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Gilgamés
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Tablilla X
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..........................................................................................................................................

Vuelve sano y salvo al muelle

de nuestra querida Uruc;

no confíes, Gilgamés,

en tu fuerza solamente;

observa detenidamente,

fíjate bien y, entonces,

golpea con fuerte golpe;

el que por delante va

a su compañero salva,

 5.- el que el camino conoce

da protección a su amigo. 

 
Que te preceda Enquido,

pues él conoce el camino

que va al Monte de los Cedros;

está probado en la lucha  

y es experto en el combate;

por su amigo estará en guardia,

protegerá al compañero;

10.- sano y salvo lo traerá,

de nuevo, Enquido a su hogar,

con sus mujeres amadas.

 
En esta nuestra asamblea

te hemos confiado al rey

para que tú lo protejas;

debes traerlo de vuelta

y reintegrarlo, otra vez,

a Uruc, entre nosotros.   

 
Gilgamés abrió la boca

para hablar y dijo a Enquido:

15.- ven, amigo mío, ven,

vamos al palacio excelso,

a rendirle pleitesía

a Ninsuna, la gran reina.

Ninsuna es sabia y prudente  

y muy entendida en todo;

nuestros pasos guiará

en la dirección correcta.

 
Se cogieron de la mano

20.- y Enquido y Gilgamés

fueron al palacio excelso

a rendirle pleitesía 

 
a la gran reina Ninsuna;

entró, entonces, Gilgamés

y, poniéndose ante ella,

a Ninsuna así le habló:

valeroso como soy,    

voy a ponerme en camino

25.- hacia Jumbaba; entraré

en encarnizada lucha

con algo desconocido;

voy a tomar un camino

que no conozco, por ello,

dadme vuestra bendición

para mi viaje tan largo;

que vuelva a ver vuestro rostro;

30.- que retorne sano y salvo

y alegre de corazón,

por la gran puerta de Uruc.

 
Al volver, celebraré

la fiesta del Año Nuevo

dos veces; la fiesta, al año,

dos veces celebraré;

que llegue a tener lugar

la celebración, que se oigan,

fuertes, los gritos de fiesta  

y en la presencia de vos  

que redoblen los tambores.

 
35.- La Gran Vaca Ninsuna,

durante rato escuchó,

con mucha y con honda pena,

las palabras de su hijo,

de Gilgamés y de Enquido;  

siete veces pasó al cuarto

del lavatorio y, siete,  

se lavó con tamarisco

y con hierba jabonera;

se vistió con  ropa fina

para su cuerpo adornar  

40.- y eligió un bello collar 

para adornar su pechera;

se colocó la corona

y se puso una diadema,

y las hijas del amor

hacia el suelo se inclinaban.

 
Comenzó a subir escaleras

y subió hasta la terraza,

hasta la alta azotea;

45.- ante Samas hizo arder    

el incienso en un brasero;

con el humeante incienso,   

suplicantes, elevó

sus manos hacia el dios Sol:

¿por qué  has dotado a mi hijo

de un corazón tan inquieto?

Sí, tú has llegado hasta él

y lo has llevado a emprender

el largo camino al monte

en donde vive Jumbaba;  

lo has llevado a acometer

una lucha con lo ignoto,

50.- a recorrer un camino

para él  desconocido.

 
Mientras  que dure su viaje

de ida y de regreso,

hasta que logre llegar

al gran Monte de los Cedros,

hasta que haya derribado

a Jumbaba, el salvaje,

y hasta que haya echado

de este mundo al Maligno,

al que odias tanto tú,

55.- que Aya, tu esposa amada,

te recuerde cada día,

en los que vas caminando

alrededor de la tierra:

 
Concede la protección

de los guardias de la noche;

desde que salga  el lucero

 hasta que desaparezca

la estrella de la mañana;

(Tres líneas en muy mal estado)        

tú abres, Samas, las puertas

para que salga el ganado;

te muestras a los países

 para que crezcan las plantas

y pasten los animales; 

65.- con tu luz las tierras altas

configuran su contorno;

los cielos se vuelven claros;

los animales del campo

celebran tu resplandor.

(Faltan dos líneas)

Cuando se muestra tu luz,

se reúnen las personas;

la asamblea de los dioses

espera a que aparezca

tu resplandeciente ser.            

 
Que Aya, tu esposa amada,

te recuerde  sin temor:

  75.- concede la protección

de los guardas de la noche,

(Siguen 5 líneas mal conservadas)

durante el tiempo que esté

en camino Gilgamés

hacia el Monte de los Cedros;  

que sean los días largos,

que sean cortas las noches;

que su cíngulo esté

bien ceñido a sus riñones,

que sus pasos sean seguros;

y, cuando la noche llegue,

que instalen el campamento;

85.- que sea reparador

su sueño cuando, de noche,

se echen a descansar.


Que Aya, tu esposa amada,

te recuerde sin temor:

cuando Gilgamés y Enquido

se enfrenten a Jumbaba,

oh Samas, que se desaten

los vientos de temporal:

el  viento sur, el del norte,

el solano y el poniente, 

el viento del mal oraje,

el viento de la ventisca,

90.- el huracanado viento,

el viento de la tormenta,

el viento del remolino,

el de la peste, y la escarcha,

el de la nieve, y el viento

de la arena del desierto.

           
Que se levanten los trece

vientos, y que se ensombrezca

la faz de Jumbaba, el Malo,

que el arma de Gilgamés

dé con Jumbaba en el suelo;

cuando tu rojizo fuego

se haya desparramado:

95.- vuelve tu rostro, oh Sol,

a aquellos que te imploran.

 
Que te lleven en volandas

las mulas de pies ligeros;

que tengas, después del día,

asiento reparador

y cama para la noche;

que los dioses, tus hermanos,

te sirvan buena comida

para tu mejor contento;

que Aya, tu esposa amada,

te limpie el sudor de la frente

con la orilla del vestido.

 
100.- Por segunda vez Ninsuna,

la Gran Vaca, elevó

su oración al dios Samas:

oh Samas, ¿es que no va

a sentarse Gilgamés

en el cielo con los dioses?

¿por qué no va a compartir

el cielo en tu presencia?

¿es que no va a ser él sabio

como, también, lo es Ea,

cuando esté en el océano

de las aguas más profundas?

105.- ¿por qué no va a reinar,

con Irnina, en el reino

de los de negra cabeza?[1]

¿no va a estar, con Ningiscida,

en el País Sin Retorno? 

 
Haz que llegue sano, oh Sol,

al final de su camino,

que no tenga contratiempo

en el Monte de los Cedros;

que los dioses de los cielos,

que tienen su trono allí,

protejan a Gilgamés

hasta que mate a Jumbaba   

y corte el cedro mayor

para una puerta en Nipur.

 (Siguen varias líneas mal conservadas)

  116.- Cuando terminó Ninsún,

al dios Samas, de implorar,

Ninsún, la Vaca Salvaje,

que era sabia y prudente

y que entendía de todo,

la madre de Gilgamés,

bajó sus manos alzadas,

apagó, luego, el brasero 

y bajó de la terraza.   

 
120.- Llamando a Enquido ante sí,   

le confió su voluntad:  

valeroso Enquido, tú

no has salido de mi vientre,

sin embargo, desde ahora,

pertenecerá tu estirpe

a la de aquellos que están

a Gilgamés dedicados:

a las esposas sagradas,

a la de las mujeres santas,

y a las hijas del placer;  

yo te pongo, Enquido mío,

la marca de la obediencia,

que es mi insignia, en tu cuello. 

 
125.- Te acogerán las esposas  

como a un ser abandonado  

y las hijas de los dioses       

como a un necesitado   

oh Enquido, hijo mío,

te confío a Gilgamés;

él a ti  te elegirá

entre todos los que tienen

su vida a él dedicada.

 
Y también le recordó:

131.- mientras que estéis en camino

hacia el Monte de los Cedros,

que los días sean largos,

que sean cortas las noches    

y que estén vuestras cinturas

bien ceñidas, y que sea

vuestro caminar seguro;

y cuando llegue la noche,

que plantéis el campamento,

que los guardias de la noche

os concedan protección,

que sea reparador

el sueño cuando, de noche,

os echéis a descansar. 

 
Enquido le respondió

a la Gran Vaca Ninsuna:

mi hermano es Gilgamés   

y yo lo protegeré;

hasta donde quiera ir

su corazón, iré yo;

prometo no abandonarle,  

hasta que esté, de su viaje,

de vuelta en mi compañía;

yo lo voy a acompañar

hasta el Monte de los Cedros   

y, aunque un año durase,   

nunca lo abandonaré;   

mi amigo es Gilgamés;

su amigo lo guiará

hasta que llegue a la entrada

del gran Monte de los Cedros,

donde reside Jumbaba.

 
Enquido, en el templo excelso

hizo ofrendas al dios Samas

y a la princesa Istar.

Gilgamés en el palacio

quemó incienso y enebro

a Lugalbanda, su dios;

los servidores reales

estaban allí presentes   

y la bendición le daban;   

los primeros de entre ellos

impartían los consejos,

la despedida le daban
.........   ...........   ......

Por decisión del dios Samas

alcanzaréis vuestra meta,

lo que os habéis propuesto;

en la puerta de Marduc

quemaremos el incienso

y sobre el pecho del agua

os recordará el barquero
...............

La espalda............

en la orilla

del Monte de los Cedros

No.................

Gilgamés.............y Enquido .

 
Después de andar veinte leguas

deberéis cocer el pan.

(Faltan 30 líneas)

Gilgamés abrió la boca

y dijo a sus oficiales:

202.- durante los días que dure

nuestro viaje de ida y vuelta,

hasta que hayamos llegado

al gran Monte de los Cedros,

hasta que hayamos matado

a Jumbaba, el salvaje,

hasta que hayamos echado

fuera del mundo al Maligno,

al que odia tanto Samas, 
 ..........      ............     ...
Los que sirven en palacio

no deberán reunir

a jóvenes en la calle;

debéis impartir justicia

en asuntos de los pobres,

indagad  prontos las causas

contra aquel que ha delinquido,     

210.- en el tiempo que tardemos

en conseguir, como niños,

aquello que anhelamos

y hasta que estén nuestras armas

en la puerta de Jumbaba.

 
Los servidores reales

estaban allí, junto a ellos  

y les daban el adiós;     

los jóvenes de Uruc corrían

junto a ellos, en tropel,

los lacayos y oficiales

los pies les iban besando:

215.- vuelve sano y salvo al muelle

de Uruc – la de La Explanada-;

no confíes solamente

en tus fuerzas, Gilgamés;

observa detenidamente,

luego, golpea con fuerza;

el que por delante va

a su compañero salva,

el que conoce el camino

da protección a su amigo.

 
220.-Que Enquido vaya delante;    

él sabe el camino recto

que va al Monte de los Cedros;

él sabe qué es el combate

y está probado en la lucha;

ha cruzado muchas veces

collados en las montañas;

él velará por su amigo,

guardará a su compañero;

225.- te devolverá Enquido,

sano y salvo, a tu hogar,

con tus mujeres amadas;

en esta nuestra asamblea

te hemos confiado al rey;

tú lo deberás traer,

de regreso, ante nosotros.

 
Abrió la boca  Enquido

y le dijo a Gilgamés:

230.-amigo, piénsalo bien;

no hagamos este viaje.

(Faltan unas 10 líneas, hasta el final de la tablilla)    

Pero ya que lo has pensado,

que comience el viaje ahora;

ya no debes tener miedo,

vuelve tus ojos a mí;

yo conozco su escondite

en el monte y los senderos

por los que anda Jumbaba;

háblale a la muchedumbre

y que se vaya a sus casas.

 
Gilgamés abrió la boca

para hablar y dijo, luego,

a la gente reunida

en Uruc de la Explanada:

ningún muchacho de Uruc

deberá venir conmigo,

yo los confío a vosotros.

 
La gente volvía a sus casas

con  el corazón alegre,

después de haber escuchado

lo que dijo Gilgamés.

 
Los jóvenes proclamaron

un deseo para su viaje:

parte, Gilgamés, con suerte;  

que consigas lo que anhelas;

que te preceda tu dios;

que Samas, el dios, te ayude

a que consigas tu meta.

 
Y Enquido y Gilgamés

se pusieron en camino ….[2]

* * * * * * * * * * *
     
                                   Cuando llevaban los dos ....
               …………………………..

                                                                   Tablilla III. El que vio lo más profundo, ….

Notas: 
[1] Los sumerios se nombraban a sí mismos “cabezas negras”. [2] Tablilla paleobabilónica de Yale.

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