¡Si hubiera dejado el bolo en casa del carpintero! Ay, madre del carpintero, que eres como mi madre; ay, si lo hubiera dejado. Ay, hija del carpintero, que eres como mi hermanica; ay, si lo hubiera dejado. Hoy se me ha caído el bolo en el Submundo; en el Submundo el palo se me ha caído.
Y Enquido dijo a Gilganmés: ¿Por qué lloras, mi señor, y está tu corazón triste? Yo el bolo te sacaré del Submundo; del Submundo el palo te sacaré.
Gilgamés le dijo a Enquido: si bajaras al Submundo, ten en cuenta mis consejos; no te pongas ropa limpia: sabrán que eres un extraño; no te pongas buen perfume: pues vendrán todos a olerlo; no arrojes lanzas allí: los heridos del Submundo amenazantes vendrán; no lleves ningún bastón: pues las sombras de los muertos se van a echar a temblar; no lleves en pies sandalias: pues no deberás hacer ruidos en el Submundo.
No beses a la mujer a la que, en la tierra, amaste; no pegues a la mujer a la que, en la tierra, odiaste; no beses, tampoco, al hijo al que quisiste en la tierra, ni pegues al hijo tuyo que no quisiste en la tierra, porque, si no, el griterío será ensordecedor.
Aquella que yace allí, aquella que yace allí, es la madre de Ninazo1, aquella que yace allí; no lleva sobre sus hombros ningún lienzo que la cubra; sus pechos, sin ropa alguna, dos cuencos de piedra son.
Enquido no tuvo en cuenta de Gilgamés los consejos; se vistió con ropa limpia: supieron que era un extraño; se puso un perfume bueno: todos vinieron a olerlo; arrojó lanzas allí: los heridos del Submundo vinieron amenazantes; llevó un bastón en su mano, y los muertos se asustaron; en los pies calzó sandalias: hizo ruidos allí; besó a la mujer que amó, y pegó a la que odió; besó a su querido hijo, al que no quiso pegó: los gritos, en el Submundo, atronaron sus oídos.
Aquella que yace allí, aquella que yace allí, es la madre de Ninazo, aquella que yace allí; no lleva sobre sus hombros ningún lienzo que la cubra; sus pechos, sin ropa alguna, dos cuencos de piedra son.
Pero ya no pudo Enquido del Submundo escapar.
No lo retuvo Nantar, ni lo retuvo Asaco: el Submundo lo retuvo, no lo retuvo el malvado vigilante de Nergal: el Submundo lo retuvo; no cayó en el combate, en batalla con los hombres: el Submundo lo retuvo. Entonces, el rey Gilgamés, hijo de Ninsún, la Vaca, lloró por su siervo Enquido; se fue solo al templo E Kur, la morada de Enlil.
Escúchame, padre Enlil: hoy se me ha caído el bolo en el Submundo; en el Submundo el palo se me ha caído; los quiso subir Enquido: el Submundo lo retuvo; no lo retuvo Nantar, ni lo retuvo Asaco: el Submundo lo retuvo; no lo retuvo el malvado vigilante de Nergal: el Submundo lo retuvo; no cayó en el combate, en batalla con los hombres: el Submundo lo retuvo.
Pero Enlil no respondió.
Se marchó solo a Ur, la morada del dios Sin.
Escúchame, padre Sin: hoy se me ha caído el bolo en el Submundo; en el Submundo el palo se me ha caído; los quiso subir Enquido: el Submundo lo retuvo; no lo retuvo Nantar, ni lo retuvo Asaco: el Submundo lo retuvo, no lo retuvo el malvado vigilante de Nergal: el Submundo lo retuvo; no cayó en la batalla, en combate con los hombres: el Submundo lo retuvo.
Pero Sin no respondió.
Se fue solo a Eridú, la morada del dios Ea.
Escúchame, padre Ea: hoy se me ha caído el bolo en el Submundo; en el Submundo el palo se me ha caído; los quiso subir Enquido: el Submundo lo retuvo; no lo retuvo Nantar, ni lo retuvo Asaco: el Submundo lo retuvo; no lo retuvo el malvado vigilante de Nergal: el Submundo lo retuvo; no cayó en la batalla, en combate con los hombres: el Submundo lo retuvo.
Y Ea sí respondió.
Y dijo al valiente Samas: Samas, hijo de Ningal, ¿por qué no haces en la tierra una rendija, que pueda subir la sombra de Enquido, como aire, del Submundo? Y las palabras de Ea las hizo suyas el Sol; Samas, hijo de Ningal, hizo una grieta en la tierra, para que pueda la sombra de Enquido, como aire, del Submundo escapar.
Se abrazaron, se besaron, y platicaron los dos:
Cuéntame, amigo mío, amigo mío, cuéntame; cuéntame lo que has visto, lo que pasa en el Submundo, las leyes que hay allí.
No te voy a contar nada, nada te voy a contar; si lo que vi te contara, lo que en el Submundo vi, las leyes que hay allí, te echarías a llorar.
Pues, a llorar me echaré.
Amigo mío, los penes, que, cuando los acaricias, te alegran el corazón, como los tejidos viejos se los comen los gusanos; amigo mío, las vulvas que, cuando las acaricias te producen alegría, se están llenando de tierra, como grietas en el suelo. Ay, respondió su señor, y se tiró por los suelos. Ay, respondió Gilgamés, y se tiró por la tierra.
Has visto a los que tuvieron un hijo solo? Los vi: un clavo, en su pared, tienen y lloran amargamente. ¿Has visto a los que criaron dos hijos? Sí, los he visto: sentados en dos adobes están comiéndose el pan. ¿Has visto al de los tres hijos? Lo he visto: bebiendo está del jarro de la aguadera. ¿Has visto al que crió cuatro hijos? Lo he visto: su corazón está alegre como el dueño de seis asnos.
¿Has visto a los que tuvieron cinco hijos? Los he visto: como escribanos escriben y acceso al palacio tienen. ¿Has visto al que crió seis hijos? Lo he visto: su corazón está alegre, como está el del labrador. ¿Has visto a los que criaron siete hijos? Los he visto: como hermanos menores de un dios, sentados están .......................... ¿Viste a los que no tuvieron herederos? Los he visto: como estandartes de dioses comen el pan .......... y en un rincón están quietos.
¿Viste a la mujer que, nunca, pudo parir?. La he visto; es tirada conra el suelo como un puchero, con fuerza, y no alegra a ningún hombre. ¿Has visto al joven varón que no llegó a descubrir la desnudez femenina? Lo vi. Le das una cuerda, de las de amarrar la puerta, y él llora desconsolado sobre la cuerda prestada. ¿Viste a la joven mujer que no llegó a descubrir la desnudez masculina? Si la he visto. Si le acercas una estera, ella llora, sin consuelo, sobre ella.
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¿Has visto al que golpearon con un astil? Lo he visto: ¡Ay, de su madre y su padre! Cuando cortan una vara, corre de aquí para allí. ¿Has visto a los que murieron cuando quisieron los dioses? Los vi: descansando están en trono divino y beben agua clara y cristalina. ¿Has visto al que cayó muerto en la batalla? Lo he visto: su padre y su madre tienen bien alzada su cabeza; su mujer llora por él.
¿Has visto aquel, cuyo cuerpo en el campo fue arrojado? Lo he visto, pero su sombra no tiene descanso allí. ¿Has visto aquel, cuya sombra no tuvo quien la cuidara? Lo vi, pero solo come lo que se pega al puchero y las migajas que tiran.