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Gilgamés
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La Epopeya de Gilgamés
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Tablilla I
Tablilla II
Tablilla III
Tablilla IV
Tablilla V
Tablilla VI
Tablilla VII
Tablilla VIII
Tablilla IX
Tablilla X
Tablilla XI
Tablilla XII
Notas Finales
Los relatos sumerios
Gilgamés y Aga de Quis
Gilgamés y Jumbaba
Gilgamés y el Toro del Cielo
Gilgamés y el Submundo
La Muerte de Gilgamés
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Lavó su pelo enmarañado,

lavó su armamento sucio,

sacudió su cabellera

hacia atrás, hacia su espalda;

se quitó las ropas sucias

y se puso otras nuevas,

se echó la túnica encima

y un cíngulo se ciñó.

5.- Cuando Gilgamés se puso

la corona en su cabeza,

en su belleza Istar,

la princesa, se fijó. 

 
Ven conmigo, Gilgamés,

mi amante tienes que ser;

dame los frutos, oh dame,

de tu amor como regalo

y sé para mí marido

y yo seré tu mujer;

10.- yo unciré para ti                      

un carro hecho de oro

y de lapislázuli;

de oro serán sus ruedas,                    

las varas de ámbar serán;

tendré en el carro dispuestos

a los fogosos leones,

grandes mulas que lo lleven

delante de nuestra casa,

de la que saldrán aromas

de maderas olorosas.

 
Cuando pises nuestra casa,

15.- te van a besar los pies

los umbrales y el trono;    

reyes, príncipes, señores

se postrarán ante ti,

te darán, como tributo,

todos los frutos que hay

en el territorio nuestro

y en el de las tierras altas;

tus cabras tendrán tres crías

y dos crías tus ovejas,

tus burros serán, cargados,

más rápidos que las mulas,   

20.- los caballos de tu carro

tendrán un trote gallardo,

los bueyes bajo tu yugo

no tendrán otros igual.

 
Gilgamés abrió la boca

y dijo a Istar, la princesa:

si me casara contigo,

25.- ¿me tendría que olvidar

de mi cuerpo y mis ropajes?,

¿quién me iba a dar cada día

el pan que sacie mi hambre?;

¿me ibas a dar tú el pan

que fuera digno de dioses?,       

¿me ibas a dar cerveza 

que fuera digna de reyes?

(Faltan 3 líneas)

¿Qué se me iba a dar a mí,

si me casara contigo?,

tú eres como la escarcha

que no deja helarse al hielo,              

puerta tan desvencijada

que no es capaz de parar

ni los vientos ni la brisa,

35.- un palacio que se cae

sobre los que lo defienden;

elefante que se come

las ramas que le dan sombra;

betún que pone perdida

la mano del que lo extiende;

eres raído pellejo

que cala al que lo transporta,

sillar de piedra en el muro

que revienta el muro mismo;

40.- almádina que rompe el muro 

hecho para proteger

al pueblo, del enemigo,         

un zapato que produce                      

heridas al que lo calza.


¿A cuál de entre tus amantes                        

has amado largo tiempo?,

¿quién, de entre tus guerreros

subió contigo a los cielos?

Ven, que te voy a contar

la historia de tus amantes:

45.- el que llevaba a su hombro

la orza llena de leche;

era Damuz, el pastor,   

tu amante de juventud;

le diste como destino

que año tras año llore            

sin consuelo eternamente.

 
El pájaro colorín,

al que amaste, le pegaste

y le cortaste las alas;

50.- ahora salta por el monte,

de un sitio a otro, gritando

¡ay mis alas, ay mis alas! 

 
Del león te encaprichaste,

el símbolo de la fuerza;

siete veces siete hoyos

le cavaste como trampa;

también quisiste al caballo,

vigilante en la batalla,

y luego lo condenaste

al látigo y a la espuela;

55.- lo condenaste a correr,

sin parar, setenta leguas,

y a beber agua en los charcos;

y a Silila[1], su madre,   

a que lo llore por siempre.

 
También amaste al pastor,

al cabrero, al mayoral   

que, en las brasas, te cocían

ricas tortas de buen pan

60.- y, cada día, mataban

cabritillos para ti;

tú le pegaste y, al fin,

en lobo lo convertiste,

un lobo al que sus zagales

tienen, ahora, que espantar    

y al que sus perros, ahora,

tienen que estar ahuyentando,

mordiéndole en los perniles.

 
También amaste a Isulano,

el huertano de tu padre,

65.- el que te traía cestos

de dátiles dulces llenos

y, siempre, como en las fiestas,

te preparaba la mesa;

tú le echaste el ojo encima

y te fuiste a por él:

déjame, oh Isulano, 

que tu virilidad pruebe,

tiende tu mano hacia mí, 

ven y tócame la vulva;

70.- pero Isulano te dijo:

¿yo?, ¿qué quieres tú de mí,

es que no coció mi madre

bastante pan para mí?

¿es que no comí bastante?

¿tendré que comer, ahora,

mi pan entre maldiciones,

escándalos e improperios

y cubrirme contra el frío

con las hojas de la palma?

 
75.- Cuando oíste lo que dijo,

le pegaste, lo cambiaste

en verrugosa tortuga 

y lo mandaste a vivir

entre las plantas del huerto;

no puede su boca ahora         

subir hasta la cerveza

ni bajar a donde está

el recipiente del agua;

si tú llegaras a amarme,                     

me tratarías igual.                               

 
80.- Cuando la diosa escuchó

lo que dijo Gilgamés,

se puso fuera de sí

de rabia y ascendió al cielo;

lloró ante Anón, su padre,

lloró ante su madre, Anta:

padre mío: Gilgamés

no ha parado de insultarme;

85.- Gilgamés ha proferido

insultos para herirme,
                                                                                                                improperios e infamias. 

 
Abrió la boca Anón 

y dijo a Istar, la princesa:

pero, ¿es que no has sido tú

la que empezó la pelea

con el rey Gilgamés,

90.- y fue cuando Gilgamés

comenzó a proferir

insultos para herirte,

improperios e infamias?         

 
Abrió la boca Istar   

y le dijo a Anón, su padre:

me tienes que dejar, padre,

te ruego, el Toro del Cielo,

95.- que extermine a Gilgamés

en su propia habitación;

si no me dejas el Toro

del Cielo, destrozaré

el techo del Inframundo

junto con su residencia;                      

voy a dejar arrasado

las campiñas inferiores,

voy a sacar, de allí abajo,

afuera a todos los muertos,

que se coman a los vivos

100.- y haré que los muertos sean

muchos más que los que viven.

 
Luego, Anón abrió la boca 

y dijo a Istar, la princesa:

si quieres que yo te deje

el Toro del Cielo, atiende:

haz que la viuda de Uruc

guarde para siete años   

105.- y que el campesino siegue

para siete años mies. 

 
Abrió la boca Istar

y le dijo a Anón, su padre:

yo ya estuve almacenando

para siete años grano

y paja para el ganado

guardé para siete años;

110.- la viuda de Uruc guardó

grano para siete años

y el campesino de Uruc

cosechando estuvo ya 

para siete años mies;

con la furia de ese toro

voy a tener mi venganza. 

 
Anón escuchó a Istar

y le dio en la mano, luego,       

el ramal del toro azul[2]   

115.- e Istar venía hacia abajo

y lo traía del ramal;    

cuando llegaron a Uruc,

las arboledas secó,

las lagunas pantanosas,

los juncales de la orilla;

luego bajó hasta el río

e hizo bajar la corriente

siete codos de nivel. 

 
Y cuando el Toro del Cielo

mugió, se hizo un agujero

120.- y cien personas de Uruc

cayeron dentro de él;

mugió por segunda vez

y se hizo otro agujero:

doscientos hombres de Uruc

cayeron dentro de él;

mugió por tercera vez

y se hizo un agujero   

y Enquido se cayó dentro,

mas sólo hasta la cintura;

125.- Enquido salió de un saltó

y a sus cuernos se agarró;

el toro le echó las babas

en el rostro y, con el rabo,

de excrementos lo ensució.

 
Abrió la boca Enquido

y le dijo a Gilgamés:

amigo mío, amigo,

130.- nos hemos pavoneado

con Jumbaba en la ciudad,

¿cómo podemos ahora

ayudar a estas personas

que se han congregado aquí?

Amigo mío, yo he puesto

a prueba el poder del toro

y he conocido su fuerza,

las intenciones que tiene;

deja que pruebe otra vez

el poder de ese morlaco;

135.- detrás me voy a poner,    

detrás del Toro del Cielo    

y lo agarraré del rabo.

 
Pondré en su pata mi pie

y del rabo estiraré

con todas las fuerzas mías;

luego tú, cual carnicero,

valeroso y con buen tino,

140.- le clavarás el puñal

detrás de los cuernos, justo

en la nuca, en la cruz;

corrió Enquido tras del toro,

buscando sus ancas iba   

y del rabo lo agarró;

apoyó, entonces, su pie

contra su pata trasera   

y, fuerte, tiró del jopo.   

 
145.- Entonces, fue Gilgamés    

y como un carnicero,

valeroso y con buen tino,

introdujo su puñal

detrás de los cuernos, justo

en la nuca, en la cruz.

 
Después de que hubieron dado,

al Toro del Cielo, muerte,

el corazón le arrancaron

y lo ofrecieron a Samas;    

y, luego, retrocedieron

para hacer la reverencia

ante Samas, el dios Sol;

150.- después se sentaron juntos. 

 
Istar subió a la muralla

de la ciudad de Uruc     

-El Redil-,

comenzó a patalear      

y, agarrándose los pechos,

dio alarido de dolor:

¡condenado sea este

miserable Gilgamés

que en ridículo me deja;

me mató el Toro del Cielo!

 
Cuando Enquido a Istar oyó,

155.- le arrancó al toro un brazuelo

y lo arrojó a la terraza

donde se encontraba Istar:

como suba y te agarre    

voy a hacer igual contigo;

te colgaré de tus manos

con las mismas tripas tuyas.

 
En el templo reunió Istar

a todos  los servidores,

a las esposas divinas,

a las sacerdotisas

y muchachas del amor   

y comenzó a celebrar

las exequias funerarias

ante el brazuelo del toro. 

 
160.- Gilgamés llamó ante sí

a los mejores herreros

y maestros oficiales   

y todos pudieron ver

el tamaño de los cuernos;

se usaron sesenta libras

de piedra azul para adornos;

se emplearon, solamente

para los bordes, dos libras;

seis tinajones de aceite

cabían en cada uno   

165.- y él se los ofreció

a Lugalbanda, su dios,

para unciones y, después,

las llevó a su dormitorio

y allí los dejó colgados.

 
Los dos lavaron sus manos

en aguas del río Éufrates,

se cogieron de la mano   

y tomaron el camino

de regreso a la ciudad;

se pasearon en carro

por las calles de Uruc,

170.- en donde la muchedumbre

se agolpaba para verlos. 

 
Y Gilgamés preguntó

a las sirvientas reales:

¿quién es el hombre más bello

de entre los jóvenes hombres,

quién de entre todos ellos

se ha cubierto de más fama? 

 
¡Gilgamés es el más bello

de entre los jóvenes hombres,

175.- Gilgamés es el que más

se ha cubierto con la fama! 

 
Arrojamos el brazuelo

del toro a los pies de Istar,

pero ella no ha encontrado,

en la ciudad de Uruc,  

a nadie que la consuele. 
....................     
Gilgamés dio en su palacio

un magnífico banquete. 

 
180.- Por la noche los jóvenes

se durmieron en sus lechos    

y Enquido, mientras dormía,

un terrible sueño tuvo;

Enquido se levantó

para descifrar su sueño

y le contó a su amigo:

* * * * * * * * *

 
                                   Amigo mío, por qué ....

                                   …………………………..

                                                      Tablilla VI. El que vio lo más profundo, ….


Notas:
[1] Silila, nombre no mesopotámico de una diosa, quizá, de los animales.  [2]  “Toro azul”, licencia por Toro del Cielo.

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