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Gilgamés
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La Epopeya de Gilgamés
Introducción a la Epopeya
Tablilla I
Tablilla II
Tablilla III
Tablilla IV
Tablilla V
Tablilla VI
Tablilla VII
Tablilla VIII
Tablilla IX
Tablilla X
Tablilla XI
Tablilla XII
Notas Finales
Los relatos sumerios
Gilgamés y Aga de Quis
Gilgamés y Jumbaba
Gilgamés y el Toro del Cielo
Gilgamés y el Submundo
La Muerte de Gilgamés
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El Diluvio sumerio
El dios Enqui/Ea
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Él,

el que vio lo más profundo,

los cimientos de la tierra,

el que conoció los mares,

sabedor de todo aquello

que se podía saber.

Gilgamés,

el que vio lo más profundo,

los cimientos de la tierra,

el que conoció los mares,

sabedor de todo aquello

que se podía saber. 

 
 5.- Vio los territorios todos,

los confines de la tierra;       

él fue el que aprendió de todo,

toda la sabiduría;

el que descubrió lo arcano

y desentrañó misterios;

el que nos trajo noticias

más antiguas que el Diluvio.

 
Regresó de un largo viaje

cansado, pero en paz

  10.- y, en una losa de piedra,

gravó sus tribulaciones,

sus gestas y sus fatigas;

él fue el que construyó,

de Uruc - El Redil- los muros

y los del templo E-Ana,

la casa santificada

donde se guarda el tesoro;

mira  los muros, trazados

como con cuerda de lana;

contrafuertes como nadie

se atrevió a levantar.

 
15.- Sube la escalera, hecha

en la noche de los tiempos,

que lleva al templo E-Ana[1],

casa de la diosa Istar,

obra que ya  ningún rey,

y tampoco ningún hombre  

supo después igualar;

sube arriba, a la muralla,

anda por el corredor

y toca  sus contrafuertes;

examina sus murallas:

20.- ¿no está la ladrillería

de adobes cocidos hecha?,

¿no pusieron los cimientos       

los Siete Sabios, allí? 

 
Tres mil seiscientos almudes

ocupan las construcciones;

tres mil seiscientos almudes

los huertos con sus palmeras;

tres mil seiscientos almudes

las balsas de los adobes;

mil ochocientos almudes

de terreno tiene el templo

de Istar, la diosa, el E-Ana;

doce mil seiscientos almudes,

de terreno, tiene Uruc.

 
Busca la piedra primera,

losa de la fundación,               

busca el arcón de madera,

de fino cobre forrado,

25.- corre el cerrojo de bronce

y abre la tapa que oculta

el secreto que él encierra;

toma en tus manos la losa

de piedra azul, lee en voz alta:

es de Gilgamés la historia,

de sus gestas y trabajos.

 
El más grande entre los reyes,

de una estatura perfecta,

30.- bravo retoño de Uruc,

toro salvaje, con cuerna

radiante, que a todo embiste;

si iba el primero, todo

el rebaño le  seguía

apiñado tras de él;

si se ponía al final,

le guardaba las espaldas;

era poderoso dique

detrás del que se refugian

las tropas que van con él,

era como una riada

que rompe muros de piedra.

 
35.- Así era Gilgamés,

el toro de Lugalbanda,

todo fuerza, amamantado          

por la Gran Vaca Ninsuna[2];

muy grande fue Gilgamés,

de gran porte y perfección;

abrió caminos y pasos

a través de las montañas;

cavó pozos en las tierras

al borde de las estepas  

40.- y cruzó los anchos mares  

hasta donde sale el sol. 

 
Él llegó, en su caminar,     

a los confines del mundo;     

iba buscando la vida              

y llegó hasta la morada

de Ut-Napista, el Lejano,

 gracias a su fortaleza;            

el que levantó de nuevo   

los lugares de los ritos

por el Diluvio arrasados,

el que volvió a enseñar 

los sagrados rituales

a los hombres en tinieblas.    

 
45.- ¿Quién se le iba a igualar?,

¿cómo, si no, iba a decir:

yo soy el rey, solamente?

 ya tenía reservado,            

desde el día en que nació,

el nombre de Gilgamés;

en dos tercios era un dios,

en un tercio un hombre era;

Belet-Ila[3] lo creó,               

madre de todos los dioses,   

50.- y contribuyó el dios Ea

a la forma de su cuerpo;

eran bellas sus facciones,

y era su fuerza inmensa;       

gallardo era su cuerpo,

que medía cinco metros;

55.- un metro de ancho sus  muslos

y medio metro su pie;

sus piernas tenían tres metros

y tenía su primer dedo

la mitad de medio metro;

velluda tenía la cara

y cual piedra azul brillaba  

en sus mejillas la barba,   

60.- los mechones de su pelo

le crecían fuertemente,

como cebada en el campo;

cuando se hizo mayor

fue de grandeza perfecta;

era, sin duda, el más bello

entre los seres terrestres;

se movía en Uruc

-se movía en El Redil-

como un verdadero toro,

empinada la cabeza

y exultante de fuerza;

65.- aún no ha nacido nadie

que en algo se le parezca 

cuando blandía sus armas. 

 
Las luchas que disputaba

mantenían todo el tiempo

de pie a sus compañeros;

acosaba a los muchachos

de Uruc, de Uruc -El Redil-

y los iba encizañando;

Gilgamés ya no dejaba

que se fuera ningún joven 

tranquilo a casa paterna;

cada día que pasaba

se hacía más insufrible

su amargo sometimiento.                  

70.- ¡El guía de una ciudad     

que está repleta de gente!,

¡y es el pastor de Uruc!     

Sin embargo, Gilgamés,

ya no dejaba a las hijas

que regresaran en paz 

a la casa de sus madres. 

 
Y las mujeres gritaron

ante los dioses su enfado

y presentaron sus quejas. 

 
75. Aunque era sabio y prudente,

Gilgamés llegó, en su poder

y dominio, a no dejar

salir a ninguna joven

en paz con su pretendiente;

oyó la queja la diosa:

la de la hija del guerrero,

la de la novia del joven,

y los dioses de los cielos,

los que lo dominan todo,

los que dirigen el curso

80.-del mundo, hablaron a Anón: 

 
Has soltado en Uruc,

has soltado en El Redil,

un toro que  a todo embiste;

no hay quien se le parezca

cuando enarbola sus armas

y las luchas que disputa

tienen a sus compañeros

todo el día sin descanso;

a los jóvenes de Uruc   

los acosa y encizaña                                                                                                                                                            85.-Gilgamés ya no deja irse

a ningún joven tranquilo

a la casa de su padre;

cada día y cada noche

se hace más insufrible            

su amargo sometimiento        

 
¡Y es el pastor de Uruc

-El Redil-; es Gilgamés     

el guía de una ciudad

que está repleta de gente!

90.- Sin embargo, aunque él es

su pastor y protector, 

no deja que las muchachas    

puedan pasear tranquilas,

en paz, con sus pretendientes.  

                                                                      
Escuchó Anón sus plegarias:

las de la hija del guerrero,

las de la novia del joven. 

 
Y, entonces, ellos llamaron

a la Gran Madre ante sí:

95.- tú, Arura, has creado

a los hombres; crea ahora

lo que Anón tiene dispuesto;            

haz que se manifieste

el valor en sus entrañas,

que rivalicen los dos

y que Uruc se quede en paz.      

 
Al oír esto, Arura

100.- ya hizo en su corazón

al que Anón había dispuesto;

luego se lavó las manos 

y tomó un poco de barro;

hizo una forma con él

y la tiró en el desierto;   

en el desierto creó

a Enquido, el valiente,

al retoño del silencio,

por Ninurta[4] endurecido.

 
 105.-Tenía el cuerpo cubierto

de pelo, y los mechones

caían sobre su espalda,

como los de una mujer;

fuerte le crecía el pelo, 

como cebada en el campo;

él no conocía gente,

ni conocía lugar.

 
Vestido como Sacán[5]

 110.-comía con las gacelas

en los pastos de la estepa,

bebía, en un cilanco,

agua con los animales

y con las bestias salvajes

se encenagaba en las charcas.                

 
Un cazador que ponía     

trampas, se topó con él

a la orilla del cilanco;

 115.-aquel día y el siguiente

y, también, el tercer día

se dio de bruces con él

en la orilla del cilanco;

cuando el trampero lo vio           

mudó el color de su cara;

él sin embargo se fue     

con la manada a su selva;

quedó el cazador de piedra,

preocupado y pensativo;

estaba muy intranquilo

y serio tenía el semblante;

 120.-en su estómago sentía

los pinchazos de la angustia;

su semblante parecía      

como la del caminante  

después de un largo camino; 

 
Finalmente abrió la boca

y le contó a su padre:

padre mío, me he topado

con un hombre en el cilanco,

el más fuerte del país; 

es increíble su fuerza;

125.- como una piedra del cielo

son sus músculos de duros;

en todo el día no cesa  

de caminar por los cerros;

va siempre con las gacelas,

con la manada salvaje

come hierba en la pradera;

encuentro continuamente

sus huellas junto al cilanco;

tengo mucho miedo, siempre,

de encontrármelo otra vez;  

130.- tapa los hoyos que hago,    

rompe las redes que tiendo,

me espanta los animales 

y no me deja cazar. 

 
Abrió la boca su padre 

y le dijo al cazador:

135.- hijo mío, tienes que ir

a la ciudad de Uruc

a verte con Gilgamés;                       

cuéntale lo que sabes

de la fuerza de ese hombre,              

que tiene músculos duros      

como las piedras del cielo;

parte y toma el camino

que va a la ciudad de Uruc;

no te fíes de la fuerza

de una persona sola;

140.- ve, hijo mío, hasta allí

y trae contigo a Sanjat,

una joven del placer,         

cuyo poder es igual   

al hombre más poderoso;

cuando la manada venga

y se aproxime al cilanco,

que deje caer su túnica

y le muestre sus encantos;

él se acercará al verla

145.- y, entonces, se espantará

la manada, de él querida,

con la que creció en la estepa.

 
El consejo de su padre

siguió, y partió el cazador;

tomó el camino de Uruc   

y llevó hasta Gilgamés,

el rey, estas sus quejas:  

 
150.- En la orilla del cilanco

me he topado con un hombre,

que es del país el más fuerte 

y su fuerza es increíble;         

sus músculos son tan duros

como las piedras del cielo. 

 
Anda siempre por los cerros,

todo el día con la manada,

pasta con ella en la hierba;

155.- encuentro, continuamente,  

sus huellas junto al cilanco;

tengo mucho miedo, siempre,

de encontrármelo otra vez;

me tapa los hoyos que hago

para la caza y me quita

los lazos que voy poniendo;

me espanta toda la caza

en las tierras de la estepa

160.- y no me deja cazar.

 
Gilgamés le dijo a él,

al trampero respondió:

vete, mi trampero, ve

y te llevas a Sanjat,

una joven del placer;  

cuando la manada asome  

y se acerque al cilanco,

que deje caer su túnica

y que su encanto le muestre;

165.- él se acercará al verla

y, entonces, se espantará

la manada, de él querida,

con la que creció en la estepa. 

 
El cazador y Sanjat,

la muchacha del placer,

se pusieron en camino

y emprendieron el viaje;

al tercer día de andar

alcanzaron su destino

170.- y el cazador y la joven

se sentaron en el suelo

y esperaron escondidos;

un día entero y un segundo 

estuvieron esperando;

cuando llegó el tercer día

la manada se acercó

al cilanco a beber agua. 

 
Los animales bebían,

disfrutaban en el agua   

y también lo hacía Enquido,

el que había nacido

en tierras del altiplano;

175.- comía con las gacelas

en la estepa, se metía 

con ellas en el cilanco,  

se revolcaba con ellas

en el cieno de las charcas.

Así lo vio, así vio

Sanjat al hombre salvaje,

a aquel hombre en ciernes,

al hijo de las estepas. 

         
180.- Míralo, Sanjat, es él:   

desnuda ahora tus pechos                    

ábrele, luego, tu vulva       

para que él sienta tu sexo;

ante él no retrocedas    

y déjalo sin aliento;      

luego extiende tu vestido  

para que él pueda montarte;

185.- dale a ese salvaje todo

lo que una mujer dar puede;

cuando su amor te aprisione

huirá de él su manada,    

con la que creció en la estepa.

 
Sanjat se quitó el vestido,

le abrió su vulva y él vio

el sexo de una mujer;

190.- ella no retrocedió ante él

y le quitó el sentido;              

extendió su vestidura

y él, luego, la montó;

ella le dio a aquel salvaje

todo lo que una mujer

puede dar y él comenzó

a agitarse sobre ella. 

 
Seis días y siete noches

se vio a Enquido en erección, 

se apareó con Sanjat;

195.- cuando su hambre de placer

se hubo saciado, buscó

con su mirada el rebaño;

las bestias vieron a Enquido

y emprendieron la huida;

las gacelas en el campo

se espantaron ya de él;

y fue así como Enquido

su cuerpo puro manchó;

200.-tenía Enquido sus piernas

como clavadas en tierra,

acostumbradas otrora                       

a correr con la manada.                                      

 
Se encontraba Enquido allí

sin fuerzas, ya no podía

corretear como antes,

sin embargo, y con ello,

poseyó conocimiento     

y creció su entendimiento;   

volvió y se echó a los pies

de la joven del placer;  

él observaba su rostro    

205.-   y lo que la joven dijo     

lo entendieron sus oídos

cuando Sanjat habló a Enquido:  

  
Tú, Enquido, eres guapo,

eres igual que un dios,  

¿por qué andas todo el día    

con las bestias por los montes?

Ven, que te voy a llevar 

a la ciudad de Uruc

-El Redil-,

  210.- ven conmigo al templo santo,

la casa de Anón e Istar,

allí donde Gilgamés,       

dotado de fuerza inmensa,

como un salvaje toro,

tiene siempre sometidos

a los jóvenes de Uruc         

 
Así le habló, y a él

le agradaron sus palabras;

en el fondo de su alma

iba buscando un amigo.

215.- Y Enquido contestó así

a la joven del placer:

ven, Sanjat, y llévame

contigo al templo sagrado,

la casa de Anón e Istar,

allí donde Gilgamés, 

dotado de fuerza inmensa,

como un salvaje toro,

somete continuamente

a los jóvenes de Uruc. 

 
220.- Yo lo retaré allí,

pues mi fuerza grande es,

ufano me pasearé

por Uruc e iré diciendo:

¡el más fuerte soy yo!

Cuando llegue, cambiaré   

el discurrir de las cosas;    

quien ha nacido en la estepa

tiene una fuerza increíble   

y grande es su poderío.

 
Que la gente vea tu rostro,

dijo Sanjat; yo sé donde

225.- encontrarlo; vente Enquido,

a Uruc, vente al Redil-,

donde los jóvenes ciñen

cíngulo en su cintura,

donde, casi cada día,

tiene lugar un festejo,

donde los tambores llevan

los compases de la danza

230.- y hay muchachas del placer   

de increíble belleza; 

adornadas de atractivo           

y de alegría a raudales              

y donde hasta el viejo sube

a la cama donde yacen.

 
Ay, Enquido, tú no sabes

casi nada de la vida;

te mostraré a Gilgamés,

un hombre que se deleita

rodeado de placeres;

235.- obsérvalo bien, y mira

con atención su semblante;

fuerza varonil rebosa,

de porte altanero es

y su cuerpo es seductor;

irradia fuerza imponente,

todavía más que tú;

ni de día ni de noche

se retira a descansar.   

 
240.- Pero no seas, Enquido,

atrevido; Gilgamés      

es el amado de Samas.

El dios Ea, Enlil y Anón  

procuran que él sepa más

que ninguno de nosotros;

incluso antes de que tú

llegaras al altiplano   

ya te veía Gilgamés

en sus sueños, en Uruc;

245.- se levantaba a contar

su sueño y decía a su madre:

 
Oh madre, éste es el sueño

que he tenido esta noche: las estrellas en lo alto

sobre mí estaban todas

y caían hacia mí

como pedazos de roca,

desde lo alto del cielo;

yo quise levantar una

pero era muy pesada;

250.- yo la quería apartar,   

intentando darle vueltas,

pero no pude moverla.

 
Todo Uruc la rodeó,    

todo el lugar se reunió

en corro a su alrededor;

la rodeó un gran gentío;

todos los hombres de Uruc,

los jóvenes y los viejos,

se agolpaban  junto a ella;

255.- todos la querían besar

como a un infante pequeño

como a esposa yo la quise,  

la tenía entre mis brazos

y la estuve acariciando;

al fin yo la alcé y la puse

a vuestros  pies y vos, madre,

la convertisteis en mi igual.

 
La madre de Gilgamés,

que era sabia y prudente   

y muy entendida en todo,

le respondió a su hijo;

260.- Ninsún -La Vaca Salvaje-

que era prudente y sabia   

y que entendía de todo,

le dijo a Gilgamés:

 
Las estrellas en el cielo

estaban todas sobre ti,

cuando una de ellas caía

hacia ti, como una roca,

desde lo alto del cielo; 

la querías levantar,

pero era muy pesada;

tú la quisiste apartar,

intentabas darle vueltas,

pero no podías moverla;

265.- tú la levantaste, al fin,

y la pusiste a mis pies;

yo, Ninsún, la convertí

en un semejante a ti. 

 
Como a esposa la querías,       

la tenías en tus brazos

y le hacías caricias:

un compañero valiente

viene de camino a ti;

será el que salve a su amigo;

él es el más poderoso

en todo el territorio;

una enorme fuerza tiene;

270.- sus músculos son tan duros

como las piedras del cielo;

como a esposa lo querrás   

y él será valeroso   

y será tu salvador

en cualquier dificultad.

 
Entonces tuvo otro sueño;

se levantó y fue a su madre,

la diosa, y Gilgamés

275.- le habló a su madre de nuevo: 

 
Oh madre, he tenido un sueño:

en una calle de Uruc

-la ciudad de La Explanada-

había tirada un hacha

y un gentío innumerable

se agolpaba  en torno a ella;

280.-todo el lugar se había

congregado junto a ella;

una muchedumbre ingente

estaba a su alrededor;

todos los hombres de Uruc,

los jóvenes y los viejos,

se agolpaban junto a ella;

levanté el hacha y la puse

ante vuestros pies, desnuda;

yo la amaba, y la tenía

cual esposa entre  mis brazos,  

285.- la acariciaba y vos, madre,

la convertisteis en mi igual.

 
La madre de Gilgamés

que era sabia y prudente   

y que entendía de todo,

así le habló a su hijo;

Ninsún -La Vaca Sagrada-

que era prudente y sabia   

y que de todo entendía,

así le habló a Gilgamés:

 
Hijo mío, hijo mío,

el hacha era un amigo;

lo querrás como a una esposa,

lo tendrás entre los brazos,

290.- lo acariciarás y yo,

Ninsún, lo convertiré

en un semejante a ti;

un compañero valiente

viene de camino a ti,

será el que salve a su amigo;

es el que más fuerza tiene

en todo el territorio,  

sus músculos son tan duros

como un pedazo de roca

de las que del cielo caen.

 
Gilgamés dijo a su madre:

295.- oh madre, que quiera Enlil

que llegue a mí un consejero,

que venga pronto un amigo

que me sepa aconsejar;

un amigo y consejero

es lo que deseo yo;

y esto es lo que vio,

en sus sueños, Gilgamés. 

 
Cuando Sanjat contó a Enquido

los sueños de Gilgamés,

300.- yacieron los dos, de nuevo.

 

* * * * * * * * * * * *

                                         Enquido estaba ante ella[6] ....                                                          …………..                                                                                                                                  

                       Tablilla
I. El que vio lo más profundo. Palacio de Asurbanipal, rey del  mundo,              q        que confía en Asur y en Ninlil.

                         ………………………………..

Notas:
[1]  Ver nota final A.[2]  Ver nota final B.[3]  Ver nota final C.[4]  Ninurta era el dios de la guerra.[5]  Con el cuerpo lleno de pelo, como Sacán, el dios de los animales.[6]  Ver nota final D.

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