Portada
Gilgamés
Introducción
Tablilla I
Tablilla II
Tablilla III
Tablilla IV
Tablilla V
Tablilla VI
Tablilla VII
Tablilla VIII
Tablilla IX
Tablilla X
Tablilla XI
Tablilla XII
Notas Finales
Revista FURTIVO
Ciudadanos del mundo
Navaja-UR
Días de Otoño en Valdecabras
Esculturas de Vicente Marín
Esculturas de Julia
Fotos-Actualidad gráfica
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Fotos de Valdecabras
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Libro de Visitas
 


Cuando llevaban los dos
las veinte leguas andadas
a partir el pan  pararon;
cuando hicieron treinta leguas 
plantaron el campamento;
cincuenta leguas hicieron
en el transcurso de un día;
en tres días recorrieron
lo que se anda en mes y medio.
Ya se iban acercando
al pie del Monte Líbano.

A la caída del Sol
cavaron un pozo, echaron
en sus odres agua fresca.
Gilgamés subió a la cumbre
y esparció harina olorosa
como ofrenda a la montaña:
oh montaña, envíame
un sueño que pueda ver
como una buena señal.

Enkido le construyó
a Gilgamés una choza
para el dios del sueño; luego
la cerró con una puerta
para que quedara fuera
la intemperie; y trazó
un círculo alrededor
y ordenó a Gilgamés
que en ella se acostara;
él mismo se echó en la puerta,
boca abajo, cual cebada 
que se ha tendido en el campo.

Gilgamés se acurrucó,
la barbilla en las rodillas,
y el sueño que se derrama
sobre los hombres cayó
sobre él. A media noche
terminó ya de dormir;
se levantó y, luego, dijo
a su amigo: Amigo mío,
¿Eras tú el que me ha llamado?
¿Eras tú el que me ha tocado?
¿Por qué estoy tan asustado?
¿Ha sido, quizás, un dios
el que ha pasado ante a mí?
¿Por qué tengo, amigo mío,
todo el cuerpo agarrotado?
He tenido, amigo, un sueño.

El sueño que he tenido
era todo confusión:
subíamos, por un barranco,
la cima de una montaña,
cuando una pared de roca
se desprendió hacia nosotros;
nosotros, volando, huimos,
como salen los mosquitos,
de entre los juncos, volando.

El que había nacido
en tierras del altiplano
bien le supo aconsejar;
Enkido le habló a su amigo
y el sueño le explicó:
tu sueño, amigo mío,
es un presagio muy bueno,
es importante tu sueño;
nos predice solamente
cosas muy buenas. Amigo,
la montaña que veías
era el Maligno Jumbaba.
Nosotros lo atraparemos;
mataremos a Jumbaba,
y arrojaremos su cuerpo
lejos, en el campo abierto.
Y a la mañana siguiente
veremos una señal
muy propicia del dios Samas.

Cuando los dos ya llevaban
las veinte leguas andadas,
a partir el pan pararon;
cuando hicieron treinta leguas 
plantaron el campamento;
cincuenta leguas hicieron 
en el transcurso de un día;
en tres días recorrieron
lo que se anda en mes y medio.
Se iban acercando más
al pie del Monte Líbano.

A la caída del sol
cavaron un pozo, echaron
en sus odres agua fresca.
Gilgamés subió a la cima,
y esparció olorosa harina
como ofrenda a la montaña:
¡Montaña!, envíame un sueño,
que yo pueda percibir
como una buena señal.

Enkido le construyó
a Gilgamés una choza
para el dios del sueño; luego,
la  cerró con una puerta
para que quedara fuera
la intemperie; y trazó
un círculo alrededor
y ordenó a Gilgamés
que en ella se acostara;
él mismo se echó en la puerta,
boca abajo, cual cebada
que se ha tendido en el campo.

Gilgamés se acurrucó,
la barbilla en las rodillas,
y el sueño que se derrama
sobre los hombres cayó
sobre él. A media noche
terminó ya de dormir;
se levantó, habló a su amigo:
amigo mío, amigo,
¿Eras tú el que me ha llamado?
¿Eras tú el que me ha tocado?
¿Por qué estoy tan asustado?
¿Ha sido, quizás, un dios
el que ha pasado ante mí?
¿Por qué tengo, amigo mío,
todo el cuerpo agarrotado?
Amigo, he tenido un sueño.

El sueño que he tenido
era todo confusión.
En mi sueño, amigo mío,
se derrumbó una montaña;
me tiró al suelo, caí
de pie en un cenagal
y no podía salir.
Se llenó, después, el día
de claridad cegadora,
y, luego, apareció un hombre;
era el más impresionante
en todo el territorio,
de belleza sin igual.
Él me dio su protección,
a salvo de la montaña,
y me dio de beber agua;
mi corazón intranquilo
se calmó de esa manera;
después me tomó y me puso
otra vez, en tierra firme.

El que había nacido
en las silvestres estepas,
entendió el significado;
Enkido habló a su amigo
y el sueño le explicó:
amigo mío, amigo,
el sueño que has tenido
es un presagio muy bueno,
es importante; nos dice
solamente cosas buenas.
Amigo, iremos al monte,
donde tiene la morada,
de los cedros, el guardián;
él nos será muy hostil;
él es el Malo Jumbaba,
pero allí, en la montaña
que veías, no hay nada
que nos vaya a ser adverso.
¡Venga!, supera ese miedo
que te atenaza ante él.

Se nos aparecerá
con sus auras relucientes,
verás con tus propios ojos
el cadáver del Maligno;
contigo .....
....deprisa ...........
y de ello me alegré .

Y a la mañana siguiente
vamos a ver, del dios Samas,
una propicia señal.

Cuando llevaban los dos
las veinte leguas andadas 
a partir el pan pararon;
cuando hicieron treinta leguas
plantaron el campamento;
cincuenta leguas hicieron
en el transcurso de un día;
en tres días recorrieron
lo que se anda en mes y medio.
Cada vez, más se acercaban
al pie del Monte Líbano.

A la caída del sol
cavaron un pozo, echaron
en sus odres agua fresca.
Gilgamés subió a la cumbre,
y esparció olorosa harina
como ofrenda a la montaña:
¡Montaña!, envíame un sueño
que yo pueda percibir
como una buena señal.

Enkido le construyó
a Gilgamés una choza
para el dios del sueño; luego,
la cerró con una puerta
para que quedara fuera
la intemperie, y trazó
un círculo alrededor 
y ordenó a Gilgamés
que en ella se acostara;
él mismo se echó en la puerta,
boca abajo, cual cebada
que se ha tendido en el campo.

Gilgamés se acurrucó,
la barbilla en las rodillas
y el sueño que se derrama
sobre los hombres cayó
sobre él. A media noche
terminó ya de dormir;
se levantó y le habló
a su amigo: Amigo mío,
¿Eras tú el que me ha tocado?
¿Por qué estoy tan asustado?
¿Ha sido, quizás, un dios
el que pasó junto a mí?
¿Por qué tengo, amigo mío, 
todo el cuerpo agarrotado?
He tenido el tercer sueño.

 El sueño que he tenido
era todo confusión:
rugían los altos cielos,
y la tierra retumbaba,
el día se oscurecía,
las tinieblas empezaron
a descender sobre el suelo;
un relámpago cruzó 
y todo comenzó a arder.
Las llamaradas corrían
quemando a su paso todo;
estaba lloviendo muerte.
De pronto se apagó el fuego,
las llamas fueron ahogadas,
las brasas, que cubrían todo,
se cambiaron en ceniza.

Tú has nacido en tierras altas,
me tienes que aconsejar.

Una vez que hubo escuchado
las palabras de su amigo,
supo dar consejo Enkido
y le dijo a Gilgamés:
el sueño, amigo mío,
es una buena señal,
su embajada es importante.
Nos acercamos, amigo,
al monte cada vez más;
los sueños van a ser muchos;
pronto llegará el combate.

Tú vas a ver los radiantes
resplandores de aquel dios,
de Jumbaba, al que tú temes
en lo hondo de tu ser.
Amagarás tu cabeza
como un toro, obligarás,
con tu fuerza y valentía,
a que incline su testuz.
El hombre viejo que has visto
es un dios muy poderoso,
él es tu padre querido,
el divino Lugalbanda.

Y a la mañana siguiente
veremos una señal
propicia del gran dios Samas.

Cuando llevaban los dos
las veinte leguas andadas
a partir el pan pararon,
cuando llevaban las treinta 
plantaron el  campamento;
cincuenta leguas hicieron
en el transcurso de un día;
en tres días avanzaron
lo que se anda en mes y medio.
Más, cada vez, se acercaban
al pie del Monte Líbano.
 
Cuando caía la tarde
cavaron un pozo, echaron
en sus odres agua fresca.
Gilgamés subió a la cima
y esparció harina olorosa
como ofrenda a la montaña:
oh montaña, dame un sueño
que yo pueda percibir
como una buena señal.

Enkido le construyó
a Gilgamés una choza
para el dios del sueño; luego,
la cerró con una puerta
para que quedara fuera
la intemperie, y trazó
un círculo alrededor,
y le mandó a Gilgamés
que en ella se acostara;
él mismo se echó en la puerta,
boca abajo, cual cebada
que se ha tendido en el campo.

Gilgamés se acurrucó,
la barbilla en las rodillas,
y el sueño que se derrama
sobre los hombres cayó
sobre él. A media noche, 
terminó ya de dormir;
se levantó, habló a su amigo:
amigo mío, amigo,
¿Eras tú el que me ha llamado?
¿Por qué me he despertado?
¿Eras tú el que me ha tocado?
¿Por qué estoy tan asustado?
¿Ha sido, quizás, un dios
el que ha pasado ante a mí?
¿Por qué tengo, amigo mío, 
todo el cuerpo agarrotado?
He tenido, amigo, un sueño.

El sueño que he tenido
era todo confusión.
Veía en el cielo a Anzo ,
el pájaro de los truenos;
subía como una nube,
y volaba, dando vueltas
por encima de nosotros.
Era la imagen exacta
del horror, y daba miedo;
echaba su  hocico fuego,
su aliento era la muerte.

Pero allí estaba también
un hombre, de rara faz;
apareció de repente,
y allí estaba en mi sueño.
Él le ató, luego, las alas,
a mí me cogió del brazo
y me puso lejos de él.
El hombre agarró a Anzo;
 lo tiró al suelo ante mí;
luego desapareció el hombre
y yo estaba sobre Anzo.

Una vez que Enkido oyó
las palabras de su amigo,
supo Enkido dar consejo
y le habló a Gilgamés:
tu sueño es un buen augurio,
importante es su mensaje;
veías en el cielo a Anzo,
el pájaro de los truenos;
se elevó como una nube
y volaba dando vueltas
por encima de nosotros.
Era la imagen exacta
del horror, y daba miedo;
echaba su hocico fuego,
era la muerte su aliento.

Tú vas a sentir temor
de su horrendo resplandor;
yo sujetaré su pata,
para que tú te levantes.
El hombre que allí veías
era el poderoso Samas.
Y Jumbaba, como un dios,
intentará darnos miedo,
pero nosotros, valientes,
antes de que amanezca
entraremos en el monte
y atraparemos a Anzo,
el pájaro de los truenos.
Lo venceremos allí
y le ataremos las alas;
lo abandonará su fuerza,
sobre él nos echaremos.
Y a la mañana siguiente
veremos del Sol, el dios,
un propicia señal.

Cuando llevaban los dos
las veinte leguas andadas
a partir el pan pararon;
cuando hicieran treinta leguas
plantaron el campamento;
cincuenta leguas hicieron
en el transcurso de un día;
en tres días avanzaron
lo que se anda en mes y medio.
Ya se iban acercando
al Monte Líbano, más.

A la caída del Sol
cavaron un pozo, echaron
en sus odres agua fresca.
Gilgamés subió a la cumbre
y esparció harina tostada 
como ofrenda a la montaña:
oh montaña, envíame
un sueño que pueda ver
como una buena señal.   

Enkido le construyó
a Gilgamés una choza
para el dios del sueño; luego,
la cerró con una puerta
para que se guareciera
de la intemperie; y trazó
un círculo alrededor,
y le mandó a Gilgamés
que se acostara en ella;
él mismo se echó en la puerta,
boca abajo, cual cebada 
que en el campo está tendida.
Gilgamés se acurrucó,
la barbilla en las rodillas,
y el sueño que se derrama
sobre los hombres, cayó
sobre él. A media noche,
terminó ya de dormir;
se levantó, habló a su amigo:
amigo mío, amigo,
¿Eras tú el que me ha llamado?
¿Por qué me he despertado?
¿Eras tú el que me ha tocado?
¿Por qué estoy tan asustado?
¿Ha sido, quizás, un dios
el que ha pasado ante a mí?
¿Por qué tengo, amigo mío,
todo el cuerpo agarrotado?
He tenido, amigo, un sueño:
el sueño que he tenido
era todo confusión;
parecía ser el destino,
amenazante y oscuro.
Con un búfalo luchaba;
sus bufidos desgarraban
la tierra ante nosotros;
las grandes nubes de polvo
que levantaba, llegaban
hasta lo alto del cielo
y yo, la rodilla en tierra,
a sus cuernos me agarraba.
Luego, un hombre apareció
de un hermoso semblante;
se apareció en mis sueños
y me cogió de la mano
...............
con sus brazos abrazó
mi cuerpo y lo levantó
por los aires desde el suelo;
él se presentó en mis sueños, .....................
mis ..............................
y me dio agua de su bota.

Después de haber escuchado
las palabras de su amigo,
Enkido supo entender,
del sueño, el significado
y habló a Gilgamés:
 
Tu sueño, amigo mío,
un presagio bueno es,
su embajada es importante.
El Malo contra el que vamos
no era el búfalo salvaje,
era algo muy distinto.
El búfalo que veías
era el reluciente Samas;
si el peligro acechara,
nos tomará de la mano
y, lejos, nos guiará.

El que te dio de beber
de su bota era tu padre,
el divino Lugalbanda
que te tiene en mucho aprecio.
Uniremos nuestras fuerzas
y haremos algo asombroso,
una hazaña que aún
nadie pudo realizar
en el territorio nuestro.

(parece que aquí son atacados por
leones, que logran matar; parece
que Enkido tiene un sueño que presagia
su muerte. Ya en la orilla del bosque,
Gilgamés tiene miedo y Enkido lo anima)

¿Por qué estás llorando, amigo?
¿Por qué tus lágrimas corren?
Tú, retoño que ha brotado
del corazón de Uruk
 .............
ponte ahora y .............. 
Gilgamés, rey y retoño,
del centro de Uruk, nacido
...............

El dios Samas escuchaba
lo que él decía y, al punto,
una voz bajó del cielo:
¡Daos prisa, detenedlo!;
no debe volver Jumbaba
a encerrarse en su bosque,
ya no debe descender
a sus profundas entrañas,
no debe esconderse allí.
Que no se ponga las siete
resplandecientes corazas.
Debéis prenderlo y atarlo.
Ahora lleva una puesta,
las otras seis no las lleva
todavía sobre sí.

Reanudaron el camino
hacia el monte de los cedros;
como enfurecidos toros,
rompieron hacia delante,
a por el feroz Jumbaba.

Rugió por primera vez;
fue horrible; rugió Jumbaba
como un trueno, una vez más,
como el dios de las tormentas
hacía temblar la tierra

 ........ Faltan 25 líneas .....

(parece que Jumbaba se puso
en guardia al oír algún ruido de
Gilgamés y Enkido)

Abrió la boca Enkido
para hablar
y le dijo a Gilgamés:
si logro bajar allí
a las entrañas del monte,
para abrirnos un sendero,
mis brazos se quedarán
del todo paralizados.

Gilgamés abrió la boca
para hablar y dijo a Enkido:
amigo mío, ¿por qué,
hablamos como cobardes?
¿No hemos atravesado 
los montes sin contratiempo?
¿No está, por fin, nuestra meta
delante de nuestros ojos?
Antes de que derribemos
los cedros, Enkido amigo,
que estás probado en la lucha
y  eres experto en combates,
tienes que  frotarte el cuerpo
con hierbas tonificantes,
para no tener, así, 
ningún miedo ante la muerte.

Ruge a plena garganta,
como un brujo en el desierto,
y que tu grito retumbe
como retumba un timbal.
Levanta el ánimo, amigo,
para que desaparezca
la flaqueza de tus brazos,
la flaqueza en tu rodilla.
Dame, mi amigo, la mano,
nos animaremos juntos.
Tu corazón debe arder 
ante el cercano combate.
Rechaza los pensamientos
de la muerte y hallarás
la alegría de vivir.
El que camina delante,
un hombre prudente es;

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