expediente que fue remitido a la Dirección General de Bienes y Derechos del Estado en Madrid, para su resolución. En marzo de 1958 el expediente no se había resuelto, por lo que Teodoro Mediamarca volvió a dirigirse al Investigador de Bienes Nacionales, pues el Marqués había efectuado una corta importante de pinos, que se encontraban en los LLanos de Embid dispuestos a ser conducidos por el río Júcar al destino dispuesto por el adquiriente, el Marqués de Benamejí.

A continuación se reproduce íntegramente el escrito que dirigió Teodoro Mediamarca en fecha 7 de marzo de 1858, cuyo original se encuentra en el Archivo Histórico Provincial de Cuenca, en la Sección "Desamortización",  "Signatura 797":

 "     En  esa  Administración  de  su  digno  cargo  constará,  que  en 12 de Diciembre de 1855, ejerciendo las mismas funciones administrativas que se me han vuelto a conferir, presenté la denuncia de unos catorce mil almudes de terreno sito en término de Valdecabras que según el Catastro, Reglamento de Propios y otros documentos del mismo pertenecieron y no pueden menos de pertenecer a un caudal de propios o al de aprovechamiento común, ignorando el motivo alegado que pueda haber para que en la actualidad los posea como dueño el Excmo. Sr. Marqués de Ariza; y como esta denuncia diese lugar a la formación de un expediente que se remitió a la Dirección General de Propiedades y derechos del Estado en consulta, parece que entretanto que esta Superioridad dicte su resolución, no puede mirarse con indiferencia la enajenación de un número grande de pinos que el expresado Marqués de Ariza ha verificado de los que se hallaban en los terrenos comprendidos en mi denuncia, habiéndolos reducido a maderas el comprador Sr. Marqués de Benamejí que sacados del monte se hallan a las márgenes del río Júcar y sitio llamado Los Llanos de Embid, con intención según de público se dice de embarcarlos y conducirlos por dicho río a punto lejano. En este caso creo deber llamar la atención de V.S. para que considere que el interés de la Nación exige se prevenga al Sr. Marqués de Ariza el otorgamiento de una fianza equivalente al valor de los pinos vendidos y cortados, y al propio tiempo que se abstenga de verificar nuevas ventas de productos y bienes que se hallen comprendidos en mi citada denuncia hasta tanto que recaiga la superior resolución.

            Dios guarde a V.S. muchos años
    Cuenca 7 de marzo de 1858

         Teodoro Mediamarca
     
     (Rubricado)

 

Sr. Administrador Principal de Propiedades y Derechos de esta provincia  "

La segunda denuncia de Teodoro Mediamarca, que acabo de reproducir, fue remitida al Gobernador Civil y a la  Dirección General del ramo con fecha 8 de marzo de 1858, es decir un día después de haberla recibido. El día de 12 de marzo el Gobierno civil se dirigió al apoderado del Marqués, en el que se le decía que alegase inmediatamente lo que conviniera a su derecho, absteniéndose si fuera cierta la corta de hacer o permitir embarque de las maderas, sin que se probara antes  que procedían de otros terrenos que los denunciados por el Investigador, o se allanara a fianzar en los términos propuestos.
Con fecha 22 de marzo se recibió en la Investigación de Bienes nacionales de Cuenca una comunicación solicitando el valor de los doce mil quinientos pinos cortados por el marqués de Ariza. Al día siguiente, el Investigador principal en Cuenca contestaba a la Dirección general que, en base a una nueva subasta que anunció el apoderado del Marqués para la corta de cinco mil pinos más, se fijaba un valor de 60 reales por pino, por lo que la fianza que habría que exigir al Marqués por la corta de los 12.500 pinos en el monte de Valdecabras debería ascender a 700.000 reales.
Parece ser que el Marqués de Valmediano Ariza y Estepa aportó documentos bastantes en la Dirección General de Propiedades y Derechos del Estado pues, con fecha 15 de septiembre de 1958, resolvió que la denuncia presentada era improcedente, pues el Marqués  había acreditado con documentos fehacientes sus derechos sobres las tierras objeto de la denuncia.                           
En el próximo número hablaré sobre una segunda denuncia presentada después de la firma de la escritura de 1865, con motivo de la cual el Investigador de Bienes del Estado en Cuenca remitió a la Dirección General del ramo un auto muy interesante si bien, al parecer, también con poco éxito. Hablaré también de Juan Patiño de la Fuente, de quien había oído yo decir en Valdecabras que era cura, en realidad un comerciante de maderas, quien, en mi opinión, fue el que verdaderamente engañó a los vecinos de Valdecabras, firmando una escritura de transacción con unas cláusulas, para las cuales los vecinos no le habían dado poderes.


Capítulo  III
La escritura de1865
(publicado en el nº II de la revista Furtivo)



En el número anterior dije que la herencia del Marqués de Valmediano, fallecido el día 5 de febrero de 1864, la recibieron sus cuatro hijos. En realidad este Marqués murió sin descendencia, y los cuatro herederos eran sobrinos del fallecido y nietos, a su vez, del padre del fallecido el 5 de febrero de 1864. También dije que la resolución de la Dirección General de Bienes y Derechos del Estado, que dio la razón al Marqués, llevaba fecha de 13 de septiembre de 1858. En realidad no consta la fecha de  la resolución o acuerdo adoptado; el día 13-septiembre-1858  fue la fecha en que la Dirección General comunicó al Gobierno Civil la decisión adoptada y la fecha 15-septiembre-1858 fue en la que el Gobierno Civil la comunicó al Investigador.
Aclarado esto, reproduzco a continuación  este acuerdo, del que no consta la fecha:

"  La Dirección General de propiedades y Derechos del estado con fecha      13 del actual me dice lo que sigue. 

" La Junta Superior de Ventas en sesión de 10 del actual, con presencia de lo que resulta del expediente promovido por el Investigador sobre denuncia de varios terrenos de los propios de Valdecabras que posee el Excmo. Sr. Marqués de Valmediano, y de conformidad con el dictamen de la Asesoría General del Ministerio de Hacienda y el de esta Dirección, ha declarado improcedente la denuncia de todas las fincas a que se contrae el expediente en razón a que el Sr. Marqués de Valmediano ha acreditado con documentos fehacientes la adquisición por sus causantes derechos y que se incorporaron al vínculo de que es poseedor que la circunstancia de que con la propiedad de las mencionadas tierras fuesen enajenadas a los antecesores del Marqués el señorío del expresado pueblo, no es causa bastante para calificar exclusivamente de señoreantes sus derechos a las fincas ==  Lo que comunico a V. para su cumplimiento y efectos que correspondan.
Lo traslado a V. para su inteligencia, la del Investigador del ramo y efectos consiguientes.

                 Cuenca, 15 de septiembre de 1858
                                                  Antonio Calle

 


Sr. Administrador de Propiedades y Derechos del Estado  " 

 
Después de esta denuncia, no se sabe si a causa de otra nueva o por actuación de oficio, el Investigador de Bienes y derechos en Cuenca instruyó otro expediente referido a los bienes del Marqués no sólo en Valdecabras, sino en otros pueblos cercanos (este expediente no consta en el Archivo Histórico de Cuenca); lo que sí se conserva es el escrito que el Gobierno Civil dirigió al Investigador de bienes en fecha 25 de mayo de 1859, y que se reproduce también a continuación:

La Dirección General de Propiedades y Derechos del Estado con fecha   20 del actual lo que copio.

" La Junta Superior de Ventas en sesión del día de ayer, con presencia del expediente instruido a consecuencia de la denuncia promovida por el Investigador de esa provincia sobre pertenecer al Estado los bienes que en Arcos de la Sierra, Portilla, Las Majadas, Valdecabras, Torralba, Villaseca, Ribagorda, Palomera y en esa ciudad disfruta el Excmo. Sr. Marqués de Valmediano Ariza y Estepa, y de conformidad con lo manifestado por la Asesoría general del Ministerio y esta Dirección se ha servido declarar improcedente la denuncia, puesto que el indicado Sr. Marqués se halla en posesión de los citados bienes en virtud de una sentencia judicial ejecutoriada"

Lo que traslado a Vd. para su conocimiento y demás efectos
 oportunos.
                          Dios guarde a Vd. muchos años
                          Cuenca 25 de Mayo 1859
                                 Manuel de Podio y Valero
                                        (rúbrica)
 


Sr. Administrador de Propiedades y Derechos del Estado  " 

 
Tampoco consta quien o quienes -posiblemente por intervención del Ayuntamiento de Valdecabras- el caso fue que, después de la firma de la escritura de transacción de 5 de mayo de 1865, el Investigador de Bienes y Derechos del Estado volvió a la carga con un nuevo expediente que     dirigió    a  la   Dirección General del ramo en Madrid, argumentando en base a las normas vigentes aplicables al caso que el monte de Valdecabras no podía pertenecer al Marqués de Valmediano. El auto (informe) que elaboró el Investigador, que reproduciré en el próximo número, pues es bastante extenso y muy interesante, tampoco tuvo éxito para los vecinos de Valdecabras, pues la Dirección General volvió a dar de nuevo la razón al Marqués con un argumento un tanto peregrino, en mi opinión, si bien al no tener delante la sentencia a la que alude la Dirección General no se puede opinar con el conocimiento de causa suficiente. Digo lo de "peregrino", pues la razón aducida por la Dirección General para dar la razón al Marqués en la segunda resolución adoptada, que la Dirección General comunicó al Gobierno Civil con fecha 20 de mayo de 1859 y el Gobierno Civil al Investigador el 25 del mismo mes, fue que "puesto que el indicado Sr. Marqués se halla en posesión de los citados bienes en virtud de una sentencia judicial ejecutoriada", lo que se contradice con una de las razones aducidas por el Investigador en el Auto que se publicará en el siguiente número, donde se argumenta que el Tribunal Supremo sentenció a favor de Juan Cerdán en el sentido de que las tierras que éste poseía en Valdecabras eran de su propiedad y no del Marqués de Valmediano.


Capítulo IV
La escritura de 1865
(publicado en el nº III de la revista Furtivo)



Ya vimos como las dos denuncias que se presentaron ante la Autoridad competente para que se declarara que el monte de Valdecabras no pertenecía al Marqués de Valmediano no tuvieron éxito. Como se deduce claramente de la lectura del Auto que se reproduce más abajo, los vecinos, capitaneados por el mismo Ayuntamiento, se arrepintieron de haber dado poder a Juan Patiño, el traidor, para firmar el acuerdo con los herederos del Marqués.
Antes de comentar la escritura firmada y, por tanto, válida, a pesar de las gestiones llevadas a cabo para impedirlo, voy a reproducir a continuación el Auto que el Investigador de Bienes y Derechos del Estado en Cuenca elevó al Gobernador Civil, a los efectos oportunos, con este escrito:
 
" Sello con la inscripción:
"Investigación de Bienes
Nacionales de la Provin-
cia de Cuenca"                            

                       Señor Gobernador

En este día he levantado el adjunto auto como cabeza de un expediente de denuncia.
Lo que tengo el honor de poner en conocimiento de Vd. a los efectos oportunos  que procedan.

  Dios guarde a V.S. muchos años. Cuenca a 31 de Diciembre de 1865.

               El Investigador principal
                Santiago Cano y Meyllo

 

    Sr. Gobernador Civil de esta Provincia      "

 

El auto que se adjuntaba al escrito anterior es este:

 
"Auto

En uso de las facultades que como Investigador principal de Bienes nacionales de esta  provincia me confieren las leyes e instrucciones vigentes;
Resultando de las noticias que de público y notorio han llegado a esta investigación, que el pueblo de Valdecabras intentó e intentaba hace poco tiempo promover pleito con el Marqués de Valmediano sobre la propiedad sobre la propiedad y posición de ciertos bienes que este parece poseer indebidamente en término de aquel pueblo, estimulado el vecindario por la sentencia recaída en el pleito que siguió Dn. Juan Cerdán y el citado Marqués también sobre la propiedad  de terrenos enclavados en aquel término, por cuyo fallo fue condenado y declaradas de Dn. Juan Cerdán las fincas que se cuestionaban
    
     Resultando, así mismo, de forma pública  que los vecinos del pueblo tenían dispuesto  instaurar pleito contra dicho Marqués y reunieron para ello gran porción de títulos de propiedad, formando a la vez expedientes posesorios que debieran inscribirse en el Registro de Hipotecas de esta Capital.

     Resultando que el Marqués de Valmediano si fuese dueño, como se titula,  de los dilatados pinares que cuenta y tiene el término de Valdecabras no satisface como terrateniente ni la décima parte de la contribución debida según el producto líquido que se fijara en esta provincia a cada fanega de monte pinar de primera clase en cuya categoría están los de dicho pueblo.

     Resultando de forma pública que todos los vecinos otorgaron en marzo, abril o mayo del corriente año una escritura de poder ante el escribano Notario público de Cuenca Dn. Mariano Sanz (que hoy es uno de los compradores de los pinos y entonces también), a favor del comerciante de maderas Juan Patiño vecino de esta Capital para que transigiese, tramase y concordase con el Marqués de Valmediano un pacto que evitara el pleito para que se aparejaba el pueblo y aun en prueba de su intento celebró juicio de conciliación en Madrid en primeros de año siendo demandante el pueblo y en su representación Dn. Ramón Collado y demandado el dicho Marqués.

    Resultando que por consecuencia del poder conferido a Dn. Juan Patiño  
por los vecinos actuantes entonces de Valdecabras, éste otorgó escritura
de transacción con el Marqués, reconociéndole dueño de los terrenos  en
cuestión y  que el marqués les reservó a los vecinos el derecho a percibir    
cada   uno cuatro mil reales del valor de los pinos que vendía a Dn.
Patiño   y compañía    debían  cortarse  en los montes a cerca de los
cuales  Juan intentó pleito el Ayuntamiento contra el Marqués por medio
del juicio de conciliación poco tiempo hacía celebrado; que el marqués
les reservaba a todos los vecinos que son o fueren del pueblo, en cambio
de la remisión que hacían de sus derechos, la gracia de dejarles pastar,
roturar, extraer leñas desligadas y las maderas precisas para reedificar sus
casas y corrales de ganado; y que desde entonces se apartaban y desistían
de toda acción contra el Marqués de Valmediano y todos sus herederos.

     Resultando que una vez otorgada la escritura y recibido en señal cada vecino la suma de  mil reales a cuenta de los cuatro mil estipulados, entregaron al marqués los expedientes posesorios que habían preparado para el litigio y se obligaron a cooperar para que el Marqués instruyese el suyo respectivo porque carecía de títulos inscritos en Hipotecas.

     Resultando que los vecinos de Valdecabras y especialmente su celoso Ayuntamiento hubieron de consultar después con el letrado Dn. Juan Francisco Herráiz vecino de Cuenca si lo hecho de buena fe por los vecinos era legal o ilegal para subsanar su ignorancia en este último caso revocando lo hecho y dejando nula y sin ningún valor la transacción si se había efectuado.

     Resultando que a consecuencia de esta consulta el Ayuntamiento de Valdecabras sin perder momento revocó el poder dado a Juan Patiño y le remitió a Madrid la revocación en el mismo día para que cesase en la representación que se le había conferido, y que no satisfecho aun el pueblo con la revocación hecha por el alcalde llamó al día siguiente al Notario autorizante D. Joaquín Zomeño para revocar todos los vecinos el poder que había otorgado por ignorancia, como en efecto lo revocaron.

    Resultando que a pesar de la revocación ésta llegó a Madrid después de
hecha y firmada con el Marqués la transacción pero que los vecinos del
pueblo ni el Ayuntamiento han querido ratificar el contrato porque les
consta que no es legal lo hecho.

   Resultando que al amparo de las Ordenanzas e instituciones vigentes
sobre montes, según se dice de público. 

Y considerando esta investigación

1º.- Que  ni  los  vecinos todos de Valdecabras no su Ayuntamiento ni unos ni otro juntos tenían ni tienen personalidad para transigir, concordar, ni renunciar ni pactar derechos comunales, siendo nulo por consiguiente el poder y la escritura que otorgó como apoderado del pueblo D. Juan Patiño.

  2º.- Que las manos muertas de carácter civil no están autorizados por la ley para adquirir y mucho menos para vender ni renunciar.

   3º.- Que el representante del común de vecinos de un pueblo es su Ayuntamiento y que estos por la Ley no tienen atribuciones deliberatorias sobre los asuntos de propiedad en los cuales ni los Gobernadores, ni los Ministros ni S.M. tienen tampoco retribuciones resolutivas, pues estas corresponden única y exclusivamente a los tribunales ordinarios.

   Considerando que el Marqués de Valmediano según ha llegado a entender esta Investigación no tenía ni tiene otros derechos de propiedad en Valdecabras que los de simple Señoría y estos quedaron ya abolidos.

   Considerando que tampoco parece que el citado Marqués obtuviera la declaración de excepción a favor de sus pretendidos derechos de propiedad en Valdecabras, cuando por virtud de la Ley de Señoríos debieron reincorporarse al Estado los de ilegítima procedencia, excepción que vimos, obrante en el protocolo del Notario de Cuenca D. Joaquín Zomeño.

   5º.- Certificación del Catastro de 1752 en que constan los bienes que poseía entonces el Marqués de Valmediano en el referido pueblo.

   6º .-Inscripción literal de los bienes y sus productos líquidos que figuran como de Valmediano en el término de Valdecabras, contrayendo la certificación al amillaramiento vigente en 1855. "

Hasta aquí el Auto que se conserva en el Archivo Histórico de Cuenca, signatura 797, documento numerado con las páginas 18.19,20,21,22 y 23.

De la lectura detenida en este auto, que refleja el estado del problema posterior a la firma de la escritura, está clarísimo que lo que el Marqués siempre pretendió (y por desgracia para los vecinos, consiguió) era la propiedad de "los extensos pinares" en Valdecabras; no pretendía, ni fue objeto de disputa otra cosa que no fueran los pinares (el monte pinar, al que se refiere el Tribunal Supremo en su sentencia de 1922, a la que llegaremos más tarde). Todo lo que no era monte era de sus respectivos dueños, ¿de quien iba a ser, si no? Y los dueños de los inmuebles fuera del pinar eran los vecinos de Valdecabras, el mismo Marqués de Valdediano, que tenía  una   casa,   un   molino   y   una   era,   Juan   Cerdán,    residente en Cuenca, y Antonio Luque residente, quizá, en Ciudad Real. Estas dos últimas personas no firmaron la escritura de 1865 y el Marqués de Valmediano les reconoció sus propiedades (tanto dentro, como fuera del monte, aunque esto último no era necesario); Juan Cerdán le ganó un pleito al Marqués nada menos que en el Tribunal Supremo, con lo que no quedó  ni  puede  quedar duda de que las tierras que poseía en el monte de Valdecabras eran suyas y no del Marqués; por lo que respecta a Antonio Luque, existe un documento de apeo (deslinde de propiedades) entre éste y el representante del Marqués, posterior a la firma de la escritura de mayo de 1865, es decir que el Marqués de Valmediano reconoció las  propiedades que Antonio Luque tenía en "su monte", pues ya era suyo, una vez que los vecinos otorgaron la escritura engañados, eso sí, por Juan Patiño.

¿Que por qué llamo "traidor" a Juan Patiño y que los vecinos fueron "engañados" por él? Bueno, esto lo contaré en el próximo número, cuando empiece a comentar la famosa escritura de transacción de fecha 05-Mayo-1865. Tengo que hablar también de lo que es "propiedad" y lo que es "posesión", conceptos similares, pero que no significan lo mismo y, aprovechándose de la confusión que puede generarse con estos dos términos, la dueña actual (no el Marqués de Valmediano) pretende hacer creer que lo que no es "posesión" no puede ser de los vecinos, sino suyo, ¡que lista! Tampoco los varios abogados originarios de Valdecabras o ligados al pueblo de alguna otra manera, se han molestado, eso parece al menos, en aclarar a los vecinos que se pueden tener propiedades, por ejemplo tierras, tinadas, etc. y no tratarse de posesiones. Ya intentaré yo explicar esto claramente, para que no haya ningún vecino al que se le ocurra decir que una huerta suya no es suya, porque no es de "posesión". Las piedras, si se tiran, hay que tirarlas contra el tejado del otro, no contra el de uno mismo. No sé todavía si escribiré sobre la escritura o sobre las "posesiones". Ya veré.
 

Capítulo V
Las "posesiones"
(publicado en el nº IVde la revista Furtivo)



En esta ocasión voy a hacer un paréntesis en la narración del devenir de los acontecimientos que llevaron  a la firma de la escritura de 1865 y a lo ocurrido hasta hoy con el asunto del monte pinar de Valdecabras.
Hoy voy a hablar de la propiedad y de las posesiones.
La propiedad es el derecho de gozar y disponer de una cosa (aquí hablamos de fincas, es decir de bienes inmuebles, fincas tanto rústicas, como urbanas), sin más limitaciones que las establecidas en las leyes. Cuando en la escritura de 1865 se dice que los vecinos tienen derecho a las maderas necesarias para sus casas, tinadas, etc. se está reconociendo que los vecinos tenían en propiedad esos bienes inmuebles, lo que supone que los propietarios de las tinadas u otras construcciones en el Monte de Valdecabras pueden disponer de ellas de la manera que crean conveniente, sin que nadie (ni María del Carmen Correcher ni, mucho menos, los guardas de la dueña) pueda entrometerse en lo que hace o deja de hacer un vecino en su tinada. Sólo la Ley puede limitar el uso de las propiedades. Antonio Luque que tenía propiedades tanto en el Monte, como fuera del Monte, y no firmó la escritura famosa, conservó sus propiedades, que  el  mismo  Marqués de  Valmediano y  sus  hermanos  reconocieron siempre; después de la firma de la escritura de 1865, se llevó a cabo un apeo (deslinde de fincas) entre el Marqués y Antonio Luque, lo que demuestra que el Marqués le reconoció sus fincas enclavadas dentro del Monte. Así su hija, Antonia Luque Mancheño pudo vender sin problemas de ninguna clase las 92 fincas, que heredó de su padre, a los vecinos de Valdecabras, que las adquirieron por escritura pública de 25-03-1906. Como se puede observar no he hablado en ninguna ocasión de posesiones pues, aunque las propiedades se pueden denominar también posesiones, el significado que tiene posesión en Valdecabras es otro, aunque los vecinos confundan, por similitud, las 92 fincas adquiridas a Antonia Luque con las otras 22 fincas compradas el 05-abril-1905 por cinco vecinos de Valdecabras a Victorio Guijarro Martínez, que ni él ni sus antecesores habían firmado la escritura de 1865; estos cinco vecinos las vendieron, a su vez, a los vecinos de Valdecabras el 24-febrero-1906. En este último caso sí que hubo oposición de los dueños del Monte, por lo que los vecinos tuvieron que recurrir al Juzgado para hacer valer la propiedad de las fincas adquiridas; en esta ocasión se trasladó a Valdecabras, el día 10-junio-1906, el Juez del Juzgado de Primera Instancia de Cuenca y dio posesión de las 22 fincas a los vecinos. Desde entonces, los vecinos llaman posesiones tanto a las 22 fincas provenientes de la compra de fecha  24-02-1906 que el Juez les entregó en propiedad, como a las 92 adquiridas a Antonia Luque Mancheño. Esta palabreja -posesión- ha dado lugar a confusiones, alentadas por la actual dueña del monte y sus acólitos los guardas, que quieren hacer creer que lo que no es posesión tampoco puede ser propiedad de los vecinos.
Los vecinos que compraron las 22 fincas a los otros cinco vecinos están relacionados en la escritura de compra del año 1906. A continuación inserto un escrito firmado por el secretario del Ayuntamiento de Valdecabras el 12 de septiembre de 1929, en el que se relacionan los partícipes de las fincas conocidas como "posesiones", provenientes de los Srs. Luque y Piquero (esta relación de 1926 copia otra de 1914, año en el que todavía no se había producido la venta de Antonio Luque y  Guijarro a los vecinos, por lo que éste nombre -Luque- no aparece. No he encontrado nada referente a una posible venta de tierras de Piquero a los vecinos; el nombre de Julian Piquero aparece como lindero de una de las 92 fincas adquiridas por los vecinos a Luque y Guijarro. Puntualizo, atambién que la heredera de Antonio Luque, que vendió las tierras de Valdecabras a los vecino no fue Victoria, sino Victorina).

(Relación de vecinos partícipes, 94 en total)

Cuando, en 1907,  los descendientes del marqués de Valmediano (Andrés Avelino Arteaga y Silva) y de sus tres hermanos (María Josefa, Fernando y María Isabel) se dispusieron a repartirse la herencia, se encontraron con grandes dificultades para hacer las particiones correspondientes, pues ya eran más de 20 descendientes y de distinto grado parental, por lo que las partes eras desiguales y, por otro lado, partir un monte en tantas partes  desiguales era una tarea casi imposible. La jarca de  herederos  convino en encomendar el reparto de la herencia a Antonio Maura Antonio Maura y Muntaner, circunstancia por la que los vecinos de Valdecabras hemos podido saber qué era lo que los herederos del Marqués de Valmediano tenían en este pueblo que no era, ni más ni menos, que:
 
-el monte de Valdecabras (con sus servidumbres, propiedades y "posesiones" de los vecinos)
-un molino
-dos casas (la de las Carboneras en el monte y otra en el casco urbano)
-y una era

Si hubieran sido dueños de todo (como quiere la dueña actual, la pobre), no se hubieran repartido una era, sino todas, pues todas deberían ser suyas, digo yo. Es decir, que esto demuestra, como lo demuestra todo lo dicho hasta ahora al referirme a los documentos históricos existentes, que fuera del monte María del Carmen Correcher Martínez no tiene nada.
En resumen, que los vecinos de Valdecabras son dueños, es decir propietarios, no sólo de las "posesiones" (92 fincas de Luque y 22 de Guijarro), sino de todas las fincas, huertas en especial, enclavadas fuera del monte pinar  y de todas las construcciones, tanto fuera, como dentro del monte. Así lo estableció también el Tribunal Supremo en su sentencia de 20-abril-1922, cuando sentenció que "se estima probado .... que el monte pinar del terrazgo de Valdecabras ..... perteneció ... en propiedad ..... a estos vendedores ..... que transmitieron al recurrido D. Salvador Correcher". El asunto de la demanda y, por tanto, de la sentencia era, exclusivamente, el monte de Valdecabras.
Cuando algún vecino quiera hacer algo en su huerta, en su era o en otra finca situada fuera del monte de Valdecabras, ya debe saber lo que tiene que contestar al guarda de turno que se meta con él: mandarlo a paseo. Hacer otra cosa, ya sabéis, es tirar piedras contra vuestro propio tejado.

Notas para el artículo VI de la revista Furtivo
Capítulo VI
Más puntualizaciones

Ya he explicado que, cuando se vendió el monte el 15-julio-1916, los herederos del marqués de Ariza, Valmediano y otros títulos, no tenían nada fuera del monte de Valdecabras, exceptuando la Dehesa de Cotillas y dos casas, un molino y una era, que pertenecían en propiedad al duque del Infantado, no a los herederos en su conjunto, como se dice erróneamente en el Capítulo II y V publicados en la revista Furtivo bajo el título "Valdecabras", firmados con el seudónimo "Bruna, la pastora", por lo que el padre de la actual dueña no pudo comprar lo que no tenían los vendedores. Nadie puede dar lo que no tiene.
¿Por qué, entonces, la dueña actual y sus guardas particulares quieren hacernos creer que son dueños, también, de las tierras de la ribera del río Valdecabras, situadas fuera del monte? La respuesta es relativamente sencilla: "porque lo dice la escritura de 1865". En la, para los vecinos, famosa escritura de 05-Mayo-1865, junto a dehesa o monte, se habla, también, de "término". Es decir, que si lo que se firmó en 1865 re refería al término de Valdecabras, los herederos del Marqués serían los propietarios del término, todo el término municipal, y todo el término municipal sería lo que compró el padre de la actual dueña a los herederos del marqués fallecido en 1864. ¿No?
Pues, no.
El Tribunal Supremo sentenció el 20-Abril-1922 que el "monte" de Valdecabras perteneció, desde 1481, a los que lo vendieron a Salvador Correcher; desde entonces, los antiguos marqueses eran dueños de la "villa y término" de Valdecabras. No he tenido tiempo, hasta ahora, de averiguar cuando perdió vigencia o se prohibió ser dueño de una "villa y término"  (quizá con la Ley de Señoríos, de principios del siglo XIX), o qué hay que entender bajo esas tres palabras. Lo que sí está claro es que cuando se firmó la escritura de transacción ya no eran dueños de la "villa y término", pues tal denominación no aparece en ningún sitio. Lo que sí pasó a la escritura de transacción fue la denominación "término", pero no con el significado de término municipal, sino de "monte o dehesa". Es decir, que cuando en la escritura de 1865 se usa el nombre  "término" se está aludiendo, exclusivamente, al monte o dehesa de Valdecabras.
Veamos más detenidamente por qué el "término de Valdecabras" no pudo ni puede ser igual a término municipal o "todo el término municipal de Valdecabras", como quiere la dueña actual y sus guardas particulares.
En primer lugar, la finca "El Cambrón" ni aparece en la escritura de transacción, ni en el laudo de 1915, al que se hace referencia a continuación, por lo que su venta tuvo que ocurrir antes de 1865. Siendo esto así, el vocablo "término" no podía significar "todo lo que había en el término municipal de Valdecabras", ni siquiera en tierras, pues ni los herederos del marqués vendieron ni Salvador Correcher compró El Cambrón, por lo que hay que concluir que el significado de "término" era igual a "monte", que es lo que figura a partir de este laudo, junto con la denominación "dehesa".
En el Resultando tercero de la sentencia del T.S. aludida se dice que los condes de Torres-Cabrera demandaron al marqués de Valmediano, recayendo sentencia el 05-Diciembre-1911 que mandaba proceder a la división y adjudicación de todos los bienes que, pro indiviso, fueron adjudicados a los partícipes de la herencia de Andrés Avelino de Arteaga y Palafox, aprobados en la testamentaría de fecha 01-Julio-1867 (el marqués había fallecido en1864).
A la hora del reparto, ordenado por el juez, surgieron desavenencias, no fueron capaces de llegar a un acuerdo, por lo que se vieron obligados a encomendar aquella tarea a un "amigable componedor", una persona ajena a la familia,  quien debía establecer como repartir el botín. Nombraron como amigable componedor a Antonio Maura y Muntaner, de todos conocido, quien dictó un laudo, de obligado cumplimiento, en fecha 24-Diciembre-1915.

El laudo de Antonio Maura separa el "monte" de Valdecabras de la "Dehesa de Cotillas", también del término municipal de Valdecabras, que estima absolutamente distinta de aquel.
Si El Cambrón y la Dehesa de Cotillas son fincas distintas del monte o dehesa de Valdecabras, en las que los vecinos del pueblo nunca tuvieron ni propiedades ni derechos, y las dos pertenecían y pertenecen a su término municipal, está claro que la palabra "término" de la escritura de transacción de 1865 solo puede considerarse un sinónimo de "monte", un vocablo repetitivo procedente de las viejas escrituras de 1469 y 1481, por las que, según la sentencia del Tribunal Supremo, los viejos marqueses compraron el término y la villa de Valdecabras, vendiendo en 1916 solamente el monte de Valdecabras.
¿Qué es un monte? Hay que entender por monte lo que gramatical y jurídicamente se entiende por ello: porción de terreno poblado de árboles y arbustos, es decir, el monte alto y el bajo. La ribera del río Valdecabras nunca ha estado poblada de árboles o arbustos, por lo que nunca fue monte; al contrario, siempre se han cultivado sus tierras y nunca se discutió el derecho de los vecinos a ellas.

Antonio Maura consideró que ni el monte de Valdecabras ni la Dehesa de Cotillas tenían buena partición, por lo que falló que se subastaran. La subasta salió al tipo de 660.000 pesetas para el monte de Valdecabras y 325.468 para la Dehesa de Cotillas. La subasta del monte se llevó a cabo el 15-Julio-1916, adjudicándose a Juan Correcher, para cederlo a su hermano Salvador. Salvador Correcher Pardo compró, por tanto, el monte o dehesa de Valdecabras en la fecha dicha y la escritura se registró el 02-Marzo-1917. ¿Compró algo más?
Con el monte solamente compró "la casa de la Dehesa", que se encontraba y se encuentra (ya en ruinas) dentro del monte.
¿Por qué no aparecen en la escritura de 1865 las eras y los huertos? Sencillamente, porque nunca fueron objeto de disputa. Las tinadas y los rediles o corrales tampoco fueron nunca objeto de disputa alguna, si bien salen a relucir en la escritura, junto con las casas de los vecinos, porque los herederos a los que se les reconoció el derecho de propiedad sobre el monte, se obligaron a determinadas servidumbres, entre las que estaba el derecho de los vecinos a cortar las maderas necesarias para sus casas, sus tinadas y sus rediles. Las huertas o eras no aparecen, por tanto, porque no se establecía ninguna servidumbre que les afectara directamente. Pero, además:
El duque del Infantado tenía en Valdecabras, como propios, en propiedad exclusiva (no pertenecientes a los demás herederos del marqués fallecido en 1864), los siguientes bienes:

dos casas (en la calle de la fuente), un molino (con unos celemines de tierra) y una era, contigua a las casas.

Estos bienes no los adquirió Correcher con la compra del monte.
Salvador Correcher parece que habló con el duque del Infantado y le tuvo que decir, aproximadamente, que él, Salvador Correcher, había comprado el monte de Valdecabras, con la "casa de la dehesa", a los herederos del marqués fallecido y que él entendía que en esta compra, de 1916,  estaban incluidos, también, estos cuatro inmuebles. Tuvo que ser así, porque el 23 de julio (en otro lugar se dice junio) de 1917 Salvador Correcher y el duque del Infantado firmaron una escritura, según la cual el duque vendía sus cuatro inmuebles por 0 pesetas a Correcher, cediendo el duque a las súplicas del padre de la actual dueña. Hasta la firma de esta escritura de 1917 Salvador Correcher no tenía absolutamente nada fuera del monte. A partir de 1917 sí tenía algo fuera del monte (los cuatro inmuebles), pero ni compró, ni tenía ni tiene lo que no es monte ni nunca lo ha sido, los huertos o tierras en la ribera del río, las eras (solo compró una) o las mismas casas de los vecinos, como nos dijo el abogado de Mª del Carmen en 1995, en una visita a Valdecabras, de la que hablaré en otra ocasión.
Como ya dije en algún capítulo anterior, los Correcher vendieron las dos casas y la era, perdiendo también el molino derruido, que ya no puede levantar ni volver a usar, pues los derechos están prescritos . . . . . . .

...................  continuará

1  la declaración de tallares consistía en vedar el pastoreo en aquellos parajes en los que se había llevado a cabo corta de arbolado.
2 Siempre que me refiero a la dueña del monte o a la propiedad del monte, quiero decir la dueña de la mayor parte del monte o pinar, pues dentro del  monte existen determinadas tierras rústicas y forestales, así como 
construcciones, que son propiedad de los vecinos, algunas de las cuales se conocen como "posesiones".

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