Portada
Gilgamés
Introducción
Tablilla I
Tablilla II
Tablilla III
Tablilla IV
Tablilla V
Tablilla VI
Tablilla VII
Tablilla VIII
Tablilla IX
Tablilla X
Tablilla XI
Tablilla XII
Notas Finales
Revista FURTIVO
Ciudadanos del mundo
Navaja-UR
Días de Otoño en Valdecabras
Esculturas de Vicente Marín
Esculturas de Julia
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Libro de Visitas
 


Estaban allí aturdidos,
en la orilla de aquel monte
y, durante largo tiempo,
dejaron volar su vista
sobre los cedros tan altos;
no dejaban de mirar,
la entrada al monte buscando.
 
Por donde Jumbaba andaba
se había hecho una senda.
Se les había allanado
el camino, era fácil
poder transitar por él.

Y pudieron contemplar
aquel monte de los cedros,
la morada de los dioses(1),
el alto trono de Istar.
Florecía en las laderas
el esplendor de los cedros,
allí se manifestaba
su riqueza lujuriosa;
placentera era su sombra
y dulce era su olor.

La maleza era espinosa 
debajo del techo oscuro
de las ramas; entre cedros
crecían los bienolientes
arbustos de enebro y mirra.
Una fosa de seis leguas
rodeaba todo el monte;
luego había una segunda,
sólo dos tercios de larga.

(faltan 35 líneas. Es el relato de
cuando se adentran en el monte)

Al momento echaron mano
a sus puñales y hachas
y, una vez que tuvieron
desenfundadas las hojas,
las untaron con veneno.
Ya tenían preparadas
las hachas y los puñales.

Andaba el uno tras del otro
a través de la espesura,
hasta el centro de aquel monte
donde el salvaje Jumbaba
tenía su habitación.
Entraron sigilosamente
en el cubil de Jumbaba.
Jumbaba fue sorprendido,
y nada pudo hacer 
para impedir que los dos
lo ataran de pies y manos.

(parece que Jumbaba, atado, les
amenaza con el castigo de Enlil.
Gilgamés tiene miedo y Enkido
lo anima)

Hemos venido a un lugar,
en el que a las personas
nada se les ha perdido;
los dioses se irritarán.
Dejemos las armas quietas
junto a Jumbaba y huyamos.

Dijo Enkido a Gilgamés:
como avalancha de un río,
así es el feroz Jumbaba;
como el dios de las tormentas
nos va a llevar por delante.
Amigo mío, Jumbaba
es un ser muy peligroso(2),
y dentro de su escondite,
nos mataría a los dos
por separado, allí dentro.

Pero sí de tres en tres,
pueden enfrentarse a él
y, también, de dos en dos;
una soga de tres cabos
no se rompe fácilmente,
de igual modo, que dos lobos
pueden vencer a un león.
Amigo, juntos los dos,
lo vamos a conseguir.

Abrió Jumbaba la boca
para hablar
y le dijo a Gilgamés:
Gilgamés, solo los locos
hacen caso del consejo 
de idiotas y mentecatos.
¿A qué has venido hasta aquí?

Ven, Enkido, hasta mí,
tú, cabeza de sardina,
que no conoce a su padre,
cruce de ranas de lago
y pantano, a quien ninguna
madre nunca amamantó.
Ya te observaba yo, entonces,
cuando eras un muchacho
y te dejé escapar;
la poca carne que tienes
tampoco hubiera servido
para llenar mi barriga.

Y ahora quieres arrastrarme
delante de Gilgamés
de manera traicionera,
y aquí estás ante mí,
Enkido, como un extraño
ser que carece de entrañas.
Yo le  voy a arrancar
la cabeza a Gilgamés,
le voy a cortar el cuello,
y su carne voy a echar 
a los halcones y buitres
y al águila culebrera.

Gilgamés abrió la boca
para hablar y dijo a Enkido:
amigo mío, repara
cómo ha cambiado su cara.
Nosotros hemos osado,
de una manera valiente,
llegar hasta su escondite,
pero ahora mi corazón
va empezando a tener miedo.
Corazón sobresaltado
no se calma de repente.

Abrió Enkido la boca
para hablar
y le dijo a Gilgamés:
amigo mío, ¿por qué, 
hablas como los cobardes?
Ponte la mano en la boca,
que si te sigo escuchando
voy a perder el valor.
Ahora, amigo, ya está
presto a levantarse el viento;
el cobre, en caldo, ya corre
al molde de fundición.
¿Hace falta que esté el horno
ardiendo dos horas más?
¿Habrá que esperar dos horas
más para que se enfríe?
Si estás dispuesto a soltar
las aguas, si estás dispuesto
a arengar a los rehenes,
no des ningún paso atrás,
no te acobardes ante él, 
más bien golpea con fuerza,
fuerte como seas capaz.
        
........ Faltan 16 líneas .......

Jumbaba estaba pensando
cómo a ellos enfrentarse,
cómo poder repelerlos.
De repente, un salto dio
y cayó de golpe al suelo,
entre aullantes alaridos.

Y sus talones se hundieron
en el suelo, y la tierra
reventó ante sus pies.
Allí se movían los dos
en violentos remolinos;
luego, los montes Sirara
y el Líbano se abrieron,
y se partieron en dos.
Y lo blanco de las nubes
se volvió negro; empezó
a lloviznar sobre ellos,
como una niebla, la muerte.

Samas soltó los potentes
vientos de los temporales
contra Jumbaba, el guardián:
el  viento sur, el del norte,
el solano y el poniente, 
el viento del mal oraje,
el viento de la ventisca,
el huracanado viento,
el viento de la tormenta,
el viento del remolino,
el de la peste, y la escarcha,
 el de la nieve y el viento
de la arena del desierto.
 
Soplaron los trece vientos
y oscurecieron la cara
de Jumbaba; ya no pudo
embestir hacia delante,
ni podía retroceder; 
y así fue como Gilgamés
le dio alcance con sus armas.

Suplicando por su vida,
habló a Gilgamés Jumbaba:
eres joven, Gilgamés,
apenas te parió tu madre,
pues eres, verdaderamente,
hijo de Ninsún, la Vaca.
Por mandato del dios Samas
has allanado montañas.
Retoño eres, del centro
de Uruk, rey Gilgamés.

Gilgamés, Escúchame: 
ningún muerto puede ya
rendir para su señor;
permaneciendo con vida
un sirviente sí podrá
trabajar para su amo.
Si me perdonas la vida,
Gilgamés, seré tu siervo.
Deja que para ti viva
en el monte de los cedros.
Yo cortaré para ti
los árboles que tú quieras,
guardaré para ti mirtos,
toda la madera noble,
para adornar tu palacio.

Abrió Enkido la boca
para hablar
y le dijo a Gilgamés:
no escuches, amigo mío,
las palabras de Jumbaba,
no atiendas a sus gemidos
y súplicas engañosas;
vamos a acabar con él,
con Jumbaba, el Maligno.

.......     Faltan 15 líneas  .......    

Abrió la boca Jumbaba
para hablar y dijo a Enkido:
tú conoces bien las reglas
que rigen en este bosque,
las viejas leyes, también
como hay que comportarse.
 
Yo te pude atrapar,
y colgarte de algún árbol
en la orilla de este monte,
y tu cuerpo pude echar
a los halcones y buitres,
y al águila culebrera.
Mas, ahora, depende, Enkido,
de ti que sea liberado;
anda, dile a Gilgamés
que me perdone la vida.

Abrió Enkido la boca
para hablar
y le dijo a Gilgamés:
amigo mío, Jumbaba,
el que vigila este monte:
mátalo a cuchilladas
y quítale su poder.
Jumbaba, el que vigila
en el monte de los cedros:
mátalo, mátalo ya,
golpéalo hasta la muerte,
y quítale su poder
antes de que el dios Enlil,
el primero entre los dioses,
sepa nuestras intenciones.

Los dioses más importantes
se van a encolerizar
por lo que estamos haciendo:
el dios Enlil en Nipur,
y el dios Samas en Larsa,
el dios Ea en Eridú,
y Sin en Ur, su ciudad.
Gana para siempre un nombre,
una fama que perdure:
¡Cómo golpeó Gilgamés
hasta la muerte a Jumbaba!

Jumbaba estaba escuchando
lo que le decía Enkido,
levantando su cabeza

......   Faltan 40 líneas  ..........      

Abrió Jumbaba la boca
para hablar y dijo a Enkido:
tú que naciste en la estepa,
tú te sientas ante él,
como el pastor de un rebaño;
como un asalariado
sus órdenes obedeces,
mas ahora depende, Enkido,
de ti que sea liberado.
Anda, dile a Gilgamés
que me perdone la vida.

Abrió Enkido la boca
para hablar
y le dijo a Gilgamés:
amigo mío, Jumbaba,
el que vigila en el monte:
mátalo a cuchilladas
y quítale su poder.
Jumbaba, el que vigila
en el monte de los cedros:
mátalo, mátalo ya,
golpéalo hasta la muerte,
y quítale su poder
antes de que el dios Enlil,
el primero entre los dioses,
sepa nuestras intenciones.

Los dioses más importantes
se van a encolerizar
por lo que estamos haciendo:
el dios Enlil en Nipur,
y el dios Samas en Larsa,
el dios Ea en Eridú,
y Sin en Ur, su ciudad.
Gánate por siempre un nombre,
una fama que perdure:
¡Cómo golpeó Gilgamés
hasta la muerte a Jumbaba!

Y Jumbaba, que escuchó
lo que decía Enkido,
levantando su cabeza
y gritando hacia el cielo, 
los maldijo amargamente

 .......  Faltan 7 líneas ........  

Que sufran padecimientos
estos dos, que sus amigos
se avergüencen de ellos,
que no lleguen a ser viejos,
que no entierre nadie a Enkido,
si no es Gilgamés, su amigo.

Abrió la boca Enkido
y le dijo a Gilgamés:
amigo mío, te hablo,
pero tú ya no me escuchas.
Cuando él nos maldecía
 ........
deja que esas maldiciones
caigan, de nuevo, en su boca,
que se vuelvan contra él.
Escuchaba Gilgamés
las palabras de su amigo
y echó mano a su puñal
que llevaba a la cintura.
Y Gilgamés lo clavó
en la nuca de Jumbaba.

Lo azuzaba Enkido,
mientras le sacaba él
el hígado a cuchilladas;
saltó, después, Gilgamés
y cogió, de su cabeza,
los colmillos de trofeo.

La lluvia caía copiosa
y con fuerza sobre el monte.
Su sangre caía copiosa
y con fuerza sobre el monte.

El guardián de aquellos montes
se tambaleó y cayó;
y los barrancos del monte
se llenaron con su sangre.
Jumbaba, que era el guardián,
había caído al suelo.
En leguas a la redonda
se oían sus alaridos.

Y con él mató al Maligno,
al demonio que odia Samas;
.................
los montes liberó él;
al demonio muerte dio,
al vigilante del monte,
a cuyo aullido se abrieron
el Líbano y el Sirara.

Tan pronto como rompió
los siete velos brillantes
que Jumbaba tenía puestos,
bajó a andar por el monte,
y descubrió la morada
más secreta de los dioses.(3)

Gilgamés cortaba cedros
y Enkido los elegía.

Abrió la boca Enkido,
y le dijo a Gilgamés:
amigo, hemos cortado
el cedro de mayor porte,
un cedro con una copa
que se elevaba hasta el cielo.
Voy a hacer de él una puerta
de sesenta codos de alta,
de veinte codos de ancha
y de un codo de grosor.
Sus jambas y sus dinteles,
tanto los que van arriba,
como los que abajo van,
serán de una sola pieza.

Nadie, que sea extranjero,
deberá acercarse a ella;
los dioses se alegrarán.(4)
La llevará el Eúfrates
hasta el templo de Enlil;
que la gente de Nipur
salte de alegría al verla.
El dios Enlil deberá
estar orgulloso de ella.(5)

Armaron, luego, una balsa,
y la cargaron de cedros.
Guiaba la balsa Enkido;
Gilgamés, el que llevaba
la cabeza de Jumbaba.

.................................................

1 Ver nota final E.
2 Tabl. paleobabilónica de Saduppum.
3 Tabl. paleobabilónica de Iscali (Bauer).
4 Tablilla paleobabilónica de Bagdad
5  Idem.

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