Errante en tierras silvestres, sin consuelo, Gilgamés lloraba a su amigo Enkido:
¿Por qué no me muero yo? ¿Es que no soy como Enkido?
Se ha metido en mí la angustia, y el temor ante la muerte hace que vague en la estepa, para encontrar a Ut Napisti, el hijo de Ubar Tutó; tan pronto encuentre la senda, quiero caminar ligero; por la noche cruzaré los pasos de las montañas; cuando vea los leones tendré miedo, como siempre, pero alzaré mi cabeza para rezar al dios Luna; a Sin, linterna del cielo, dirigiré mi plegaria:
Dame protección, oh Luna, que estoy en este peligro.
Aquella noche durmió, pero despertó del sueño con una gran pesadilla: junto a un cilanco, las bestias se alegraban de vivir; él echó mano a su hacha que llevaba en el costado, y desenvainó el puñal. Como una flecha se echó entremedias de las fieras, y se fue a por los leones; a unos muerte les dio, y a otros los espantó.
Luego............ arrojó................ trazó.......... El nombre de uno era........ El nombre del otro era........ Levantando su cabeza le rezó al dios de la Luna; a Sin, linterna del cielo, dirigió sus oraciones
Él se vistió con sus pieles, se alimentó con su carne; pozos cavó Gilgamés donde nunca hubo pozos, sació su sed con sus aguas, mientras corría tras los vientos, mientras perseguía los vientos(1). Samas, con preocupación, se inclinó, miró hacia abajo y le habló a Gilgamés: oh Gilgamés, ¿dónde vas? La vida que estás buscando no la encontrarás jamás.
Por mucho que esté corriendo y vagando por la estepa, tiempo habrá de descansar cuando llegue al Submundo. Allí tendré que estar quieto y dormiré para siempre. Deja que mis ojos vean, y que se harten de luz. Sin fin es la oscuridad, en él hay muy poca luz. ¿Cuándo volverán los muertos a ver los rayos del Sol?(2) ........................
El nombre del monte es Masu.
Llegó a la montaña Masu, a la montaña gemela, la que guarda la salida de donde, día tras día, se eleva el brillante Sol, en cuyas cimas se apoya la bóveda celestial, y cuyas laderas se hunden en el Submundo infernal.
Su puerta está custodiada por dos hombres-escorpión; sólo mirar, da terror, su vista es mortal veneno y su brillo es espantoso; ellos cubren con sus rayos toda la montaña Masu; ellos hacen guardia al Sol, cuando sale y en su ocaso.
Gilgamés los vio y tapó, de miedo y horror, su rostro; poco a poco se repuso y se fue hacia donde estaban. El hombre-escorpión, varón, le gritó a su mujer: aquel que viene a nosotros tiene la carne de dioses. El hombre-escorpión, mujer, respondió a su marido: no, sólo dos partes de él son carne de dioses, y una de él es carne de hombres. El hombre-escorpión, varón, lo llamó, y estas palabras le dirigió a Gilgamés, al rey con carne de dioses:
¿Cómo has venido hasta aquí, y has hecho este largo viaje? ¿Cómo has llegado hasta aquí, y estás delante de mí? ¿Cómo has cruzado los mares, difíciles de cruzar? Cuéntame cómo has venido; quiero saber de tu viaje, de qué lugar has partido, qué dirección has seguido, y cómo te has mantenido; quiero saber de tu viaje
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Si he hecho un viaje tan largo ha sido para encontrar a un antepasado mío, a Ut Napisti, el que asistía a la asamblea de los dioses y encontró la vida eterna; que quiero que me desvele el secreto de la vida, el secreto de la muerte.
El hombre-escorpión varón para hablar abrió la boca y le dijo a Gilgamés: Nunca antes, Gilgamés, hubo alguien como tú; nunca nadie hizo antes la senda de las montañas. Nunca nadie anduvo antes la senda oculta del monte. Doce horas hay que andar a través de su interior; la oscuridad es muy densa, no hay allí ninguna luz. Por donde se asoma el Sol, todo es luminosidad, por donde se pone el Sol todo es oscuridad, Por donde se asoma el Sol, .......................... lo llevan ........... afuera .......................... y tú, ¿cómo quieres tú emprender ese camino? Y tú, quieres, de verdad, en .........
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llevados por la tristeza ................................ la escarcha y el calor me requemaron la cara. Aunque ya estoy agotado y mis fuerzas ya flaquean, quiero llegar, todavía, hasta el fin de mi camino.
El hombre-escorpión varón para hablar abrió la boca y le dijo a Gilgamés, al rey de carne de dioses: puedes marchar, Gilgamés. Quieran las montañas Masu permitirte que las cruces. Que hagan guardia en tu camino las montañas y las lomas, que te ayuden a seguir, con seguridad, tu viaje. Que las puertas de los montes quieran abrirse ante ti
Gilgamés escuchó atento. Lo que habló el hombre-escorpión lo guardó dentro de sí; tomó la senda de Samas, y se metió en la montaña. Cuando había andado una hora, lento era su caminar, la oscuridad era densa, no había ninguna luz; Samas no le permitía poder mirar hacia atrás.
Cuando llevaba dos horas, lento era su caminar, la oscuridad era densa, no había ninguna luz; no le estaba permitido poder mirar hacia atrás.
Cuando pasaron tres horas lento era su caminar, la oscuridad era densa, no había ninguna luz; no le estaba permitido poder mirar hacia atrás.
Después de las cuatro horas, lento era su caminar, la oscuridad era densa, no había ninguna luz; no le estaba permitido poder mirar hacia atrás.
y después de cinco horas, lento era su caminar, la oscuridad era densa, no había ninguna luz; no le estaba permitido para mirar hacia atrás.
Cuando había andado seis horas, lento era su caminar, la oscuridad era densa, no había ninguna luz; no le estaba permitido poder mirar hacia atrás.
Después de andar siete horas, lento era su caminar, la oscuridad era densa, no había ninguna luz; no le estaba permitido poder mirar hacia atrás.
Cuando llevaba ocho horas comenzó a andar más deprisa; la oscuridad era densa, no había ninguna luz; no le estaba permitido poder mirar hacia atrás.
Después de andar nueve horas notó el viento del norte, que le venía de frente y le daba en las mejillas; la oscuridad era densa, no había ninguna luz; no le estaba permitido poder mirar hacia atrás.
A las diez horas de andar cerca estaba la salida. Cuando llevaba once horas, solo faltaba una hora.
Después de las doce horas, Gilgamés llegó a la puerta, por delante del dios Samas. Salió a fuera y todo allí era luminosidad.
Una vez que vio su rostro, se fue al jardín de los dioses: árboles de cornalina, del que pendían las frutas; colgaban como en racimos, era una preciosa vista.
De lapislázuli el árbol, lucía en todas sus ramas, estaba lleno de frutas, era su vista un placer.
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Había altos cipreses de piedra, como peñascos; cedros hermosos había, con las hojas de alabastro; había muchas palmeras, con hojas del paraíso(3).
Corales de mar había, todos eran de rubíes; y pendían hematites como alcaparras allí. En vez de frutas del pan y bolas blancas de chopo, ágatas y olivino, de los árboles pendían; y piedras que caen del cielo embellecían las plantas del jardín, y en abundancia; abundoso era allí el verde de las turquesas.
Entre fuentes de agua clara, para regar tanta abundancia, los árboles de los dioses se extendían desde el mar hasta las altas montañas.
Gilgamés iba y venía por aquel jardín hermoso. Ella levantó la vista y lo estuvo observando. .......................................................... (1) Estos "vientos" son espejismos del desierto. (2) Tablilla paleobabilónica de Sipar. (3) en el original "Dilmun", el Paraíso, la isla de la felicidad, en la tradición sumeria.