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Gilgamés
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Tablilla X
Tablilla XI
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Los relatos sumerios
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Gilgamés y Jumbaba
Gilgamés y el Toro del Cielo
Gilgamés y el Submundo
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Si te observo, Ut-Napista,

nada raro veo en tu rostro,

lo mismo que yo eres tú,

nada hay de extraordinario,

tú eres igual que yo;

  5.- aunque mi corazón quiere

el combate contra ti,

están sin fuerzas mis brazos,

sin embargo, ante ti.

 
¿Cómo hiciste para entrar

a la reunión de los dioses,

qué hiciste para buscar

y encontrar la vida eterna?

 
Y Ut-Napista le habló,

le dijo a Gilgamés:

yo te voy a desvelar,

Gilgamés, cosas ocultas,

10.- y un misterio de los dioses

te voy a contar a ti:

Surupac es la ciudad

que tú conoces muy bien,

asentada en la ribera  

del gran río Éufrates;

era ciudad muy antigua,

frecuentada por los dioses,

hasta que los grandes dioses

en su corazón urdieron

el mandarnos el diluvio;

15.- Lo juró Anón, su padre,

y también su consejero,

el heroico Enlil,

Ninurta, su camarero   

y también el dios Enugi,

el inspector de canales.

 
Ea, el más sabio de todos,

también se juramentó,

20.- pero, a una pared de caña   

él dirigió sus palabras:        

 
¡Pared de caña, pared,

oh muro, muro de adobe!;

óyeme, pared de caña,

óyeme, muro de adobe:

mira, hombre de Surupac,

hijo de Ubar-Tutó,

derriba tu casa y, luego,

ponte a construir un arca,

25.- abandona las riquezas

y piensa en sobrevivir;           

renuncia a las propiedades,

tu vida has de salvar,

sube al interior del arca

semilla de todo aquello

que es capaz de respirar.        

                                         
El arca que construirás          

tendrá medidas iguales,

30.- que sea igual en sus lados,

que su ancho y que su largo

tengan la medida igual;

que tenga también un techo,

como lo tiene el Abismo[1].

Yo lo comprendí y le dije   

al dios Ea, mi señor:

estoy de acuerdo con ello, 

he puesto atención y haré  

todo aquello que me has dicho,

35.- pero ¿qué voy a decir

a la gente, a la ciudad,

al Consejo de Mayores? 

 
Y Ea me contestó,

así le dijo a su siervo:

esto es lo que les dirás:   

he comprendido que el dios

Enlil me odia, por ello

40.- no seguiré ya viviendo

en esta vuestra ciudad;

ya no quiero poner más

mis pies en tierra de Enlil,                                                                                                                                                             tengo que irme al océano

del Abismo, para estar

con Ea, con mi señor. 

 
A vosotros, sin embargo,

os enviará la lluvia

de la mayor abundancia:

él os colmará con aves,

con peces en cantidad,

45.- y os traerá la riqueza

con una cosecha grande.


Panecillos lloverán

por la mañana temprano;

y cuando esté anocheciendo,  

caerán chubascos de trigo.

 
Cuando empezó a clarear,

se reunió la muchedumbre

en la puerta de Atram-Jasis;

50.- trajo el carpintero azuela;

vinieron los trenzadores

de la caña con sus mazas,

y trajo su hacha pesada

el armador de ribera;

los jóvenes se afanaban

en acarrear madera,

y los mayores traían

cuerdas hechas de palmera;

55.- los ricos traían la pez,

los pobres iban trayendo

el aparejo hasta mí.

 
Al quinto día de trabajo

tenía ya listo el casco

y tenía su cubierta

tres mil y seiscientos metros[2]

y tenían sus costados

sesenta metros de alto;

las medidas del techado

eran, también, de sesenta

en cada una de sus alas;

60.- luego empecé con el cuerpo

interior, y lo tracé :

 
Ordené poner seis puentes

y con ello conseguí   

tener siete plataformas;

luego dividí  las plantas,

a su vez, en nueve partes,

65.- clavé, en el centro, la espiga

para el corte de las aguas   

y, más tarde, me ocupé

de los remos y aparejos;

eché sesenta barriles,

en el horno, de alquitrán        

obteniendo, así, sesenta

barriles de brea blanda,

más los sesenta de aceite

que allegaron hasta allí

los obreros porteadores;

y, eso, sin contar los veinte

que puse yo para ofrendas

70.- y los cuarenta barriles

que el constructor principal

dejó, aparte, para sí.

 
Yo mataba, cada día,

bueyes para mis obreros

y, a diario, degollaba

para ellos mis ovejas;

daba a mis trabajadores

cerveza, vino y aceite

y corría la bebida   

como si manara un río;

75.- celebraban una fiesta

como en días de Año Nuevo.

 
Desde que Samas salió,

me puse a untarla de aceite

y, antes de que se pusiera,

ya tenía el arca lista;

la botadura del arca

se presentaba difícil;

desde atrás hacia delante

le empujamos con maderos

sobre el rail preparado,

80.- hasta que el arca se hundió

en el agua, en sus dos tercios.

 
Todo lo que poseía

lo hice subir a bordo,

todo el oro que tenía,

lo hice subir a bordo,

y la plata que tenía

la hice subir a bordo;

los animales vivientes,

que eran de mi pertenencia,

los hice subir a bordo;

85.- Entonces mandé subir

a mi familia, a mis siervos   

y a todos los animales,    

domésticos y salvajes,

y también, de cada oficio,     

hice subir oficiales.

Ya era el tiempo llegado           

que Samas determinó:

 
Panecillos lloverán

por la mañana temprano;

y cuando esté anocheciendo,  

caerá un pedrisco de trigo.

 
Ve, entonces, súbete  al arca     

y sella bien su compuerta.

90.- Y ese momento llegó: 

Panecillos lloverán

por la mañana temprano;

y cuando esté anocheciendo,                                                                                                                    caerán chubascos de trigo.

 
Miré la cara del cielo,

para ver qué tiempo hacía;

el tiempo arriba, en el cielo,

nada bueno presagiaba;

al arca subí y sellé,

desde dentro, la compuerta;

95.- al calafate del arca,

a Pazur-Enlil, le di

mi palacio y sus enseres.

 
Cuando empezó a clarear,

se elevó una negra nube

del fundamento del cielo;

desde su interior, tronando

sin descanso, estaba Adad,

100.- los dioses Sulat y Janos[3]

iban por delante de él   

y le llevaban el trono      

sobre montes y llanuras;

arrancó Erragal[4] los postes 

de las compuertas del cielo

y, en su deambular, Ninurta

iba reventando presas;

los dioses del Inframundo   

levantaban las antorchas   

105.- y con sus rayos de fuego

ponían la tierra en llamas.       

 
Corrió el silencio de muerte

de Adad, a través del cielo,

y, donde había claridad,

todo se volvió tinieblas;

él recorrió el territorio

como un toro sin freno,

lo hizo saltar en pedazos   

como puchero de barro;

durante un día completo

arrasaron el país

los vientos huracanados;

110.- se paraban y volvían,

de nuevo, a desencadenarse,      

y el viento del poniente

trajo, entonces, el Diluvio;

 
Sobre los hombres cayó

como guerra la hecatombe;

el hermano no podía

ver a su otro hermano

ni podían reconocerse

en la destrucción los hombres;

y los dioses empezaron

a tener miedo al Diluvio;

115.- emprendieron la huida

y subieron hasta Anón,

al cielo más elevado,

y allí se agazaparon,

enrollados en sí mismos,

como en la calle los perros;

la diosa empezó a gritar,  

como la mujer que está

en los dolores del parto;

a voz en grito se queja

la de hermosa voz, Arura:

 
Verdaderamente, en barro

se ha convertido aquel día,

120.- porque yo, junto a los dioses,

cosas malas pronuncié;

¿cómo pude pronunciar,

en la reunión de los dioses,

el maldito juramento

y declarar una guerra

para matar a mi gente?;

yo soy la que los parió,

los hombres me pertenecen;

como pececillos muertos

ahora llenan el mar.

125.- Con ella lloran, también,

los dioses del Inframundo;

en lamentos desatados

lloran con ella también,

con los labios resecados,

pues han perdido el comer

de bien cocidas ofrendas.

 
Durante las siete noches

y los seis días cayeron

torrentes, aullaba el viento

y bramaba la tormenta,

y el Diluvio arrasó

la vasta faz de la tierra;

130.- cuando abrió el séptimo día

fue aclarando la tormenta

y el Diluvio remitió; 

se tranquilizó el océano,

que se movía, de aquí

para allá, como mujer

en los dolores del parto;

la tormenta se calló

y el Diluvio terminó.

 
Miré a ver qué día hacía;

todo lo cubría el silencio

135.- y toda la humanidad

se había vuelto barro;

como el techo de una casa

así de allanada estaba

la tierra cubierta de agua;

después abrí la compuerta

y me dio la luz del día

en las mejillas, caliente;

yo me arrodillé y lloraba;

por mis mejillas corrían

las lágrimas en regueros;

140.- busqué por todos los lados

el horizonte lejano,

la orilla del océano;

a media legua de allí

emergía tierra firme;

era Nimús[5], la montaña

donde se detuvo el arca;

en la montaña Nimús

quedó varada mi arca

y no la dejó moverse.

 
Un día, y un segundo,

estuvo varada el arca

en la montaña Nimús

y no la dejó moverse;

145.- un tercero, un cuarto día

estuvo el arca varada

en la montaña Nimús

y no la dejó moverse;

un quinto, y un sexto día

estuvo el arca varada

en la montaña Nimús;

ya no la dejó moverse.

 
Cuando abrió el séptimo día,

fui a por una paloma

y la dejé en libertad;

voló, pero regresó;

150.- no pudo encontrar un sitio

donde poderse parar

y regresó hasta mí;

tomé una golondrina

y la dejé en libertad;

voló, pero regresó;

no pudo encontrar un sitio

donde poderse parar

y regresó hasta mí;  

tomé un cuervo y lo solté;

155.- el cuervo voló, y al ver

que el agua había descendido

comenzó a picotear,

voló y revoloteó,

y levantando su cola,

hasta mí ya no volvió.

 
Saqué un animal de ofrenda,

lo mostré a los cuatro vientos

y luego, esparcí sahumerios

en la torre de aquel monte;

dispuse siete más siete

botijas para ofrendas

160.- y coloqué junto a ellas

las cañas, mirtos y cedro;

los dioses su aroma olieron,

olieron el dulce aroma;

como moscardas, los dioses   

revolaban sobre el hombre

que estaba haciendo la ofrenda;

cuando llegó Belet-Ila

165.- levantó el collar de moscas

de piedra azul, que Anón

le había regalado

cuando fue su pretendiente:              

 
Oh dioses, que esta joya

de lapislázuli hecha,   

que acordona mi cuello,

que me recuerde estos días

y no los pueda olvidar

en toda la eternidad;

que vengan los dioses todos

a este sahumerio de ofrenda,

pero que no venga Enlil

a este sahumerio de ofrenda,

170.- pues fue el que aconsejó mal

y el que el Diluvio envió

y entregó a  mi humanidad

a la mayor destrucción.

 
Entonces, apareció Enlil,

vio el arca y se enfureció   

y desató ira salvaje

contra los dioses del cielo;

175.- ¿de dónde, pues, ha podido

 salir este ser con vida?;

no debía ningún hombre

escapar a la hecatombe.

Abrió Ninurta la boca

para hablar y dijo a Enlil:

¿quién, si es que no ha sido Ea, 

puede estar en situación

de ejecutar tales cosas?;

180.-solamente Ea entiende

el arte de obrar así.

 
Luego abrió la boca Ea,   

para hablar, y dijo a Enlil:

tú que eres el más sagaz

de los dioses, el heroico,

¿por qué aconsejaste mal

y enviaste el Diluvio?

185.- tenía que castigarse

al culpable por su culpa,

castigarse al malhechor

por sus malas fechorías;

tensa el cabo de tal modo

que no se rompa la vela   

y si no quieres que siga

ondeando, arríala.   

 
Y en lugar del Diluvio,

que tú sólo enviaste,

que hubiera habido leones

que hubieran mantenido

pequeña la humanidad;

190.- y en lugar del Diluvio,

que tú solo enviaste,

que hubiera habido lobos

que hubieran mantenido

pequeña la humanidad;

y en lugar del Diluvio,  

que tú solo enviaste,

que hubiera surgido el hambre

para matar a la gente;

y en lugar del Diluvio,

que tú solo has enviado,

195.- que hubiera surgido Erra

para matar a la gente.

                                  
Yo no fui el que aireó

el secreto de los dioses,

yo a Atram- Jasis, solamente,

le hice ver una visión  

y él fue el que descubrió

el secreto de los dioses;

mas, ahora, piénsate un plan

con lo que le ha de pasar.

 
Subió, luego, Enlil al arca

200.- y, cogiéndome la mano,

me ayudó a salir a bordo

y conmigo a mi mujer,

quien se arrodilló a mi lado;

él se puso entre los dos

y tocaba nuestras frentes

dándonos su bendición:

antes era Ut-Napista

una persona mortal;

desde ahora en adelante

serán él y su mujer

como nosotros, los dioses.

205.- Ut-Napista deberá

vivir en la lejanía,

donde a morir van los ríos:

y, así, aquí me trajeron

y me dejaron vivir

muy lejos, donde los ríos

vienen a desembocar;

¿quién iba a poder ahora

convocar una asamblea

de los dioses, para ti,

para que, también, tú encuentres

la vida que estás buscando?;

como no sea, que pruebes

a no dormir en seis días

y durante siete noches....;

210.- pero, apenas Gilgamés

hubo apoyado la espalda,

cual niebla lo envolvió el sueño.

 
Ut-Napista le habló a ella,

le dijo a su mujer:

mira al que pedía la vida,

ahí está repantigado,

ya lo tiene envuelto el sueño,

como si fuera la niebla.

215.- Su mujer le dijo, entonces,

a Ut-Napista, el Lejano:

tócale en el hombro al hombre,

haz que se despierte ya,

que vuelva, en paz, por la senda

por la que vino hasta aquí,

que vuelva al mismo lugar,

por la puerta que salió.

 
Y Ut-Napista le habló,

le dijo a su mujer:

220.- las personas son mendaces,

¡a ver si te va a engañar!

Ve, y le cueces cada día

un pan y le vas poniendo,

cerca de su cabecera,

por cada día una pieza;

haz rayas en la pared

por cada día que duerma;

y, entonces, ella coció,

cada día para él,

un pan y lo colocó

cerca de su cabecera;

rayó raya en la pared

por cada día que durmió.

 
225.- Estaba ya el primer pan

tan duro como las piedras;

el segundo estaba seco;

algo blando el tercer pan;

blanquecino estaba el cuarto;

el quinto estaba manchado

de manchas grises de moho;

ya estaba sentado el sexto   

230.- y el séptimo pan aún

estaba sobre las brasas,

cuando le tocó en el hombro   

y el hombre se despertó. 

 
Luego, le habló Gilgamés

a Ut-Napista, el Lejano:

no he hecho más que dormirme,

ya me has tocado en el hombro

y ya me has despertado;

mas Ut-Napista le habló   

y le dijo a Gilgamés:

235.- ven conmigo, Gilgamés   

y cuéntame cada pan;

entonces verás los días

que has estado durmiendo;

el primero de los panes

duro está como una piedra;

el segundo ya está seco,

algo blando está el tercero;

blanquecino está ya el cuarto;

240.- el quinto ya está dañado

con manchas grises de moho;

sentado está el sexto pan   

y el séptimo pan estaba

en las ascuas todavía,   

cuando te toqué en el hombro.

 
Después le habló Gilgamés,

a Ut-Napista, el Lejano:

¿qué debo hacer, Ut-Napista,

a donde podría irme?;

el demonio de la muerte

dentro de mí se ha hecho fuerte;

245.- allí donde yo duermo,

allí se sienta la muerte,

hacia donde me dirijo,

hacia allí la muerte va.

 
Entonces, le habló Ut-Napista

a Ur-Sanabo: el Barquero:

el muelle ya no te quiere   

y te odia el rail;

tú que has estado ocupado

en estas orillas siempre,

ahora te está prohibida;

 
250.- y, por lo que toca al hombre,

al que has traído hasta aquí,

está hecho una piltrafa

y su pelo una maraña;

las pieles que viste, quitan

a su cuerpo la hermosura:

llévatelo, Ur-Sanabo,

llévatelo al lavatorio

para que lave sus pelos,

su pelambre enmarañada,

hasta que quede brillante;   

255.- que se quite esas pieles   

-que se las lleven las olas-      

y que se lave su cuerpo,

hasta que esté, otra vez, limpio;

procura que se le dé

un turbante limpio y nuevo,

que se ponga ropas regias,

vestidos dignos de él;      

hasta que a su ciudad vuelva,

260.- hasta que logre llegar

al final de su camino,

que no se ensucien sus ropas,

que reluzcan como nuevas.

 
Ur-Sanabo lo llevó

al lugar del lavatorio

y él se lavó la cabeza

tan bien, que quedó brillante,   

luego, se quitó las pieles  

-que se llevaron las olas-  

265.- y de este modo, su cuerpo

hermoso, se refrescó;

recibió un turbante nuevo,   

se puso ropajes  regios,

vestidos dignos de él;

hasta el día que llegara

al final de su camino,

270.- no se debía ensuciar

su ropa nueva, antes bien

se debía mantener

reluciente, como nueva.

                       
Gilgamés y Ur-Sanabo

se subieron a la barca

botaron la barca al agua

y partieron de allí;

allí habló su mujer 

a Ut-Napista, el Lejano:

Gilgamés vino hasta aquí,

él ha padecido mucho

en su larga travesía,

275.- ¿le has regalado algo

para que lleve a su casa?;

Gilgamés agarró, entonces,

una lata y, velozmente,

volvió la barca, otra vez,

a la orilla de la playa.

 
Entonces, le habló Ut-Napista   

y le dijo a Gilgamés:

tú has venido hasta aquí,

Gilgamés, has padecido

en tu larga travesía;

280.- mas, ¿qué te he ofrecido yo

para el viaje de regreso?

Yo te voy a desvelar

un misterio, Gilgamés,

un secreto de los dioses:

existe una planta aquí

que se parece a una zarza;

como la rosa silvestre

tiene espinas, si la cortas,

con ella te pincharás,

285.- mas cuando ya esté en tus manos  

volverás a ser, de nuevo,

como cuando joven eras.

 
Cuando Gilgamés lo oyó,

cavó un hoyo profundo

para sacar de la tierra

piedras de tamaño grande

que a sus pies amarró,

290.-para hundirse, de este modo,

y descender hasta el fondo

de las aguas del Abismo;

él mismo agarró la planta

y con fuerza la arrancó

-aunque se pinchó con ella-;

luego desató las piedras

de sus pies y la marea   

lo devolvió hasta la playa.

 
Le habló entonces Gilgamés 

a Ur-Sanabo, el Barquero:

295.- esta planta, Ur-Sanabo,

es la planta del latido,

con ella recibe el hombre,

de nuevo, fuerza vital;

yo la llevaré conmigo

a la ciudad de Uruc

-El Redil-

y la daré que la coma

a un viejo de la ciudad

y con él la probaré;

la planta se llamará:

Joven-Será-El Hombre-Viejo;

300.- luego, la comeré yo,

para volver a ser joven.

 
Cuando llevaban los dos

veinte leguas de camino  

a partir el pan pararon;   

cuando hicieron treinta leguas

plantaron el campamento.

 
Vio un estanque Gilgamés,

que tenía el agua fresca    

y saltó dentro de él

para bañarse en sus aguas;

305.- el olor de aquella planta

atrajo a una culebra

que, arrastrándose en silencio,   

la planta se manducó;

luego, cuando se alejaba,

se le mudó la camisa[6].

           
Gilgamés se echó, llorando,

al suelo y sus lágrimas

corrían por el tabique

de su nariz y, llorando,

310.- le dijo a Ur-Sanabo:

¿quién de los míos consiguió

algo, con que estos mis brazos

tanto se esforzaran, tanto?,

¿quién de los míos consiguió

algo, con que el corazón

me llegara a desangrar?;

nunca, con ello, me hice

a mí mismo algún favor;

sólo le hice el favor

a la leona de tierra[7].

 
315.- Veinte leguas hay que andar

hasta donde el mar se encuentra;

cuando hube abierto el hoyo

allí arrojé el aparejo,

¿qué es lo que podría encontrar

que de señal me sirviera?;

también la barca quedó

olvidada en la ribera.

¡Ay, si pudiera volver!

 
Cuando llevaban los dos

veinte leguas de camino

a partir el pan pararon;

320.- cuando hicieron treinta leguas

plantaron el campamento.

 
Cuando llegaron a Uruc

-El Redil-

le habló Gilgamés a él,

a Ur-Sanabo, el Barquero:

sube al muro, Ur-Sanabo,

de la ciudad de Uruc

-El Redil-,

anda por el antepecho

y toca sus contrafuertes;

examina sus murallas,

mira su ladrillería;

325.- ¿no está la ladrillería

de adobes cocidos hecha?,

¿no pusieron los cimientos                

los Siete Sabios, allí?

 
Tres mil seiscientos almudes

ocupan las construcciones;

tres mil seiscientos almudes

las huertas y palmerales;

tres mil seiscientos almudes

las balsas de los adobes,

mil ochocientos almudes

de terreno tiene el templo

de Istar, la diosa, el E-Ana;

doce mil seiscientos almudes

de terreno tiene Uruc.

            *****************

                                                           Si hubiera dejado el bolo ….

                                                          ……………………………

                                                                                                      Tablilla XI. El que vio lo más profundo …


Notas:                                                          
[1] El Abismo estaba constituido por las aguas subterráneas, en lo profundo de la tierra, y la tierra, por tanto, hacía de techo.[2]  Debe entenderse 3.600 m2[3]  Ver nota final K.[4]  El dios Erragal, o Erra, era el responsable de la peste y otras epidemias.[5]  Ver nota final K.[6]  Al comerse la planta, la culebra cambió la  camisa y, así, rejuveneció.[7]  La leona de tierra, la culebra, sí  que salió ganando con la planta, pues volvió a la juventud.

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