Portada
Gilgamés
Introducción
Tablilla I
Tablilla II
Tablilla III
Tablilla IV
Tablilla V
Tablilla VI
Tablilla VII
Tablilla VIII
Tablilla IX
Tablilla X
Tablilla XI
Tablilla XII
Notas Finales
Revista FURTIVO
Ciudadanos del mundo
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¡Si hubiera dejado el bolo
en casa del carpintero!
Ay, madre del carpintero,
que eres como mi madre;
ay, si lo hubiera dejado.
Ay, hija del carpintero,
que eres como mi hermanica;
ay, si lo hubiera dejado.
Hoy se me ha caído el bolo
en el Submundo; en el Submundo
el palo se me ha caído.

Y Enquido dijo a Gilganmés:
¿Por qué lloras, mi señor,
y está tu corazón triste?
Yo el bolo te sacaré
del Submundo; del Submundo
el palo te sacaré.

Gilgamés le dijo a Enquido:
si bajaras al Submundo,
ten en cuenta mis consejos;
no te pongas ropa limpia:
sabrán que eres un extraño;
no te pongas buen perfume:
pues vendrán todos a olerlo;
no arrojes lanzas allí:
los heridos del Submundo
amenazantes vendrán;
no lleves ningún bastón:
pues las sombras de los muertos
se van a echar a temblar;
no lleves en pies sandalias:
pues no deberás hacer
ruidos en el Submundo.

No beses a la mujer
a la que, en la tierra, amaste;
no pegues a la mujer
a la que, en la tierra, odiaste;
no beses, tampoco, al hijo
al que quisiste en la tierra,
ni pegues al hijo tuyo
que no quisiste en la tierra,
porque, si no, el griterío
será ensordecedor.

Aquella que yace allí,
aquella que yace allí,
es la madre de Ninazo1,
aquella que yace allí;
no lleva sobre sus hombros
ningún lienzo que la cubra;
sus pechos, sin ropa alguna,
dos cuencos de piedra son.

Enquido no tuvo en cuenta
de Gilgamés los consejos;
se vistió con ropa limpia:
supieron que era un extraño;
se puso un perfume bueno:
todos vinieron a olerlo;
arrojó lanzas allí:
los heridos del Submundo
vinieron amenazantes;
llevó un bastón en su mano,
y los muertos se asustaron;
en los pies calzó sandalias:
hizo ruidos allí;
besó a la mujer que amó,
y pegó a la que odió;
besó a su querido hijo,
al que no quiso pegó:
los gritos, en el Submundo,
atronaron sus oídos.

Aquella que yace allí,
aquella que yace allí,
es la madre de Ninazo,
aquella que yace allí;
no lleva sobre sus hombros
ningún lienzo que la cubra;
sus pechos, sin ropa alguna,
dos cuencos de piedra son.

Pero ya no pudo Enquido
del Submundo escapar.

No lo retuvo Nantar,
ni lo retuvo Asaco:
el Submundo lo retuvo,
no lo retuvo el malvado
vigilante de Nergal:
el Submundo lo retuvo;
no cayó en el combate,
en batalla con los hombres:
el Submundo lo retuvo.
Entonces, el rey Gilgamés,
hijo de Ninsún, la Vaca,
lloró por su siervo Enquido;
se fue solo al templo E Kur,
la morada de Enlil.

Escúchame, padre Enlil:
hoy se me ha caído el bolo
en el Submundo; en el Submundo
el palo se me ha caído;
los quiso subir Enquido:
el Submundo lo retuvo;
no lo retuvo Nantar,
ni lo retuvo Asaco:
el Submundo lo retuvo;
no lo retuvo el malvado
vigilante de Nergal:
el Submundo lo retuvo;
no cayó en el combate,
en batalla con los hombres:
el Submundo lo retuvo.

Pero Enlil no respondió.

Se marchó solo a Ur,
la morada del dios Sin.

Escúchame, padre Sin:
hoy se me ha caído el bolo
en el Submundo; en el Submundo
el palo se me ha caído;
los quiso subir Enquido:
el Submundo lo retuvo;
no lo retuvo Nantar,
ni lo retuvo Asaco:
el Submundo lo retuvo,
no lo retuvo el malvado
vigilante de Nergal:
el Submundo lo retuvo;
no cayó en la batalla,
en combate con los hombres:
el Submundo lo retuvo.

Pero Sin no respondió.

Se fue solo a Eridú,
la morada del dios Ea.

Escúchame, padre Ea:
hoy se me ha caído el bolo
en el Submundo; en el Submundo
el palo se me ha caído;
los quiso subir Enquido:
el Submundo lo retuvo;
no lo retuvo Nantar,
ni lo retuvo Asaco:
el Submundo lo retuvo;
no lo retuvo el malvado
vigilante de Nergal:
el Submundo lo retuvo;
no cayó en la batalla,
en combate con los hombres:
el Submundo lo retuvo.

Y Ea sí respondió.

Y dijo al valiente Samas:
Samas, hijo de Ningal,
¿por qué no haces en la tierra
una rendija, que pueda
subir la sombra de Enquido,
como aire, del Submundo?
Y las palabras de Ea
las hizo suyas el Sol;
Samas, hijo de Ningal,
hizo una grieta en la tierra,
para que pueda la sombra
de Enquido, como aire,
del Submundo escapar.

Se abrazaron, se besaron,
y platicaron los dos:

Cuéntame, amigo mío,
amigo mío, cuéntame;
cuéntame lo que has visto,
lo que pasa en el Submundo,
las leyes que hay allí.

No te voy a contar nada,
nada te voy a contar;
si lo que vi te contara,
lo que en el Submundo vi,
las leyes que hay allí,
te echarías a llorar.

Pues, a llorar me echaré.

Amigo mío, los penes,
que, cuando los acaricias,
te alegran el corazón,
como los tejidos viejos
se los comen los gusanos;
amigo mío, las vulvas
que, cuando las  acaricias
te producen alegría,
se están llenando de tierra,
como grietas en el suelo.
Ay, respondió su señor,
y se tiró por los suelos.
Ay, respondió Gilgamés,
y se tiró por la tierra.

Has visto a los que  tuvieron
un hijo solo? Los vi:
un clavo, en su pared, tienen
y lloran amargamente.
¿Has visto a los que criaron
dos hijos? Sí, los he visto:
sentados en dos adobes
están comiéndose el pan.
¿Has visto al de los tres hijos?
Lo he visto: bebiendo está
del jarro de la aguadera.
¿Has visto al que crió
cuatro hijos? Lo he visto:
su corazón está alegre
como el dueño de seis asnos.

¿Has visto a los que tuvieron
cinco hijos? Los he visto:
como escribanos escriben
y acceso al palacio tienen.
¿Has visto al que crió
seis hijos? Lo he visto:
su corazón está alegre,
como está el del labrador.
¿Has visto a los que criaron
siete hijos? Los he visto:
como hermanos menores
de un dios, sentados están
..........................
¿Viste a los que no tuvieron
herederos? Los he visto:
como estandartes de dioses
comen el pan ..........
y en un rincón están quietos.

¿Viste a la mujer que, nunca,
pudo parir?. La he visto;
es tirada conra el suelo
como un puchero, con fuerza,
y no alegra a ningún hombre.
¿Has visto al joven varón
que no llegó a descubrir
la desnudez femenina?
Lo vi. Le das una cuerda,
de las de amarrar la puerta,
y él llora desconsolado
sobre la cuerda prestada.
¿Viste a la joven mujer
que no llegó a descubrir
la desnudez masculina?
Si la he visto. Si le acercas
una estera, ella llora,
sin consuelo, sobre ella.

....... faltan 16-18 líneas

¿Has visto al que golpearon
con un astil? Lo he visto:
¡Ay, de su madre y su padre!
Cuando cortan una vara,
corre de aquí para allí.
¿Has visto a los que murieron
cuando quisieron los dioses?
Los vi: descansando están
en trono divino y beben
agua clara y cristalina.
¿Has visto al que cayó muerto
en la batalla? Lo he visto:
su padre y su madre tienen
bien alzada su cabeza;
su mujer llora por él.

¿Has visto aquel, cuyo cuerpo
en el campo fue arrojado?
Lo he visto, pero su sombra
no tiene descanso allí.
¿Has visto aquel, cuya sombra
no tuvo quien la cuidara?
Lo vi, pero solo come
lo que se pega al puchero
y las migajas que tiran.

1  Ver nota final I.

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