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Gilgamés
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La Epopeya de Gilgamés
Introducción a la Epopeya
Tablilla I
Tablilla II
Tablilla III
Tablilla IV
Tablilla V
Tablilla VI
Tablilla VII
Tablilla VIII
Tablilla IX
Tablilla X
Tablilla XI
Tablilla XII
Notas Finales
Los relatos sumerios
Gilgamés y Aga de Quis
Gilgamés y Jumbaba
Gilgamés y el Toro del Cielo
Gilgamés y el Submundo
La Muerte de Gilgamés
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...............................................................................................................................................................................

Cuando llevaban los dos

veinte leguas de camino

a partir el pan[1] pararon;

cuando hicieron treinta leguas 

plantaron el campamento;

cincuenta leguas hicieron

en el transcurso de un día;

en tres días recorrían

lo que se anda en mes y medio.

Ya se iban acercando

al pie del Monte Líbano.

 
 5.- A la caída del sol

cavaron un pozo, echaron

en sus odres agua fresca;

Gilgamés subió a la cumbre

y esparció harina olorosa[2]

como ofrenda a la montaña:

oh montaña, envíame

un sueño que pueda ver

como una buena señal.

 
10.- Enquido le construyó

a Gilgamés una choza

para el dios del sueño; luego

la cerró con una puerta

para que quedara fuera

la intemperie y trazó

un círculo alrededor

y ordenó a Gilgamés

que en ella se acostara;

él mismo se echó en la puerta,

boca abajo, cual cebada 

que se ha tendido en el campo.

 
Gilgamés se acurrucó,

la barbilla en las rodillas,

15.- y el sueño que se derrama

sobre los hombres cayó

sobre él; a media noche

terminó ya de dormir;

se levantó y, luego, dijo

a su amigo: amigo mío,

¿eras tú el que me ha llamado,

eras tú el que me ha tocado?

¿por qué estoy tan asustado?

 20.-¿ha sido, quizás, un dios     

el que ha pasado ante a mí?

¿por qué tengo, amigo mío,

todo el cuerpo agarrotado?     

He tenido, amigo, un sueño.

 
El sueño que he tenido

era todo confusión:

subíamos, por un barranco,

la cima de una montaña,

cuando una pared de roca

se desprendió hacia nosotros;

25.- nosotros, volando, huimos,

como huyen los mosquitos,

de entre los juncos, volando.

 
El que había nacido

en tierras del altiplano

bien le supo aconsejar;

Enquido le habló a su amigo

y aquel sueño le explicó:  

tu sueño, amigo mío,

es un presagio muy bueno,

es importante tu sueño;

nos predice solamente

30.- cosas muy buenas. Amigo,

la montaña que veías

era el Maligno Jumbaba;

nosotros lo atraparemos;

mataremos a Jumbaba,

y arrojaremos su cuerpo,

lejos, en el campo abierto.    

 
Y a la mañana siguiente   

veremos una señal

muy propicia del dios Samas.

 
  35.- Cuando llevaban los dos

veinte leguas de camino,

a partir el pan pararon;

cuando hicieron treinta leguas 

plantaron el campamento;

cincuenta leguas hicieron 

en el transcurso de un día;

en tres días recorrían[3]

lo que se anda en mes y medio.

Se iban acercando más

al pie del Monte Líbano.

 
A la caída del sol 

cavaron un pozo, echaron

en sus odres agua fresca.

40.- Gilgamés subió a la cumbre  

y esparció harina tostada

como ofrenda a la montaña:

montaña, envíame un sueño      

que yo pueda percibir

como una buena señal.

 
Enquido le construyó

a Gilgamés una choza

para el dios del sueño; luego,

la  cerró con una puerta

para que quedara fuera

45.- la intemperie y trazó

un círculo alrededor

y ordenó a Gilgamés

que en ella se acostara;

él mismo se echó en la puerta,

boca abajo, cual cebada

que se ha tendido en el campo.

 
Gilgamés se acurrucó,

la barbilla en las rodillas,

y el sueño que se derrama

sobre los hombres cayó

sobre él; a media noche

terminó ya de dormir;

50.- se levantó, habló a su amigo:

amigo mío, amigo,

¿eras tú el que me ha llamado?

¿eras tú el que me ha tocado?

¿por qué estoy tan asustado?

¿ha sido, quizás, un dios

el que ha pasado ante mí?

¿por qué tengo, amigo mío,

todo el cuerpo agarrotado?

Amigo, he tenido un sueño.

 
55.- El sueño que he tenido

era todo confusión;

en mi sueño, amigo mío,

se derrumbó una montaña;

me tiró al suelo, caí

de pie en un cenagal

y no podía salir;

se llenó, después, el día

de claridad cegadora,

y, luego, apareció un hombre;

era el más impresionante

en todo el territorio,

de belleza sin igual;

él me dio su protección

a salvo de la montaña    

y me dio de beber agua;

mi corazón intranquilo

se calmó de esa manera;

después me tomó y me puso

otra vez, en tierra firme.

 
El que había nacido

en las silvestres estepas,

entendió el significado;

Enquido le habló a su amigo       

y el sueño le explicó:

amigo mío, amigo,

el sueño que has tenido

es un presagio muy bueno,

es importante; nos dice

solamente cosas buenas;

amigo, iremos al monte   

donde tiene la morada,

de los cedros, el guardián;

él nos será muy hostil;

él es el Malo Jumbaba,

pero allí, en la montaña

que veías, no hay nada

que nos vaya a ser adverso.

¡Venga, supera ese miedo

que te atenaza ante él!    

 
Se nos aparecerá

con sus auras relucientes,

verás con tus propios ojos

el cadáver del Maligno;

contigo .....

....deprisa ...........

y de ello me alegré[4].

 
78.- Y a la mañana siguiente

vamos a ver, del dios Samas,

una propicia señal. 

 
Cuando llevaban los dos

veinte leguas de camino, 

a partir el pan pararon;

80.- cuando hicieron treinta leguas

plantaron el campamento;

cincuenta leguas hicieron

en el transcurso de un día;

en tres días recorrían

lo que se anda en mes y medio.

Cada vez más se acercaban

al pie del Monte Líbano.

 
A la caída del sol

cavaron un pozo, echaron

en sus odres agua fresca.

85.- Gilgamés subió a la cumbre   

y esparció olorosa harina

como ofrenda a la montaña:

montaña, envíame un sueño

que yo pueda percibir

como una buena señal.    

 
Enquido le construyó

a Gilgamés una choza

para el dios del sueño; luego,

la cerró con una puerta

para que quedara fuera

la intemperie y trazó

un círculo alrededor 

y ordenó a Gilgamés

que en ella se acostara;

90.- él mismo se echó en la puerta,

boca abajo, cual cebada

que se ha tenido en el campo.

 
Gilgamés se acurrucó,

la barbilla en las rodillas,

y el sueño que se derrama

sobre los hombres cayó

sobre él; a media noche

terminó ya de dormir;

95.- se levantó y le habló

a su amigo: amigo mío,

¿eras tú el que me ha tocado?

¿por qué estoy tan asustado?

¿ha sido, quizás, un dios

el que pasó junto a mí?

¿por qué tengo, amigo mío, 

todo el cuerpo agarrotado?

He tenido el tercer sueño:   

 
100.- El sueño que he tenido

era todo confusión;

rugían los altos cielos    

y la tierra retumbaba,

el día se oscurecía,

las tinieblas empezaron

a descender sobre el suelo;

un relámpago cruzó 

y todo comenzó a arder;

las llamaradas corrían

quemando a su paso todo;

estaba lloviendo muerte;

105.- de pronto se apagó el fuego,

las llamas fueron ahogadas    

y las brasas, por doquier,

se cambiaron en ceniza. 

 
Tú has nacido en tierras altas,

me tienes que aconsejar.

 
Una vez que hubo escuchado

las palabras de su amigo,

supo dar consejo Enquido

y le dijo a Gilgamés:

el sueño, amigo mío,

es una buena señal,

su embajada es importante;

nos acercamos, amigo,

al monte cada vez más;

los sueños van a ser muchos;

pronto llegará el combate. 

 
Tú vas a ver los radiantes

resplandores de aquel dios,

de Jumbaba, al que tú temes

en lo hondo de tu ser;

arquearás tu cabeza

como un toro, obligarás,

con tu fuerza y valentía,

a que incline su testuz;

el hombre viejo que has visto

es un dios muy poderoso,

él es tu padre querido,

el divino Lugalbanda.[5]

 
Y a la mañana siguiente

veremos una señal

propicia del gran dios Samas.

 
120.- Cuando llevaban los dos

veinte leguas de camino,

a partir el pan pararon,

cuando llevaban las treinta

plantaron el  campamento;

cincuenta leguas hicieron

en el transcurso de un día;

en tres días avanzaban

lo que se anda en mes y medio.

Cada vez más se acercaban

al pie del Monte Líbano.

 
125.- Cuando caía la tarde

cavaron un pozo, echaron

en sus odres agua fresca.

Gilgamés subió a la cima

y esparció harina olorosa

como ofrenda a la montaña:

oh montaña, dame un sueño

que yo pueda percibir

como una buena señal.

 
130.- Enquido le construyó

a Gilgamés una choza

para el dios del sueño; luego,

la cerró con una puerta

para que quedara fuera

la intemperie y trazó

un círculo alrededor,

y le mandó a Gilgamés

que en ella se acostara;

él mismo se echó en la puerta,

boca abajo, cual cebada

que se ha tendido en el campo.

 
Gilgamés se acurrucó,

la barbilla en las rodillas,

135.- y el sueño que se derrama

sobre los hombres cayó

sobre él; a media noche 

terminó ya de dormir;

se levantó, habló a su amigo:

amigo mío, amigo,

¿eras tú el que me ha llamado?

¿por qué me he despertado?

¿eras tú el que me ha tocado?

¿por qué estoy tan asustado?

140.- ¿ha sido, quizás, un dios

el que ha pasado ante a mí?

¿por qué tengo, amigo mío, 

todo el cuerpo agarrotado?

He tenido, amigo, un sueño;

el sueño que he tenido

era todo confusión;

veía en el cielo a Anzo[6],

que ascendía como nube     

y volaba, dando vueltas

por encima de nosotros;

era la imagen exacta

del horror y daba miedo;    

echaba su  hocico fuego,

su aliento era la muerte.

 
Pero allí estaba, también,

un hombre de rara faz;

apareció de repente

y allí estaba en mi sueño;

él le ató, luego, las alas,

a mí me cogió del brazo

y me puso lejos de él;

el hombre agarró a Anzo  

y ante mí lo tiró al suelo;  

luego desapareció el hombre

y yo estaba sobre Anzo.

 
Una vez que Enquido oyó

las palabras de su amigo,

supo Enquido dar consejo

y le habló a Gilgamés:

155.- tu sueño es de buen augurio,

importante es su mensaje;

veías en el cielo a Anzo,

que ascendía como nube

y volaba dando vueltas

por encima de nosotros;

era la imagen exacta

del horror y daba miedo;

echaba su hocico fuego,

era la muerte su aliento. 

 
Tú vas a sentir temor

de su horrendo resplandor;

yo sujetaré su pata,

para que tú te levantes;

el hombre que allí veías

era el poderoso Samas;

allí Jumbaba, cual dios,

intentará darnos miedo,

pero nosotros, valientes,

antes de que amanezca

entraremos en el monte

y atraparemos a Anzo;  

lo venceremos allí    

y le ataremos sus alas;

lo abandonará su fuerza

y sobre él nos echaremos. [7] 
                       

162.-Y a la mañana siguiente

veremos del Sol, el dios,

un propicia señal.

 
Cuando llevaban los dos

veinte leguas de camino,

a partir el pan pararon;

cuando hicieran treinta leguas

plantaron el campamento;

165.- cincuenta leguas hicieron

en el transcurso de un día;

en tres días avanzaban

lo que se anda en mes y medio.

Ya se iban acercando

al Monte Líbano, más.

 
A la caída del sol

cavaron un pozo, echaron

en sus odres agua fresca.

Gilgamés subió a la cumbre

y esparció harina tostada

como ofrenda a la montaña:

170.- oh montaña, envíame

un sueño que pueda ver

como una señal propicia.         

 
Enquido le construyó

a Gilgamés una choza

para el dios del sueño; luego,

la cerró con una puerta

para que se guareciera

de la intemperie; y trazó

un círculo alrededor,

y le mandó a Gilgamés

que se acostara en ella;

él mismo se echó en la puerta,

boca abajo, cual cebada 

que en el campo está tendida.

175.- Gilgamés se acurrucó,

la barbilla en las rodillas,

y el sueño que se derrama

sobre los hombres cayó

sobre él; a media noche,

terminó ya de dormir;

se levantó, habló a su amigo:

amigo mío, amigo,

¿eras tú el que me ha llamado?

¿por qué me he despertado?

180.- ¿eras tú el que me ha tocado?

¿por qué estoy tan asustado?

¿ha sido, quizás, un dios

el que ha pasado ante a mí?

¿por qué tengo, amigo mío,

todo el cuerpo agarrotado?

He tenido, amigo, un sueño:

 
El sueño que he tenido

era todo confusión;

parecía ser el destino,

amenazante y oscuro;

con un búfalo luchaba;

sus bufidos desgarraban

la tierra ante nosotros;

las grandes nubes de polvo

que levantaba, llegaban

hasta lo alto del cielo

y yo, la rodilla en tierra,

a sus cuernos me agarraba;

luego, un hombre apareció

de un bellísimo semblante;  

se apareció en mis sueños

y me cogió de la mano
...............
con sus brazos abrazó

mi cuerpo y lo levantó

por los aires desde el suelo;

él se presentó en mis sueños,
.....................
mis ..............................

y me dio agua de su bota.


Después de haber escuchado

las palabras de su amigo,

Enquido supo entender,

del sueño, el significado

y le habló a Gilgamés:

tu sueño, amigo mío,

un presagio bueno es,

su embajada es importante;

el Malo contra el que vamos

no era el búfalo salvaje,

sino algo muy distinto;

el búfalo que veías

era el reluciente Samas;

si el peligro acechara,

nos tomará de la mano

y, lejos, nos guiará;

el que te dio de beber

de su bota era tu padre,

el divino Lugalbanda

que te tiene en mucho aprecio;

 uniremos nuestras fuerzas

y haremos algo asombroso,

una hazaña que aún

nadie pudo realizar

en el territorio nuestro.[8]


Y a la mañana siguiente

veremos una señal

muy propicia del dios Sol.   


(Parece que aquí son atacados por leones, que logran matar. Ya en las inmediaciones 
 del bosque, Gilgamés tiene miedo y Enquido lo anima)

(Faltan 6 líneas)

190.- ¿Por qué estás llorando, amigo,   

por qué tus lágrimas corren,      

tú, retoño que ha brotado

del corazón de Uruc? 
 .............
ponte ahora y .............. 

Gilgamés, rey y retoño,

del centro de Uruc nacido,

ve a acabar con Jumbaba.

 
El dios Samas escuchaba

195.- lo que él decía y, al punto,

una voz bajó del cielo:

daos prisa, detenedlo,      

no debe volver Jumbaba

a encerrarse en su selva,   

ya no debe descender

a sus profundas entrañas,

no debe esconderse allí;

que no se ponga las siete

resplandecientes corazas;

debéis prenderlo y atarlo;

ahora lleva una puesta,

las otras seis no las lleva

todavía sobre sí.

 
200.- Reanudaron el camino

hacia el Monte de los Cedros;

como enfurecidos toros

rompieron hacia delante,   

para embestir, arqueados. 

 
Rugió por primera vez,

mas lleno de miedo estaba;

rugió el guardián de la selva,

como un trueno, una vez más;

205.- con grandes gritos aullaba,  

como el dios de las tormentas.

(Faltan 8 líneas)

Abrió la boca Enquido   

y le dijo a Gilgamés:      

215.- amigo mío, aquel

al que llegaremos

es algo distinto a todo;

Jumbaba, al que llegaremos 

es algo distinto a todo;

Gilgamés abrió su boca

y le dijo a Enquido: amigo

quiero matar a Jumbaba

(Faltan 10 líneas)

230.- no hemos bajado aún

a las entrañas del bosque,

y tengo mis brazos ya

del todo paralizados.

Gilgamés abrió la boca

para hablar y dijo a Enquido:

amigo mío, ¿por qué    

hablamos como cobardes?,

¿no hemos atravesado 

una y otra vez los montes,   

235.- no está, por fin, nuestra meta  

delante de nuestros ojos?;

antes que nos retiremos

tenemos que conseguir

la victoria, amigo mío;                      

aquel que tiene experiencia

en el combate, aquel

que es experto en la batalla

conseguirá la victoria;                                               

has tenido siempre

las armas enarboladas;

por eso no deberás    

temer nada ahora tampoco;

 
 240.-Ruge a plena garganta,

como un brujo en el desierto

y cambia tu gesto adusto,

y que tu grito retumbe

como retumba un timbal;

levanta el ánimo, amigo,

para que desaparezca

la flaqueza de tus brazos,

la flaqueza en tus rodillas;

agárrate, amigo mío,

a mí y continuemos

como si fuéramos uno;

que pida tu corazón

que el combate llegue ya

245.- olvídate de la muerte

y busca, empero, la vida.


Un hombre prudente es         

el que va el primero, atento;

a sí mismo se protege

y a su compañero salva;

ellos se forjan un nombre

para el futuro lejano.

 
Así alcanzaron juntos,     

por fin, al lejano monte;

250.- dieron fin a sus palabras

y allí se quedaron quietos.

* * * * * * * * * *
                                                      Allí se quedaron quietos …….

                                                     ……………………………………
   
                                                                                   Tablilla IV. El que vio lo más profundo ….

Notas:
[1]  Partir el pan era sinónimo de comer. Esta expresión  todavía se usaba en tiempos de Jesucristo (después de la resurrección  los discípulos lo reconocieron al partir el pan.) [2]  Ver Nota final E.[3] La distancia de Uruc al Líbano es de 1.620 Km., aproximadamente, que sería la que recorrieron los dos héroes en los seis días de camino.  [4] Tablilla mediobabilónica de Hatusa, capital del reino hitita.[5] Tablilla paleobabilónica de Nipur.[6]  Ver nota final F.[7] Tablilla paleobabilónica de Nipur[8] Tabl. paleobabilónica de Sadupo (Sadupum.).

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