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Gilgamés
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La Epopeya de Gilgamés
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Tablilla II
Tablilla III
Tablilla IV
Tablilla V
Tablilla VI
Tablilla VII
Tablilla VIII
Tablilla IX
Tablilla X
Tablilla XI
Tablilla XII
Notas Finales
Los relatos sumerios
Gilgamés y Aga de Quis
Gilgamés y Jumbaba
Gilgamés y el Toro del Cielo
Gilgamés y el Submundo
La Muerte de Gilgamés
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El Diluvio sumerio
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                                     GILGAMÉS  Y  EL  SUBMUNDO

1.-En aquellos días, en aquellos lejanos días,
en aquellas noches, en aquellas noches remotas,
en aquellos años, en aquellos lejanos años;
en aquellos tiempos, cuando las cosas necesarias
fueron traídas a la existencia,
en los días de antaño, cuando al comienzo de los tiempos
fueron procuradas las cosas necesarias,
cuando al principio de los tiempos
fue probado el pan en los templos del país,
cuando los hornos en la tierra hicieron su trabajo,
cuando los cielos fueron separados de la tierra,
cuando la tierra estuvo bien delimitada con los cielos,
cuando el nombre de la humanidad estuvo bien establecido,
cuando Anón eligió los cielos para sí mismo,
cuando Enlil eligió la tierra para sí mismo,
cuando el Submundo le fue entregado a Eresquigal como regalo;
cuando  él se hizo a la vela, cuando él se hizo a la vela,
cuando el padre se hizo a la vela hacia el Submundo,
cuando Enqui se hizo a la vela hacia el Submundo,
contra el rey se levantó una tormenta de granizo fino,
contra Enqui se levantó un turbión de granizo grueso;
los finos eran como chispas de martillo,
los gruesos eran como piedras de onda;
la quilla de la pequeña barca de Enqui se tambaleaba
como si hubiera sido golpeada por tortugas,
las olas en la proa levantaban la barca
para devorar al rey como lobos,
y las olas en la popa de la barca
arremetían contra Enqui, como un león;
 
27.- en aquel tiempo, había allí un árbol solo,
un árbol de acacia solo, un árbol solo,
que crecía en la ribera del limpio Eúfrates,
y era regado por el Eúfrates;
la fuerza del viento del sur lo derribó
y lo despojó de sus ramas, y el Eúfrates
lo arrancó y lo lo arrastró lejos;
una mujer, respetuosa con las palabras de Anón,
iba andando por allí;
una mujer, respetuosa con las palabras de Enlil,
iba andando por allí y recogió el árbol
y lo llevó a Uruc, al fastuoso jardín de Inana; 
36.- la mujer plantó el árbol con sus pies y no con sus manos,
la mujer lo regó usando sus pies y no sus manos;
se dijo: ¿cuándo llegará éste a ser un lujurioso sillón
en el que yo pueda tomar asiento?
y volvió a decir: ¿cuándo llegará éste a ser una cama lujuriosa
en la que yo pueda yacer?
cinco años, diez años pasarán hasta que se haga grande;
su corteza, sin embargo, no está dañada.
 
En sus raíces, una culebra inmune a los sortilegios
hizo ella misma un nido;
en sus ramas el pájaro Anzo crio a su polluelo;
en su tronco la muchacha fantasma
construyó una morada con sus manos,
la muchacha que ríe desde su corazón alegre;
pero la sagrada Inana gritó;
 
  47.- cuando empezó a amanecer,
cuando el horizonte se empezó a iluminar,
cuando los pajarillos, con la aurora,
comenzaron a cantar, cuando el Sol dejó su alcoba,
su hermana, la sagrada Inana, dijo al Sol, al joven guerrero:
hermano mío, en aquellos días cuando se determinó el destino,
cuando la abundancia rebosaba en la tierra,
cuando Anón eligió los cielos para sí mismo,
cuando Enlil  eligió la tierra para sí mismo,
cuando se dio el Submundo a Eresquigal, como regalo;
cuando él se hizo a la vela, cuando se hizo a la vela,
cuando el padre se hizo a la vela hacia el Submundo,
cuando Enqui se hizo a la vela hacia el Submundo,
se desató contra el señor una tormenta de finos granizos,
se desató contra Enqui un turbión de granizos gruesos;
los finos eran como chispas de martillo,
los gruesos eran como piedras de una honda;
la quilla de la pequeña barca de Enqui se tambaleaba
como si hubiera sido golpeada por tortugas,
las olas en la proa de la barca la levantaban
para devorar, como lobos, al señor
y las olas en la popa de la barca
atacaban a Enqui, como si fueren leones.
 
70.- En aquel tiempo, allí había un árbol solo,
un árbol de acacia solo, un árbol solo;
crecía en la ribera del puro Eúfrates
y era regado por el Eúfrates;
la fuerza del viento del sur lo derribó
y lo despojó de sus ramas,
y el Eúfrates lo arrastró y lo llevó lejos;
yo, una mujer respetuosa con las palabras de Anón,
iba andando por allí;
yo, una mujer respetuosa con las palabras de Enlil,
iba andando por allí
y recogí el árbol y lo llevé a Uruc, al fastuoso jardín de Inana; 
79.- yo, la mujer, planté el árbol con mis pies y no con mis manos,
yo, Inana, lo regué usando mis pies y no mis manos;
ella dijo: ¿cuándo llegará éste a ser un lujurioso sillón
en el que yo pueda tomar asiento?
y volvió a decir: ¿cuándo llegará éste a ser una cama lujuriosa
en la que yo pueda yacer?
cinco años, diez años pasarán hasta que se haga grande;
su corteza, sin embargo no está dañada;
 
En sus raíces, una culebra inmune a los sortilegios
hizo ella misma un nido;
en sus ramas el pájaro Anzo crio a su polluelo;
en su tronco la muchacha fantasma
construyó una morada con sus manos,
la muchacha que ríe desde su corazón alegre;
pero la sagrada Inana gritó;
su hermano, el joven guerrero Uto, sin embargo
no se levantó, se despreocupó de su asunto;
 
91.- cuando empezó a amanecer,
cuando el horizonte se empezó a iluminar,
cuando los pajarillos, con la aurora,
comenzaron a cantar, cuando el Sol dejó su alcoba,
su hermana, la sagrada Inana, dijo al guerrero Gilgamés:
hermano mío, en aquellos días cuando se determinó el destino,
cuando la abundancia rebosaba en la tierra,
cuando Anón eligió los cielos para sí mismo,
cuando Enlil  eligió la tierra para sí mismo,
cuando se dio el Submundo a Eresquigal, como regalo;
cuando él se hizo a la vela, cuando se hizo a la vela,
cuando el padre se hizo a la vela hacia el Submundo,
cuando Enqui se hizo a la vela hacia el Submundo,
se desató contra el señor una tormenta de finos granizos,
se desató contra Enqui un turbión de granizos gruesos;
los finos eran como chispas de martillo,
los gruesos eran como piedras de una honda;
la quilla de la pequeña barca de Enqui se tambaleaba
como si hubiera sido golpeada por tortugas,
las olas en la proa de la barca se empinaban
para devorar, como lobos, al señor
y las olas en la popa de la barca
atacaban a Enqui, como leones;
 
114.- en aquel tiempo, había allí un árbol solo,
un árbol de acacia solo, un árbol solo,
creciendo en la ribera del puro Eúfrates,
siendo regado por el Eúfrates;
la fuerza del viento del sur lo derribó
y lo despojó de sus ramas,
y el Eúfrates lo arrancó y lo arrastró lejos;
yo, una mujer respetuosa con las palabras de Anón,
iba andando por allí;
yo, una mujer respetuosa con las palabras de Enlil,
iba andando por allí
y recogí el árbol y lo llevé a Uruc, al fastuoso jardín de Inana; 
123.- la mujer plantó el árbol con sus pies y no con sus manos,
Inana lo regó usando sus pies y no sus manos;
ella dijo: ¿cuándo llegará éste a ser un lujurioso sillón
en el que yo pueda tomar asiento?
y volvió a decir: ¿cuándo llegará éste a ser una cama lujuriosa
en la que yo pueda yacer?
cinco años, diez años pasarán hasta que se haga grande;
su corteza, sin embargo no está dañada;
 
en sus raíces, una culebra inmune a los sortilegios
hizo un nido ella misma;
en sus ramas el pájaro Anzo crio a su polluelo;
en su tronco la muchacha fantasma
construyó con sus manos una morada,
la muchacha que ríe desde el corazón alegre;
pero la sagrada Inana gritó;
su hermano, el joven guerrero Uto, sin embargo
no se levantó, se despreocupó de su asunto;
 
136.- Él se puso en el cinto su espada  de 50 minas de peso,
y la ciñó a su cintura; 50 minas eran para él como 30 siclos;
tomó en su mano su hacha de bronce,
la que usaba para las expediciones,
la cual pesaba siete talentos y siete minas
y mató a la culebra, inmune a los sortilegios,
que vivía en sus raíces;
el pájaro Anzo, que vivía en sus ramas,
tomó su cría y voló a las montañas;
la mujer fantasma, que vivía en el tronco
abandonó su escondite  y buscó refugio en la estepa;
en cuanto al árbol, él lo taló y le cortó las ramas,
mientras que los hijos de su ciudad, que con él vivían,
separaron las ramas y las amontonaron;
él lo entregó a su sagrada hermana Inana para su sillón;
él se lo entregó a ella, para su cama;
en cuanto a él, hizo un bolo de sus raíces
y de sus ramas preparó su palo;
 
151.- él jugaba a los bolos en la amplia explanada,
nunca paraba de jugar y él se ufanaba de sí mismo
en la amplia explanada, sin dejar nunca de alabarse;
     
            (un manuscrito de Ur añade: 
            los jóvenes de su ciudad jugaban a los bolos) 

para él que hace el equipo de los hijos de las viudas
......... ellos se lamentan: ay mi bolo, ay mi palo;
para aquellos que tienen madre,
la madre trae pan para su hijo;
para aquellos que tienen hermana,
la hermana echa agua para su hermano;
cuando anochece, él marca el sitio
donde el bolo se ha parado
y él recoge el bolo que tiene enfrente
y se lo lleva a casa;
pero por la mañana temprano,
cuando él vuelve al sitio marcado,
la acusación de las viudas
y las quejas de las muchachas
propician que su bolo y su palo
caigan al fondo del Submundo;
él lo intentó con sus manos, pero no pudo alcanzarlo,
lo intentó con su pie, pero no pudo alcanzarlo;
 
él mira hacia abajo, a la entrada del portal
que está delante del Submundo;
Gilgamés llora, gritando amargamente:
ay mi bolo, ay mi palo, ay mi bolo,
yo no me había cansado todavía  de jugar
el juego, a pesar de todo, todavía me seguirá gustando;
¡si me hubiera dejado el bolo en casa del carpintero!,
¡la mujer del carpintero me lo trataría como mi madre,
si me lo hubiera dejado allí!;
¡la hija del carpintero me lo trataría como mi madre!,
¡si me lo hubiera dejado allí!;
mi bolo se me ha caído en el Submundo,
¿quién me lo querrá subir?
mi palo se me ha caído en el portal del Submundo
¿quién me lo querrá subir?.
 
176.- Su siervo Enquido respondió a Gilgamés:
mi rey, estás llorando, ¿por qué está tu corazón preocupado?
yo voy a subir hoy tu bolo del Submundo,
yo voy a subir tu palo del portal del Submundo;
Gilgamés respondió a Enquido:
si hoy bajaras al Submundo, ten en cuenta mis consejos;
sigue mis instrucciones;
una cosa te voy a decir, afina bien tus oídos;
 
(a partir de aquí, el relato está en octosílabos, tomados de la Tablilla XII
de mi versión de Gilgamés y del resto del manuscrito A, que el escriba
de la epopeya no incluyó en la versión clásica de Gilgamés.)

no te pongas ropa limpia:       sabrán que eres un extraño;
no te pongas buen perfume:      pues vendrán todos a olerlo                                                                                                                                        
no arrojes lanzas allí:      los heridos del Submundo
                                        amenazantes vendrán;
no lleves ningún bastón,      pues las sombras de los muertos
se van a echar a temblar;     no lleves en pies sandalias,   
pues no deberás hacer       ruidos en el Submundo.

No beses a la mujer      a la que, en la tierra, amaste;
no pegues a la mujer      a la que, en la tierra, odiaste;
no beses, tampoco, al hijo      al que quisiste en la tierra,
ni pegues al hijo tuyo       que no quisiste en la tierra,
pues, si no, el griterío       sería ensordecedor.
 
Aquella que yace allí,     aquella que yace allí,
es la madre de Ninazo,    aquella que yace allí;
no lleva sobre sus hombros      ningún lienzo que la cubra;
sus pechos, sin ropa alguna,     dos cuencos de piedra son.
 
Enquido no tuvo en cuenta     de Gilgamés los consejos;
se vistió con ropa limpia:      supieron que era un extraño;
se puso un perfume bueno:      todos vinieron a olerlo;
arrojó lanzas allí:     los heridos del Submundo
                                vinieron amenazantes;    
llevó un bastón en su mano,     y los muertos se asustaron;
en los pies calzó sandalias:      hizo ruidos allí;
besó a la mujer que amó       y pegó a la que odió;
besó a su querido hijo,        al que no quiso pegó:
los gritos, en el Submundo,      atronaron sus oídos.
 
Aquella que yace allí,     aquella que yace allí,
es la madre de Ninazo,       aquella que yace allí;
no lleva sobre sus hombros      ningún lienzo que la cubra;
sus pechos, sin ropa alguna,     dos cuencos de piedra son.
 
Pero ya no pudo Enquido     del Submundo escapar;
no lo retuvo Nantar,      ni lo retuvo Asaco,
el Submundo lo retuvo;       no lo retuvo el malvado
vigilante de Nergal:     el Submundo lo retuvo;
no cayó en el combate,     en batalla con los hombres:
el Submundo lo retuvo.
 
Y Gilgamés, el guerrero,     hijo de Ninsún, la Vaca,
lloró por su siervo Enquido;  
se dirigió al templo E-Cur,     la morada de Enlil;
ante el dios Enlil lloraba,      escúchame, padre Enlil:
hoy se me ha caído el bolo     en el Submundo; en el Submundo
el palo se me ha caído;      los quiso subir Enquido,
el Submundo lo retuvo;     no lo retuvo Nantar   
ni lo retuvo Asaco,      el Submundo lo retuvo;
no lo retuvo el malvado      vigilante de Nergal,
el Submundo lo retuvo;     no cayó en el combate,
en batalla con los hombres,      el Submundo lo retuvo.
 
Pero Enlil no respondió.

Se dirigió a Eridú,     la morada del dios Ea;
escúchame, padre Ea:     hoy se me ha caído el bolo
en el Submundo; en el Submundo     el palo se me ha caído;
los quiso subir Enquido,     el Submundo lo retuvo;
no lo retuvo Nantar       ni lo retuvo Asaco,
el Submundo lo retuvo;     no lo retuvo el malvado
vigilante de Nergal,      el Submundo lo retuvo;
no cayó en la batalla,     en combate con los hombres,
el Submundo lo retuvo.

Y Ea sí respondió;

Y dijo al valiente Uto,     de Ningal hijo nacido:
haz una grieta ahora mismo     en el Submundo y luego
subes de allí a su siervo;       y él en el Submundo abrió
un agujero y sacó       a su siervo con un soplo.
 
Se abrazaron, se besaron        y platicaron los dos:
cuéntame, amigo mío,     amigo mío, cuéntame;
cuéntame lo que allí has visto,      lo que pasa en el Submundo,
las leyes que hay allí;      no te voy a contar nada,
nada te voy a contar;     si lo que vi te contara,
lo que en el Submundo vi,     las leyes que hay allí,
te echarías a llorar;      pues, a llorar me echaré.
 
Amigo mío, los penes,      que, cuando los acaricias,
te alegran el corazón,      como los tejidos viejos
se los comen los gusanos;      amigo mío, las vulvas
que, cuando las  acaricias      te producen alegría,
se están llenando de tierra      como grietas en el suelo;
ay, respondió su señor      y se tiró por los suelos;
ay, respondió Gilgamés        y se revolcó en la tierra.
 
¿Has visto a los que  tuvieron      un hijo solo?; los vi;
¿y qué están haciendo allí?       clavo, en su pared, tienen     
y lloran amargamente;      ¿has visto a los que criaron             
dos hijos?; sí, los he visto;      ¿y qué están haciendo allí?
están comiéndose el pan       en dos adobes sentados;
¿viste al que tuvo tres hijos?;      lo he visto; pero ¿qué hace?
está bebiéndose el agua       del jarro de la aguadera;
¿has visto al que crio      cuatro hijos?; lo he visto:
¿y qué está haciendo allí?        su corazón está alegre
como el dueño de seis asnos;      ¿has visto a los que tuvieron
cinco hijos?; los he visto:      ¿y qué están haciendo allí?
como escribanos escriben      y acceso al palacio tienen;
¿has visto al que crio      seis hijos?; lo he visto;
¿y qué es lo que hace allí?       su corazón está alegre,
como está el del labrador;      ¿Has visto a los que criaron
siete hijos?; los he visto;       ¿Y qué están haciendo allí?
como menores hermanos       de un dios, sentados están;      
¿pudiste ver al eunuco       de palacio? lo he visto;
¿y qué es lo que hace allí?      como estandartes de dioses
come el pan ..........                 y en un rincón está quieto;
¿viste a la mujer que, nunca,       pudo parir?; la he visto;
¿y qué es lo que hace allí?       es tirada contra el suelo       
como un puchero, con fuerza      y no alegra a ningún hombre;   
¿has visto al joven varón      que no llegó a descubrir
la desnudez femenina?         lo vi; le das una cuerda,
de las de amarrar la puerta,      y él llora desconsolado
sobre la cuerda prestada;
¿viste a la joven mujer      que no llegó a descubrir
la desnudez masculina?      si la he visto; ¿y qué hace?
si le acercas una estera,       ella llora sobre ella;
¿has podido ver aquellos       que no tienen herederos?
sí los he visto; ¿y qué hacen?     como ....... y pan comen;
 
            De otro manuscrito:
            (¿has visto al que pereció      en las garras del león?;
            sí lo he visto: ¿y qué hace?      ¡ay mi mano, ay mi pie!,    
           va gritando amargamente.)
 
¿pudiste ver al leproso?               sí lo he visto; ¿y qué hace?
 él tiembla como un becerro        roído por los gusanos;
¿has visto al que cayó muerto      en el campo de batalla?
lo he visto; ¿y qué hace allí?       su padre y su madre tienen
elevada su cabeza,       y su mujer por él llora;
¿has visto aquel, que no tuvo        quien le cuidara en su muerte?
lo vi, ¿y qué hace allí?           sólo come del puchero
lo que tiran a la calle         y las migajas que caen;
¿has visto al que golpearon      con un astil?; lo he visto:
¡ay, mi madre! va diciendo;      cuando cortan una vara,
corre de aquí para allá;       ¿viste a mis pequeños niños
que nacieron ya sin vida?      sí los he visto; ¿y qué hacen?
juegan en una mesa          de oro y plata, cargada
de miel y de requesón;       ¿viste al que murió de ..... 
sí lo he visto; ¿y qué hace?       reposa en cama de dioses;
¿has visto al que se arrojó      a las llamas?; lo he visto;
¿y qué es lo que hace allí?      a él no lo pude ver,
allí su sombra no está,       su niebla está por el cielo.

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