Portada
Gilgamés
Introducción
Tablilla I
Tablilla II
Tablilla III
Tablilla IV
Tablilla V
Tablilla VI
Tablilla VII
Tablilla VIII
Tablilla IX
Tablilla X
Tablilla XI
Tablilla XII
Notas Finales
Revista FURTIVO
Ciudadanos del mundo
Navaja-UR
Días de Otoño en Valdecabras
Esculturas de Vicente Marín
Esculturas de Julia
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El Consejo de Mayores
de la ciudad de Uruk
-El Redil-
le dijo a Gilgamés:
Vuelve sano y salvo al puerto
de nuestra querida Uruk.
No confíes, Gilgamés,
en tu fuerza solamente.
Observa detenidamente,
fíjate bien y, entonces,
golpea con fuerte golpe.
El que por delante va
a su compañero salva,
el que conoce el camino
da protección a su amigo.

Que te preceda Enkido,
pues él conoce el camino
que va al monte de los cedros;
está probado en la lucha,
y es experto en el combate;
por su amigo estará en guardia,
protegerá al compañero;
sano y salvo lo traerá,
de nuevo, Enkido a su hogar,
con sus mujeres amadas.

En esta nuestra asamblea
te hemos confiado al rey
para que tú lo protejas;
debes traerlo de vuelta
y reintegrarlo, otra vez,
a Uruk, entre nosotros.

Gilgamés abrió la boca
para hablar y dijo a Enkido:
ven, amigo mío, ven,
vamos al palacio excelso,
a rendirle pleitesía
a Ninsuna, la gran reina.
Ninsuna es sabia y prudente,
y muy entendida en todo;
nuestros pasos guiará
en la dirección correcta.

Se cogieron de la mano
y Enkido y Gilgamés 
fueron al palacio excelso
a rendirle pleitesía
a la gran reina Ninsuna.
Entró, entonces, Gilgamés
y, poniéndose ante ella,
a Ninsuna así le habló:

Valeroso como soy,
voy a ponerme en camino
hacia Jumbaba, entraré
en encarnizada lucha
con algo desconocido.
Voy a tomar un camino
que no conozco; por ello,
dadme vuestra bendición
para mi viaje tan largo.
Que vuelva a ver vuestro rostro,
que retorne sano y salvo
y alegre de corazón,
por la gran puerta de Uruk.

Al volver, celebraré
la fiesta del Año Nuevo
dos veces; la fiesta, al año,
dos veces celebraré.
Que llegue a tener lugar
la celebración, que se oigan,
fuertes, los gritos de fiesta,
y en la presencia vuestra
que redoblen los tambores.

Y la Gran Vaca Ninsuna,
durante rato escuchó,
con mucha y con honda pena,
las palabras de su hijo,
de Gilgamés, y de Enkido.
Siete veces pasó al cuarto
del lavatorio, y siete
se lavó con tamarisco
y con hierba jabonera.
Se vistió con  ropa fina
para su cuerpo adornar,
y eligió un bello collar 
para adornar su pechera.
Se colocó la corona
y se puso una diadema,
y las hijas del amor
hacia el suelo se inclinaban.

Comenzó a subir escaleras
y subió hasta la terraza,
hasta la alta azotea.
En la terraza hizo arder
el incienso en un brasero.
Con el incienso humeante,
suplicantes, elevó
sus manos hacia el dios Sol:
¿Por qué  has dotado a mi hijo
de espíritu tan inquieto?
Sí, tú has llegado hasta él
y lo has llevado a emprender
el largo camino al monte
donde está el Malo Jumbaba;
lo has llevado a acometer
una lucha con lo ignoto,
a recorrer un camino
para él  desconocido.

Mientras  que dure su viaje
de ida y de regreso,
hasta que logre llegar
al gran monte de los cedros,
hasta que haya derribado
a Jumbaba, el salvaje,
y hasta que haya echado
de este mundo al Maligno,
al que odias tanto tú,
que Aya, tu esposa amada,
te recuerde cada día,
en los que vas caminando
alrededor de la tierra:

Concede la protección
de los guardias de la noche.
Desde que salga  el lucero
 hasta que desaparezca
la estrella de la mañana. 
Oh Samas, tú abres las puertas
para que salga el ganado;
te muestras a los países
 para que crezcan las plantas
y pasten los animales.
Con tu luz las tierras altas
configuran su contorno;
los cielos se vuelven claros;
los animales del campo
celebran tu resplandor.

Cuando se muestra tu luz,
se reúnen las personas;
la asamblea de los dioses
espera a que aparezca
tu resplandeciente ser. 

Aya, tu esposa querida,
que, sin temor, te recuerde:
concede la protección
de los guardas de la noche;
también del dios Luna, Sin.
Durante el tiempo que esté
en camino Gilgamés
hacia el monte de los cedros,
haz que sean los días largos,
que sean cortas las noches.
Que su cíngulo esté
bien ceñido a sus riñones,
que sus pasos sean seguros.
Y, cuando llegue la noche,
que instalen el campamento.
Que sea reparador
su sueño cuando, de noche,
se echen a descansar.

Que Aya, tu esposa amada,
te recuerde sin temor:
cuando Gilgamés y Enkido
se enfrenten a Jumbaba,
oh Samas, que se desaten
los vientos de temporal:
el  viento sur, el del norte,
el solano y el poniente, 
el viento del mal oraje,
el viento de la ventisca,
el huracanado viento,
el viento de la tormenta,
el viento del remolino,
el de la peste, y la escarcha,
el de la nieve, y el viento
de la arena del desierto.
 
Que se levanten los trece
vientos, y que se ensombrezca
la faz de Jumbaba, el Malo,
que el arma de Gilgamés
dé con Jumbaba en el suelo.

Cuando tu rojizo fuego
se haya desparramado:
vuelve tu rostro, oh Samas,
a aquellos que te imploran.

Que te lleven en volandas
las mulas de pies ligeros;
que tengas, después del día,
asiento reparador
y cama para la noche.
Que los dioses, tus hermanos,
te sirvan buena comida
para tu mejor contento.
Que Aya, tu esposa amada,
te limpie el sudor de la frente
con la orilla del vestido.

Por segunda vez Ninsuna,
la Gran Vaca, elevó
a Samas su oración:

Oh Samas, ¿es que no va
a sentarse Gilgamés
en el cielo con los dioses?
¿Por qué no va a compartir
el cielo, en tu presencia?
¿Es que no va a ser él sabio,
como, también, lo es Ea,
cuando esté en el océano
de las aguas más profundas?
¿No va a reinar con Irnina                                                                    sobre los cabezas negras?1
¿No va a estar, con Ningiscida,
en el País Sin Retorno?

Haz que llegue sano, oh Sol,
al final de su camino,
que no tenga contratiempo
en el monte de los cedros;
que los dioses principales,
que tienen su trono allí,
protejan a Gilgamés
hasta que mate a Jumbaba,
y corte el cedro mayor
para una puerta en Nipur.

Cuando terminó Ninsún,
al dios Samas, de implorar,
Ninsún, la Vaca Salvaje,
que era sabia y prudente
y que entendía de todo,
la madre de Gilgamés,
bajó sus manos alzadas,
apagó, luego, el brasero 
y bajó de la terraza;
llamó a Enkido ante sí,
le confió su voluntad:

Valeroso Enkido, tú
no has salido de mi vientre,
sin embargo, desde ahora,
pertenecerá tu estirpe
a la de aquellos que están
a Gilgamés dedicados
en el Templo; a la estirpe
de las esposas sagradas,
a la de las mujeres santas,
las hijas del amor divinas,
y a la de los servidores.

Yo te pongo, Enkido mío,
la marca de la obediencia,                                                                mis insignias, en tu cuello.

Las esposas te acogieron
como a un ser abandonado,
y las hijas del amor,
como a un desamparado.
Oh Enkido, hijo mío,
yo te confío a Gilgamés;
él te elegirá a ti
entre todos los que tienen
su vida a él dedicada.

Y también le recordó:
mientras que estéis en camino
hacia el monte de los cedros,
que los días sean largos,
que sean cortas las noches,
y que estén vuestras cinturas
bien ceñidas, y que sea
vuestro caminar seguro.
Y cuando llegue la noche,
levantad el campamento,
que los guardias de la noche
os concedan protección,
que sea reparador
el sueño cuando, de noche,
os echéis a descansar.

Y Enkido le respondió
a la Gran Vaca, Ninsuna:
mi hermano es Gilgamés,
y yo lo protegeré.
Hasta donde quiera ir
su corazón, iré yo;
prometo no abandonarte,
hasta que esté, de su viaje,
de vuelta en mi compañía.
Y yo lo acompañaré
hasta el monte de los cedros,
aunque un mes durase el viaje,
y aunque un año durase,
no lo abandonaré nunca.
Mi amigo es Gilgamés.
Su amigo lo guiará
hasta que llegue a la entrada
del gran monte de los cedros,
donde reside Jumbaba.

Enkido, en el templo excelso
hizo ofrendas al dios Samas
y a la princesa Istar.
Gilgamés en el palacio
quemó incienso y enebro
a Lugalbanda, su dios.
Los servidores reales
estaban allí presentes,
le daban la bendición.
Los primeros de entre ellos
impartían los consejos,
la despedida le daban
.........   ...........   ......

Por decisión del dios Samas
alcanzaréis vuestra meta,
lo que os habéis propuesto.
En la puerta de Marduk
quemaremos el incienso
y sobre el pecho del agua
os recordará el barquero
...............
La espalda............
en la orilla
del monte de los cedros
No.................
Gilgamés.............y Enkido ..
Después de andar veinte leguas
deberéis cocer el pan.
.............      ............     .............    
...............   faltan 30 líneas ......

Gilgamés abrió la boca
y dijo a sus oficiales:
durante los días que dure
nuestro viaje de ida y vuelta,
hasta que hayamos llegado
al gran monte de los cedros,
hasta que hayamos matado
a Jumbaba, el salvaje,
hasta que hayamos echado
fuera del mundo al Maligno,
al que odia tanto Samas,
 ..........      ............     ...
Los que sirven en palacio
no deberán reunir
a jóvenes en la calle.
Debéis impartir justicia
en asuntos de los pobres,
indagad  prontos las causas
antes de decir sentencia,
en el tiempo que tardemos
en conseguir, como niños,
aquello que anhelamos,
y hasta que echemos abajo,
con nuestras armas, la puerta
de Jumbaba, el guardián.

Los servidores reales
estaban allí, junto a ellos,
les daban la despedida;
los jóvenes de Uruk corrían
junto a ellos, en tropel,
los lacayos y oficiales
los pies les iban besando:

Vuelve sano y salvo al puerto
de Uruk - la de La Explanada-.
No confíes solamente
en tus fuerzas, Gilgamés;
observa detenidamente,
luego, golpea con fuerza.
El que por delante va
a su compañero salva,
el que conoce el camino
da protección a su amigo.

Que Enkido vaya delante,
él sabe el camino recto
que va al monte de los cedros.
Él sabe qué es el combate
y está probado en la lucha;
ha cruzado muchas veces
collados en las montañas;
él velará por su amigo,
guardará a su compañero.
Enkido te devolverá,
sano y salvo, a tu hogar,
con tus mujeres amadas.

En esta nuestra asamblea
te hemos confiado al rey;
tú lo deberás traer,
de regreso, entre nosotros.

Abrió la boca  Enkido
para hablar
y le dijo a Gilgamés:
amigo, piénsalo bien;
no hagamos este viaje                                                         .........faltan 10 líneas     ......                                            
Pero ya que lo has pensado,
que comience el viaje ahora.
Ya no debes tener miedo,
vuelve tus ojos a mí.
Yo conozco su escondite
en el monte y los senderos
por los que anda Jumbaba.
Háblale a la muchedumbre
y que se vaya a sus casas.
 
Gilgamés abrió la boca
para hablar y dijo, luego,
a la gente reunida
en Uruk, en La Explanada:
ningún muchacho de Uruk
deberá venir conmigo,
yo los confío a vosotros.

La gente volvía a sus casas
con  el corazón alegre,
después de haber escuchado
lo que dijo Gilgamés.

Los jóvenes proclamaron
un deseo para su viaje:
parte, Gilgamés, con suerte,
que consigas lo que anhelas.
Que te preceda tu dios.
Que Samas, el dios, te ayude
a que consigas tu meta.

Y Gilgamés y Enkido
se pusieron en camino.(2)
........................
...............................   
(1) En la tradición babilónica antigua, el epíteto
     "cabezas negras" era sinónimo de "hombres".
(2) Tablilla paleo babilónica de Yale.

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