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Tablilla IX
Tablilla X
Tablilla XI
Tablilla XII
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Los relatos sumerios
Gilgamés y Aga de Quis
Gilgamés y Jumbaba
Gilgamés y el Toro del Cielo
Gilgamés y el Submundo
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                                                      El dios Enqui  (sumerio), el dios Ea (acadio)

.......................................................................................................................................................................................................................

En breve estará aquí el relato "Enqui y el orden del mundo"

  Enqui, el señor de las aguas.


 Señor en el mundo entero,

desde siempre soberano,

oh dios Enqui, el venerable,

el más sabio de los dioses,

poderoso como un toro,

árbol plantado en la orilla

de las aguas pantanosas,

que se alza como un dragón

y da sombra al mundo entero;

un huerto cuya arboleda

tiene ramas extendidas

por la ancha faz de la tierra;

el más poderoso aquí,

cuyo palacio altivo,

al borde de la laguna,

no tiene par en la tierra;

con un gesto de sus ojos

puede mover las montañas

de las que bajan los toros,

los ciervos y jabalíes.

Hasta las verdes praderas,

los precipicios del monte

y hasta los rojizos cielos,

cual impenetrable red,

llega su clara mirada,

penetrante como flecha,

como la flecha de caña.

 

Es el que ordena los días

y el que dispone los meses

hasta completar el año;

sólo con abrir su boca

hace que las plantas crezcan

y que llegue la opulencia

hasta las últimas ramas

que, rebosantes de frutas,

son adorno y enriquecen

las montañas de los dioses;

parece su compostura

como un árbol en el monte,

como un vestido de lana;

selecciona las ovejas

que adornan y enriquecen

los pastizales abiertos

y cuando los amplios campos

han sido laboreados,

a tu (¿su?) orden se cosechan

enormes cinas de mies

y grandes peces de grano. 

Los ganados, en sus redes,

dan la leche apetecible

y cantan los pastorcillos

mientras el pastor mayor

hace queso en su quesera;

distribuye los productos

en ricas mesas dispuestas

para que coman los hombres;

su recia palabra llena

de fuerza al joven varón

que embiste como los toros

y arranca la tierra misma

con la fuerza de sus cuernos,

y de encantadora gracia

a las jóvenes mujeres

que engalanan su cabeza

para alborozo de todos.

En el momento oportuno

establece los destinos,

el transcurrir de los días,

la ordenación de los meses;

hace que en el cielo anden

miles y miles de estrellas

cuyo nombre él conoce;

ha instalado a los hombres

en sus casas y cabañas

y cuida que sean felices;

ha hecho, también, que los hombres

dejen en casa sus armas

y puedan vivir en paz;

va recorriendo la tierra

sembrada de cereales

para que dé ricos granos;

va visitando majadas

y las ovejas preñadas

paren gordos corderillos,

las vacas gruesos terneros,

y cabritillos las cabras

......

cuando visita los campos,

los campos de pan llevar,

reúne los cereales

en grandes cinas y peces[i];

si va por los eriales,

renacen en verdes pastos.

Con razón pudo decir:

“el rey del mundo, mi padre,

me concedió el primer rango

dentro del gran universo;

mi hermano, el rey de la tierra,

me dio todos los poderes,

y, desde su templo allí,

en Nipur, los he traído

hasta Eridú, mi morada;

soy el nacido del Toro,

soy el terrible huracán

que ha salido de la tierra;

soy el señor del país,

creador de la opulencia;

soy el centro de la tierra,

arropado por los cielos

y mi hermano mayor es

el Sol que, desde la altura,

me ayuda en mi cometido

para que (con) mis poderes

pueda fecundar la tierra

y repartir los oficios

a los hombres en sus tierras.

Recorreré los lugares

para fijar los destinos

hasta el confín de la tierra;

siguiendo mis directrices

se han hecho los pesebres

para que coman las mulas

y cercado las tinadas

para guardar el ganado;

si toco el alto cielo,

éste chorrea la lluvia

de la mayor abundancia;

si toco las tierras altas

tiene lugar la crecida;

si toco los labrantíos

se cosechan grandes cinas

y grandes peces de grano;

he edificado mi casa

en la orilla de un pantano

y su sombra bondadosa

se esparce por la laguna

en la que, entre plantas bellas,

se agitan los pececillos,

y las plateadas carpas

van meneando sus colas

entre las menudas cañas,

mientras que los pajarillos

gorjean atropellados

alrededor de sus nidos;

los que cuidan mi palacio

guardan silencio ante ellos

y las divinas muchachas

se bañan en aguas claras

y cantan dulces canciones

que llenan de vida el lago.

 

Allí tengo yo una barca

con un carnero en su proa

que, sobre las aguas mansas,

lleva a los enamorados;

el agua mece sus lados (flancos)

y los expertos remeros

cantan canciones antiguas

que hasta la orilla se alegra;

y el capitán del navío

levanta su vara de oro

para gobernar mi barca

-la del carnero en la proa-

y me transporta ligero

sobre las aguas tranquilas

de la sagrada laguna,

allí donde quiero ir;

en Eridú he levantado

mi casa, mi santuario,

y un destino afortunado

le he reservado en Sumeria;

sobre estas aguas dormidas

se extiende su sombra dulce

y, entre las pequeñas plantas,

mueven sus bocas los peces

y las carpas, entre cañas,

sus colas blancas agitan.

Yo, el señor, voy a partir

y recorreré mis tierras

y estableceré el destino:

De Dilmun, la deseada,

los mares recorrerán

los navíos bien cargados

de dátiles y otros frutos

y transportarán los ríos

oro y plata de Meluja;

a los que no tienen casa

les repartiré el ganado.

Voy a visitar Sumeria;

dejaré anclada la barca

junto a las pequeñas cañas

entre las que raudas carpas

sin cesar menean sus colas;

allí, junto a la laguna,

elevaré el estandarte,

la sombrilla protectora,

para los hombres sumerios,

y este país de Sumeria,

de una luz indefectible,

de corazón insondable,

de poder inaccesible,

enseñará a las naciones,

desde oriente hasta occidente,

mi habilidad inventora;

.............

en la casa de Sumeria

se edificarán tinadas

e innumerables rediles

y su ganado menor

sin fin se acrecentará;

los apriscos serán muchos

y tu (¿su?) ganado menor

no tendrá quien lo recuente;

tus torres se elevarán

altas, hasta el cielo “azul”,

donde los dioses mayores

establecerán destinos;

oh Sumeria, gran país,

........

............

Luego, camina hasta Ur,

la ciudad sagrada y santa,

y establece su destino:

en todo, ciudad perfecta,

cuyos pies besan las aguas;

claro otero en el camino,

alta como una montaña

para dominar la tierra;

bosquecillo embalsamado,

dulce sombra desplegada

con los más grandes poderes;

Enlil pronunció tu nombre

sublime, ante el universo.

 
Luego se fue hasta Meluja

y le establece el destino:

serás un país sombrío,

con frondosas arboledas;

con tus árboles nativos

se fabricarán las sillas

de las estancias reales

y con tus nativas cañas

se fabricarán las flechas

que los valientes guerreros

lanzarán en la batalla;

tus toros serán terribles,

y similar su mugido

al de los toros montunos;

para ti los grandes dioses

dispusieron gran poder;

tus francolines tendrán

las plumas de cornalina,

los pavos serán tus aves,

cuyos gritos llenarán

los palacios de los reyes;

de oro será tu plata

y bronce será tu cobre;

grande será tu abundancia,

cuya (¿y tu?) gente crecerá

y parecerán tus hombres

un toro para los otros.

.............

Dará al país de Magán

los más hermosos navíos

y a Dilmun, purificado,

lo confía a Ninsiquila

y a su templo principal

le concede las lagunas

para que coman sus peces;

a sus tierras de cultivo

le otorga los palmerales

para que sus habitantes

coman sus dátiles dulces.


Sólo de los territorios

de Marjasi y del Elán,

guerreros devoradores,

decide que se destruyan

los fortines y moradas,

y que se lleve su oro,

su lapislázuli y plata,

y cualquier otro tesoro,

a Enlil, rey del universo,

en su templo de Nipur.

Y a los que no tienen nada,

ni ciudadelas ni casas,

a los Martos les concede,

en el reparto, el ganado.


Apartando su atención

de todos estos lugares,

la pone, luego, en el río

Eúfrates y, a sus pies,

alza su verga, eyacula

y llena el río de agua

brillante (como la espuma),

como la vaca en el prado,

que muge por su ternero

que ha quedado en el establo.

Luego se dirige al Tigris,

que se somete ante él,

y como toro impaciente,

con su verga levantada,

le da el regalo de bodas,

y como un gigante uro,

que está a punto de saltar,

hace disfrutar al Tigris (al río);

y el agua, así producida,

era brillante y suave

y embriagadora a la vez.

El grano que producía

(este brillante caudal)

era muy denso y muy bueno,

y así llenó de riquezas

la morada de Enlil,

y Enlil se regocijó

y  Nipur estuvo alegre.


Con la corona en su sien

tocó, con su mano izquierda,

el suelo y la opulencia

brotó de la tierra toda;

es el que empuña la vara

con su gran mano derecha

y el que dice las palabras

para que logren mezclarse

el Eúfrates y el Tigris,

haciendo que, de su templo,

brote la prosperidad,

que rezuma como aceite.


Y el rey y señor del Apsu,

Enqui, que da los destinos,

a Embilolo le encargó

el cuidado de los ríos;

se ocupó de la laguna

y de sus cañaverales

y llenó con abundantes

peces el inmenso lago,

poblando el cañaveral

de cañas secas y tiernas.
..............
........

Tras realizar estas cosas,

allí, en el cañaveral,

en plenas aguas erige

un santuario precioso,

un templo de fantasía

de laberíntica planta,

cuya base se parece
a las estrellas Pegaso,

mientras que la parte alta

se asemeja a la Galera;

rodeado por el mar,

su brillo era divino

y al que ni los grandes dioses

se atrevían a aproximarse;

allí estableció su morada

y, en este marino templo,

los Anuna levantaron

elevada pasarela

que a su entrada conducía.

y así, para el gran señor,

el príncipe del E-Cur,

llena el templo de riquezas

y Enlil, gracias a Enqui,

se alegraba, y en Nipur

el alborozo reinaba.
...........

Al cuidado de su templo

y encargada de los mares

pone a la señora Nanse,

la señora del Sirara,

la inmensa ola marina,

la marejada y corriente,

del fondo del mar surgida;

después convoca a la lluvia,

a las aguas celestiales,

y las coloca en lo alto

flotando en forma de nubes,

haciendo retroceder,

hasta el lejano horizonte,

al viento que las transporta

para convertir los campos,

de eriales abrasados,

en campos de cereales;

encargado de la lluvia

nombra (al bueno) de Iscur,

el amo de la abundancia,

jinete de tempestades,

el que cierra con su tranca

los celestiales estanques.

Luego, prepara el arado

con el yugo y con la yunta,

yunta de cornudos bueyes

para abrir el noble surco

y hacer crecer cereales

en los campos cultivados;

y fue al señor adornado

con la corona de espigas,

a Enquindo, el hacedor

de las acequias y surcos,

al que nombra su patrono;

después se vuelve hacia el campo,

a la tierra cultivada,

y la abastece de grano,

de habichuelas y lentejas;

hace crecer las gavillas

y los molinos de piedra

y, en beneficio de Enlil,

esparce por las comarcas

la opulencia (del país);

como encargado del grano

- del cereal y grufalla –

nombra al buen pan, a Asnán. (1)

Luego asegura la azada,

con las cuerdas, al astil

y compone, con las tablas,

el molde de los adobes

y, como si queso fueran,

va cortando los adobes;

y al dios de la hazada doble,

como bífida culebra,

al que ordena los adobes,

a Culla -el que amasa el barro-,

lo nombraba su patrón.

Después estira la piola

para trazar los cimientos

y, diseñando una casa,

ordena que se hagan zanjas

para construir los cimientos

y colocar sobre ellos

los adobes moldeados;

de estos edificios firmes,

que no se derrumbarán,

y cuyos andamios tocan

el cielo, como arco iris,

nombra encargado a Musdama,

el gran albañil de Enlil.


Después se vuelve hacia el llano

y, sobre la gran llanura,

pone una noble corona

y, sobre la estepa seca,

extiende un manto de verde

y, en la orilla de este manto,

una diadema de azul,

dotando a la tierra fértil

de hierbas amontonadas;

en estas verdes campiñas

hace crecer los rebaños

y los instala a su gusto

para que oveja y carnero

entre el pasto se apareen;

de la vida del ganado (pastoril)

nombra encargado a Sacán,

el señor de la llanura,

el campeón de los montes,

corona de la llanura

y león de las estepas.

 
Después construye tinadas

y establece su función,

delimitando majadas

a las que dota de leche,

de leche cremosa y blanca,

quedando así abastecido

el comedor de los dioses,

y la vida placentera

se instala en la verde estepa;

y patrón de los pastores,

nombra al yerno del dios Sin,

proveedor del E-Ana,

a Dumuzi Usungalana,

amigo del dios Anón

y el amarte de Inana,

la que difunde el amor

por las calles de Culaba;

de esta manera quedó

de bienes lleno el E-Cur,

la residencia de Enlil,

de lo que el dios se alegró

y en Nipur hubo alegría.

 
Luego establece el catastro

marcando el suelo con varas

y establece, en la ciudad,

el sitio de las moradas

de los dioses Anunacos

y su dominio en los campos;

y de todo el universo

nombra a Samas encargado,

al dios Uto, el campeón;

y al campeón de los cielos,

al león rugiente, al toro

que, orgulloso y bien plantado,

ostenta su gran poder;

padre de la gran ciudad,

heraldo del sagrado Anón,

al juez que dicta sentencias

por todos los (grandes) dioses,

al que, adornado con barba

de lapislázuli piedra,

sube desde el horizonte

hasta lo alto del cielo,

a Uto, de Ningal hijo,

es al que nombra encargado

del (infinito) universo.


Entonces, tendió la urdimbre                                                                                                                                                                                                        y dispuso (bien) la trama,

y logró la perfección

de este quehacer femenino;

gracias a él, desde entonces,

se hicieron bellos vestidos,

adorno de los palacios

y ornamento de los reyes;

a la fiel y silenciosa,

a Uta, nombró patrona.

 
Entonces , aquella diosa,

la que nada recibió,

la joven mujer Inana

fue al encuentro de su padre

y, entre lágrimas, a Enqui,

alborotada, le dijo:

de entre todos los Anunos,

los grandes dioses, Enlil

te ha dado la libertad

de determinar destinos;

¿por qué a mí, a la mujer,

no me has dado el mismo trato?

¿por qué solamente a mí?

Yo, la sagrada Inana,

¿qué cometidos tendré?

La hermana de Enlil, Arura,

Ninta, patrona del parto,

como emblema de partera

recibió el sagrado adobe,

(le dio el adobe sagrado?)

signo del alumbramiento;

tiene en su poder el corte

del cordón umbilical

y recibió, para ello,

cuchilla de silex, vara

y el vaso y fuente sagrados;

ella, así, se ha convertido

en comadrona del mundo

y a ella se ha confiado

el nacimiento de reyes.

 
Mi otra sublime hermana,

la sagrada Ninisina,

recibió la piedra “suba”,

con lo que se convirtió

en hieródula de Anón;

a sus deseos se acuesta

y él le dice, en alta voz,

todo aquello que desea.

(lo que su corazón quiere?)

 
Mi noble hermana, Nimaj,

recibió el cincel de oro

junto al martillo de plata;

así mismo, recibió

cuchillo de pedernal

para labrar la madera;

artesana del metal

y de la (noble) madera

se ha convertido, así,

dentro de nuestro país,

en la que corona reyes

y les ciñe la diadema.

 
Mi noble hermana, Nisaba,

ha recibido la regla

de medir y, junto a ella,

el patrón de lazulita

por ella es custodiado;

ella difunde el poder

y establece las fronteras;

se ha convertido, así,

en secretaria del mundo

y a ella se han confiado

las cuentas de la comida,

la pitanza, de los dioses.

 
A Nanse, la gran señora,

a cuyas plantas se posa

la mismísima lechuza,

la ha convertido en vigía

de los productos del mar

y es ella la que presenta,

a Enlil, su padre en Nipur,

los suculentos pescados

y las aves más selectas.

 
A mí, que soy la mujer,

no me has dado el mismo trato;

¿por qué a mí, sólo a mí?

Yo, la sagrada Inana,

¿qué función voy a tener?

Y Enqui responde a Inana

a su hija, la sagrada:

¿qué se te ha negado a tí?

¿qué se te ha negado, Inana?

¿qué más te podría dar,

oh, Inana, mujer joven,

¿qué se te ha negado a tí?

¿que más te podría dar?

Tú eres la que proclama
......
para ti se ha dispuesto
..........
para que ...

tú te pones el vestido

de la fuerza varonil;

tú pregonas las palabras

que es necesario decir;

tú ostentas el bastón

y el cayado pastoril.

¿qué se te ha negado, entonces,

oh joven mujer, Inana?

Tú eres la que prepara

y anuncia guerra y batallas;

tú, en el fragor del combate,

dices las irreparables,

terroríficas palabras;

tú tuerces lo que es derecho

y enderezas lo torcido;

tú te cubres con ropajes

y vestidos de buen lino;

tú que hilas con el huso

y urdes la lana suave

con los hilos de colores;

tú amontonas las cabezas

decapitadas, cual polvo,

o las esparces, cual grano;

tú barres sobre la tierra

lo que no ha de ser barrido

y “arrancas”, con el tambor,

el manto que la recubre,

y tú guardas, en su estuche,

oh joven mujer, Inana,

a “tigi” y “adaj” contentos

y nunca desapareces

de la mirada de aquellos

que son tus admiradores.

¿Acaso, joven mujer

Inana, no sabes tú

atar la cuerda del zaque

de los pozos más profundos?


Y el corazón de Enlil

se desbordó en ese instante,

rebosó su corazón

y en el país puso el orden;

dado que su corazón

rebosa benevolencia

hacia los hombres, Inana,

no quieras trabas poner
 ...................
...............
i]  En La Mancha conquense se denominan “cinas” a las hacinas y peces a los montones alargados de grano de cereal o mies trillada.


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