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Allí se quedaron quietos

contemplando aquella selva

y, durante largo tiempo,

dejaron volar su vista

sobre los cedros tan altos;

no dejaban de mirar,

la entrada al monte buscando.

 
Por donde Jumbaba andaba

se había hecho una senda;

5.- se les había allanado

el camino, era fácil

poder transitar por él. 

 
Y pudieron contemplar

aquel Monte de los Cedros,

la morada de los dioses[1],

territorio de las diosas;          

florecía en las laderas

el esplendor de los cedros,

se manifestaba allí

su riqueza lujuriosa,

placentera era su sombra.

 
La maleza era espinosa 

debajo del techo oscuro

de las ramas; entre cedros

10.- crecían los bienolientes

arbustos de enebro y mirra;

una fosa de seis leguas

rodeaba todo el monte;

luego había una segunda,

sólo dos tercios de larga.
 
(Faltan 35 líneas. 
  Es el relato de cuando se adentran en el monte)

Al momento echaron mano

a sus hachas y puñales     

55.- y, una vez que tuvieron

desenfundadas las hojas,

las untaron con veneno;

listos estaban ya

los puñales y las hachas.

 
Andaba el uno tras del otro

a través de la espesura,      

hasta el centro de la selva

donde el salvaje Jumbaba

tenía su habitación;

entraron sigilosamente

en el cubil de Jumbaba;

Jumbaba fue sorprendido   

60.- y nada pudo hacer 

para impedir que los dos

lo ataran de pies y manos.

(Parece que Jumbaba, atado, les amenaza con el castigo de Enlil. 
   Gilgamés tiene miedo  y Enquido lo anima)

 (Faltan unas 7 líneas)

 Hemos venido a un lugar,

en el que a las personas

nada se les ha perdido;

los dioses se irritarán;

dejemos las armas quietas

junto a Jumbaba y huyamos. 

 
Abrió la boca Enquido

y le dijo a Gilgamés:

como avalancha de un río,

así es el feroz Jumbaba;

como el dios de las tormentas

nos va a llevar por delante;

amigo mío, Jumbaba

es un ser muy peligroso[2]    

y, dentro de su escondite,   

nos mataría a los dos

por separado, allí dentro;

 75.-pero sí de tres en tres   

pueden enfrentarse a él

y, también, de dos en dos;

una soga de tres cabos

no se rompe fácilmente                        

y dos jóvenes leones

pueden vencer a un adulto;

amigo, juntos los dos,

lo vamos a conseguir.

(Faltan unas 8 líneas

85.- Abrió Jumbaba la boca

y le dijo a Gilgamés:

Gilgamés, solo los tontos 

hacen caso del consejo 

de idiotas y mentecatos.

¿A qué has venido hasta aquí?;

ven, Enquido, hasta mí,

tú, cabeza de sardina

que no conoce a su padre,

cruce de ranas de lago

y pantano, a quien ninguna

madre nunca amamantó;

ya te observaba yo, entonces,

cuando eras un muchacho

y te dejé escapar;

90.- la poca carne que tienes

tampoco hubiera servido

para llenar mi barriga.

 
Y ahora quieres arrastrarme

delante de Gilgamés

de manera traicionera   

y aquí estás ante mí,

Enquido, como un extraño

ser que no tiene entrañas;

yo le  voy a arrancar

la cabeza a Gilgamés,

le voy a cortar el cuello    

y su carne voy a echar 

a los halcones y buitres

y al águila culebrera. 

 
95.- Gilgamés abrió la boca

para hablar y dijo a Enquido:

amigo mío, repara

cómo ha cambiado su cara;

nosotros hemos osado,

de una manera valiente,

llegar hasta su escondite,

pero ahora mi corazón

va empezando a tener miedo;

corazón sobresaltado

no se calma de repente. 

 
Abrió Enquido la boca,

y le dijo a Gilgamés:

100.- amigo mío, ¿por qué, 

hablas como los cobardes?;

tan cansina era tu boca

que turbó mi corazón;

ahora, amigo, ya está

presto a levantarse el viento;

el cobre, en caldo, ya corre

al molde de fundición;

¿hace falta que esté el horno

ardiendo dos horas más,

habrá que esperar dos horas

más para que se enfríe?;

105.- para enviar el Diluvio

con el látigo hay que dar;

no des ningún paso atrás,

ante él no te acobardes,  

más bien golpea con fuerza,

fuerte como seas capaz.

(Faltan 10 líneas)         

Piensa en tu dios Lugalbanda.

120.- Ahora se te han hecho claros

los sueños que antes tuviste.

 
Y, siguiendo Gilgamés,

el consejo de su amigo,

arremetió contra él.

           
Y la novena pared

de roca se derrumbó

y los montes reventaron

y se cubrieron de polvo;

cual zarpazo de león

lanzó un golpe enfurecido   

y Enquido se abalanzó

como lo hace un guardián;

125.- agarraron a Jumbaba

en el interior del monte,

y en sus manos retuvieron

sus resplandecientes auras,

mientras que sus alaridos

el bosque entero llenaban.

 
Entonces aulló Jumbaba,

quejándose de su suerte:

los voy a lanzar al aire

hasta que den con el cielo;

130.- voy a golpear el suelo

hasta que caigan los dos

a las aguas del abismo;

hacia arriba los botó,

mas el cielo estaba lejos;

luego el suelo golpeó,

mas, allí estaba la roca.

 
Y sus talones se hundieron

en el suelo, y la tierra

reventó ante sus pies;

allí se movían los dos

en violentos remolinos   

y, luego, el monte Sirara

y el Líbano se abrieron     

y se partieron en dos

135.- y lo blanco de las nubes

se volvió negro, empezó

a lloviznar sobre ellos,

como una niebla, la muerte.

 
Samas soltó los potentes

temporales contra él,

contra Jumbaba, el guardián:

el  viento sur, el del norte,

el solano y el poniente, 

el viento del mal oraje,

el viento de la ventisca,

el huracanado viento,

el viento de la tormenta,

el viento del remolino,

140.- el de la peste y la escarcha,

 el de la nieve y el viento

de la arena del desierto.

           
Soplaron los trece vientos

y oscurecieron la cara

de Jumbaba; no podía                                   

embestir hacia delante,

ni podía retroceder; 

y así fue que Gilgamés

le dio alcance con sus armas.

 
Suplicando por su vida,

habló a Gilgamés Jumbaba:

145.- eres joven, Gilgamés,

apenas te parió tu madre,

pues eres, verdaderamente,

hijo de Ninsún, la Vaca;

por mandato del dios Samas

has allanado mi selva,

retoño eres del centro

de Uruc, rey Gilgamés.   

 
Gilgamés, siempre se ha dicho:   

ningún muerto puede ya  

ser de provecho a su amo,      

150.- mas si conserva la vida

un sirviente sí podrá

rendir para su señor;

Gilgamés, salva mi vida,

conviértete en mi señor

aquí,  donde siempre estoy;

para ti quiero vivir     

en el Monte de los Cedros;                 

yo guardaré para ti    

los árboles que tú quieras,

guardaré para ti mirtos,

y los cedros y cipreses,

155.- los árboles prominentes,        

orgullo de tu palacio.

 
Pero Enquido abrió la boca

y le dijo a Gilgamés:

no escuches, amigo mío,

las palabras de Jumbaba;

su gemido es engañoso

y su discurso, mentiras.

(Faltan 15 líneas)    

Abrió la boca Jumbaba

para hablar y dijo a Enquido:

175.- tú conoces bien las reglas

que rigen en este bosque,

las viejas leyes, también

como hay que comportarse.

 
Ya te pude yo atrapar   

y colgarte de algún árbol

en la orilla de esta selva

y tu cuerpo pude echar

a los halcones y buitres

y al águila culebrera;

mas, ahora, depende, Enquido,

de ti que sea liberado;

180.- anda, dile a Gilgamés

que me perdone la vida.

 
Abrió Enquido la boca   

y le dijo a Gilgamés:

amigo mío, Jumbaba,

el que vigila la selva:

mátalo a cuchilladas

y quítale su poder;

Jumbaba, el que vigila

en el Monte de los Cedros:

mátalo, mátalo ya,

golpéalo hasta la muerte,

y quítale su poder

185.- antes de que el dios Enlil,

el primero entre los dioses,

sepa nuestras intenciones.

 

Los dioses más importantes

se van a encolerizar

por lo que estamos haciendo:

el dios Enlil en Nipur   

y el dios Samas en Larsa;

gana para siempre un nombre,

una fama que perdure:

¡cómo golpeó Gilgamés

hasta la muerte a Jumbaba!

 

190.- Y Jumbaba que escuchaba

lo que le decía Enquido,

levantó su gran cabeza  

y, gritando hacia el cielo,

los maldijo amargamente.

 

(Faltan 40 líneas)      

 

Abrió Jumbaba la boca

para hablar y dijo a Enquido:

tú que naciste en la estepa,

236.- tú te sientas ante él,

como el pastor de un rebaño;

como un asalariado

sus órdenes obedeces,

mas ahora depende, Enquido,

de ti que sea liberado;

anda, dile a Gilgamés

que me perdone la vida.

 

240.- Abrió Enquido la boca

y le dijo a Gilgamés:

amigo mío, Jumbaba,

el que vigila la selva:

mátalo a cuchilladas

y quítale su poder;

Jumbaba, el que vigila

en el Monte de los Cedros:

mátalo, mátalo ya,

golpéalo hasta la muerte

y quítale su poder

antes de que el dios Enlil,

el primero entre los dioses,

sepa nuestras intenciones.

 

Los dioses más importantes

se van a encolerizar

por lo que estamos haciendo:

el dios Enlil en Nipur    

y el dios Samas en Larsa;

gánate por siempre un nombre,

una fama que perdure:

245.- ¡cómo golpeó Gilgamés

hasta la muerte a Jumbaba!

 

Y Jumbaba, que escuchó

lo que decía Enquido,

levantando su cabeza

y gritando hacia el cielo, 

los maldijo amargamente

 

(Faltan 7 líneas)  

 

Que sufran padecimientos

255.- estos dos, que sus amigos

se avergüencen de ellos,

que no lleguen a ser viejos,

que no entierre nadie a Enquido,

si no es Gilgamés, su amigo.

Abrió la boca Enquido

y le dijo a Gilgamés:

amigo mío, te hablo,

pero tú ya no me escuchas;

260.- hasta tanto no detengas

las maldiciones que arroja,

va a continuar Jumbaba

echándolas por su boca.

 

Escuchaba Gilgamés

las palabras de su amigo

y echó mano al cuchillo

que llevaba a la cintura    

y Gilgamés lo clavó

en la nuca de Jumbaba;

265.- lo iba azuzando Enquido,

mientras le sacaba él

el hígado a cuchilladas;

no se soltó de Jumbaba

y cogió, de su cabeza,           

los colmillos de trofeo.

 

La lluvia caía copiosa

y con fuerza sobre el monte;

su sangre caía copiosa

y con fuerza sobre el monte.

 

El guardián de aquellos montes

se tambaleó y cayó;

y los barrancos del monte

se llenaron con su sangre.

Jumbaba, que era el guardián,

había caído al suelo;

en leguas a la redonda

se oían sus alaridos.

 

Y con él mató al Maligno,

al demonio que odia Samas;

.................

él liberó las montañas;

al demonio muerte dio,

al vigilante del monte

a cuyo aullido se abrieron

el Líbano y el Sirara.

 

Tan pronto como rompió

las siete auras radiantes

que Jumbaba tenía puestas,

bajó a andar por el monte   

y descubrió la morada

más secreta de los dioses.[3]

                 

 291.- Gilgamés cortaba cedros

y Enquido constantemente

elegía los mejores.

 

Abrió la boca Enquido    

y le dijo a Gilgamés:

amigo, hemos cortado

los cedros de mayor porte,

los cedros con una copa

que se elevaban al cielo;

  295.- de ellos haré una puerta

de sesenta codos de alta,

de veinte codos de ancha

y de un codo de grosor;

sus jambas y sus dinteles,

tanto los que van arriba,

como los que abajo van,

serán de una sola pieza;

que la lleve el Éufrates

a la ciudad de Nipur;  

que la gente de Nipur

salte de alegría al verla;

 

(Falta una línea)

 

  300.- Armaron, luego, una balsa    

y la cargaron de cedros;

guiaba la balsa Enquido

y llevaba Gilgamés

la cabeza de Jumbaba.

Y así, dejaron llevarse,

río abajo, hacia Uruc.

*************

                                   Lavó su pelo enmarañado ….
                                                                                                                                                 Tablilla V. El que vio lo más profundo ...........
                 …………………………….   

Notas:                 
[1] Ver nota final G. [2] Tabl. paleobabilónica de Sadupo [3] Tabl. paleobabilónica de Iscali (Bauer).

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       Ir a Tablilla VI,  Notas Finales,  Relatos SumeriosGilgamés,  Portal de Entrada

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